Hace tiempo escribí un artículo sobre un texto que hoy me salta de nuevo con todo el asunto de “El Chapo”, Kate del Castillo, Sean Penn, las investigaciones, los contubernios, las cortinas de humo, las chapucerías y las alianzas extrañísimas que confabulan contra de la verdad. Lo resumo:

En 2005, Harry G. Frankfurt escribió un librito penetrante: On Bullshit., expresión, equivalente a engaño, triquiñuela, falsedad, tonterías… El traductor la vertió al español como “charlatanería”. Difiere de la mentira, de la cháchara. Frankfurt explica que la charlatanería es ausencia de interés por la verdad; indiferencia ante el modo de ser de las cosas; creación de falsificaciones de lo que el hablante es y del contexto sobre el que habla.

La charlatanería no es que quiera hacer pasar liebre por gato; es que tergiversa el modo de ser de la liebre y la hace parecer, además de gato, cualquier cosa que beneficie al hablante (al charlatán): camello, nube, intención de voto, habilidad…

El desarreglo es con el contexto. El charlatán suelta amarras del puerto de la no-convicción para llegar al puerto del relativismo. No es un mentiroso; sólo no le interesa la verdad ni la mentira: le interesa hacer muchas afirmaciones “sin prestar atención a nada que no sea el propio gusto al hablar…”.

(…) La charlatanería es algo más que “lograr representaciones precisas de un mundo común a todos”, es lograr “representaciones sinceras de sí mismo”. Es todo un arte el arreglar el contexto a mi antojo. Y morirme de risa de la verdad…

Desde los tiempos de “La Paca” no me acordaba de un hecho tan a propósito para ejercer la charlatanería. Arte en el que son especialistas nuestros políticos. Y los medios que les hacen coro.