Que si este fin de semana fueron otros 10 muertos en Guerrero, que si Michoacán registró cinco ejecuciones por disparo de arma de fuego en un solo fin de semana, que si en Veracruz cada vez hay más personas desaparecidas, que si Oaxaca, Chiapas, Puebla, Estado de México y Ciudad de México ya también padecen los resultados de la operatividad de grupos del crimen organizado… en fin.
En México, como país, el escenario es desolador e imparable; cada vez hay más violencia, evidentes casos de corrupción, falta de liquidez y una nación con más número de pobres.
Desafortunadamente no se puede luchar contra el amarillismo que pide agritos que “detengan las prensas que hay más muertos”, como si el premio mayor fuera el número más grande.
Lo peor de todo esto es que ante estas cifras se ha perdido la capacidad de asombro y la magnificación de la tragedia ajena es la que ha detenido las prensas de las rotativas emocionales más importantes, la populares.
La muerte de un bebé de 9 meses de nacido y sus padres a manos de sujetos armados en Pinotepa Nacional, Oaxaca ocurrido el pasado fin de semana, ha conmocionado a México.
Juan Alberto Pano Ramos, de 24 años, y su esposa Alba Isabel Colón Palacio, de 17 años de edad, fueron ejecutados a tiros; con ellos también fue asesinado a sangre fría su pequeño Marcos, quién quedó sin vida entre los cuerpos de sus padres.
Esa imagen encendió las redes sociales y en un comparativo con la muerte de un niño migrante sirio encontrado el 6 de septiembre del 2015 en una playa de Turquía, se exige que también “todos seamos Oaxaca”. No se asoma el lado humano, sino el ego de un usuario en redes.
Desafortunadamente el asesinato de niños en México también es discriminado por organizaciones internacionales de la defensa del menor como la United Nations International Children’s Emergency Fund (Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia).
Mientras en México, las muertes consecutivas han borrado del panorama noticioso el asesinato de este menor oaxaqueño, la UNISEF le da continuidad y hace Un llamamiento para poner fin al sufrimiento infantil en Siria.
En su más reciente comunicado, el organismo internacional señala que más de 120 organizaciones humanitarias y agencias de las Naciones Unidas emitieron un vigoroso llamamiento conjunto en el que instan a los ciudadanos de todo el mundo a que alcen la voz para pedir el fin de la crisis en Siria y del sufrimiento de millones de civiles.
Cita que el llamamiento también esboza una serie de medidas prácticas inmediatas que pueden mejorar el acceso humanitario y la distribución de ayuda a quienes lo necesitan dentro de Siria.
“Los invitamos a “firmar” el llamamiento compartiéndolo, ‘retuiteándolo’ o diciendo ‘Me gusta’”, conmina.
Recuerda que hace tres años, los dirigentes de las organizaciones humanitarias de las Naciones Unidas urgieron a todos aquellos que pudieran, poner fin al conflicto en Siria.
Pidieron que se hicieran todos los esfuerzos posibles para salvar al pueblo sirio. “Ya basta”, dijeron, de tanto sufrimiento y derramamiento de sangre.
Podría sonar desproporcionado, pero no es así. En México también mueren decenas de menores en los campos al ser obligados a laborar como jornaleros; otros más fallecen hundidos en la pobreza y otros tantos son desaparecidos y asesinados como consecuencia de la desbocada acción de los carteles.
Los niños muertos de la guardería ABC, donde no se tienen presos a los verdaderos responsables; los 2 mil niños muertos o mutilados en México de 2006 a 2014 y otros más en condiciones de violencia, también es un fenómeno que preocupa y nadie hace nada.
Solo basta recordar que en el año 2014, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denunció el “crecimiento alarmante” del número de niños desaparecidos en México.
La relatora sobre los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la CIDH, Rosa María Ortiz, denunció que los menores son reclutados por criminales, mutilados o asesinados, en momentos en que el gobierno se encuentra en entredicho por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa.
Cocula es un claro ejemplo de esta última denuncia en dónde integrantes de Guerreros Unidos se llevaban entre 10 y 15 niños en cada ingreso a esa comunidad del estado de Guerrero. Sus padres no los han vuelto a ver.
Rosa María Ortiz, evidenció entonces durante su visita, un crecimiento alarmante en el número de niños no localizados, y que pese a lo anterior, el Estado no ha proporcionado cifras al respecto.
De esta forma, no hay necesidad de que solo “todos seamos Oaxaca”, porque como sociedad tenemos la obligación de exigir que #TodosSeamosNiñosDeMéxico.
Entonces, un asesinato en Siria o en Oaxaca es el mismo; la muerte de un niño o cualquier otra persona inocente a manos de cabezas criminales duele igual en cualquier rincón del mundo… pero el hartazgo de la ciudadanía ante la ola de violencia no se refleja igual, pues la insolencia política se siente más en un pueblo que se queda callado y ve morir a los suyos, sin tener el valor de exigir ¡Paz Social!.

