Donald Trump
Los resultados del “caucus” republicano en Iowa, el primer día de este mes de febrero, en que fue derrotado el racista Donald Trump, significaron para muchos observadores el inicio del deslizamiento por el tobogán del rechazo social de su malhadada candidatura a la presidencia de Estados Unidos.
Los últimos meses del año pasado, en todo el mundo, y aquí en México, pero sobre todo en diversos sectores intelectuales de Estados Unidos, se observaba con sorpresa e incluso azoro, cómo la precampaña de este millonario racista, defensor de la hegemonía blanca y defensor a ultranza de posiciones ultraconservadoras mantenía un crecimiento sostenido en las encuestas que lo daban como favorito para ganar la nominación republicana, a pesar de la “nomenklatura” de ese partido y no obstante del rechazo a algunas de sus propuestas maniqueas en contra de los migrantes en general y de los mexicanos en especial.
Los últimos días del recién concluido mes de enero, muchas voces racionales pasaron de la estupefacción a la alarma y comenzaron a expresar lo que desde hace tiempo podía percibirse; los planteamientos de Trump eran, en el mejor de los casos, un populismo de derecha y más bien se perfilaba un liderazgo mesiánico que hacia recordar el ascenso de Hitler o del fascismo. La prensa influyente estadounidense, que allá sí toma partido en los procesos electorales, apoyando o rechazando a los candidatos, señaladamente The New York Times, alertó al pueblo norteamericano sobre el peligro de un triunfo de este millonario poseedor de una reducida capacidad intelectual.
En razón de las peculiaridades del sistema electoral estadounidense de elección indirecta y de los procesos de elecciones primarias abiertas, en consonancia con las consultas internas de cada partido que comenzó en Iowa, New Hampshire y Carolina del Sur, la sociedad estadounidense ha dado en esa primera entidad una muestra de madurez, al derrotar en los hechos su candidatura. Es cierto que este primerísimo resultado no es definitivo y que, en razón de su composición social, Iowa no es representativo de todo el país, por su reducida demografía, blanca, evangélica y rural; pero el saldo es positivo y puede descarrilar esa candidatura.
Ésa es la buena noticia; la mala es que el ganador republicano Ted Cruz comparte muchas de las propuestas de Trump. Sin embargo, el hecho de que otro contendiente, en este caso, Mark Rubio, se perfilara en segundo lugar, lo colocó en oportunidad de fortalecer sus posibilidades y será casi sin temor a equivocarse el caballo negro que sale de atrás, aunque tampoco habría que descartar a Jeb Bush, en especial cuando comiencen las primarias en estados con mayor población afroamericana y latina. Y seguramente testimoniaremos el repunte de estos candidatos del establishment republicano.
La importancia de esta elección para nuestro país, tanto en lo político como en lo económico, hará que nos ocupemos de este proceso, que sin duda impactará nuestra agenda en la relación bilateral, porque no sólo está en juego la presidencia norteamericana, también se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, el equivalente a la nuestra de diputados, y la tercera parte, 34 curules, de la de Senadores, que allá se renueva por tercios cada dos años. En fin, lo que parece el final de la pesadilla parece haber iniciado y esperemos que la sociedad estadounidense muestre la solidez de su madurez democrática, enviando al basurero de la historia a este representante de la ultraderecha primitiva.
