El PRI llegará fortalecido en 2018

El objetivo de los partidos políticos en el sistema democrático indudablemente es alcanzar y mantener el poder; la dispersión de pequeños partidos familiares y patrimonialistas en México hacen imposible, para éstos, este objetivo de interés general; esos pequeños partidos se disputan migajas de la mesa como algunos cargos legislativos o algunas alcaldías, pero no tienen ni los cuadros ni los candidatos que les permitan crecer, a tal grado que, en este 2016, en las numerosas elecciones a gobernadores, de los 9 partidos registrados, acaso 2 o 3 tienen posibilidades de obtener una gubernatura, la mayoría sólo servirá de música y acompañamiento y cobrará sus respectivas utilidades.

La dispersión del voto y las candidaturas independientes arrojan un panorama desolador para la mayoría de los partidos políticos.

El PT —que milagrosamente recuperó su registro— perdió su base electoral cuando López Obrador decidió fundar su propio partido; por ahora se conformará con dividir el voto de la izquierda o en acompañar al PRI, como sucedió en Colima.

El partido Encuentro Social, de nueva creación, es una organización con muy poca militancia y con fuerte influencia religiosa, que lo convierte en apéndice de alguna Iglesia.

Movimiento Ciudadano sigue controlado por Dante Delgado y sus amigos, y por ahora tampoco tienen posibilidades para ganar alguna gubernatura, aunque seguramente, en otra elección, tendrá la fuerza suficiente para competir por la gubernatura de Jalisco, pues en Veracruz su fundador ha perdido fuerza.

Nueva Alianza es un partido al servicio de la SNTE y maneja dos estrategias: una, según los intereses de sus grupos en cada una de las entidades federativas; y otra, en el ámbito nacional, como aliado del PRI.

Morena es un partido unipersonal, antisistémico, con un líder popular, pero que en estas elecciones solamente tienen una lejana oportunidad en Zacatecas con la familia Monreal, y, desde luego, tendrá una importante participación en la integración del Congreso Constituyente de la Ciudad de México.

El Partido Verde seguirá jugando el papel de aliado incondicional del PRI, ya que, por sí mismo, tampoco podrá lograr alguna de las gubernaturas, aun cuando ya ganó la de Chiapas.

El PRD está descompuesto y sólo puede tener alguna posibilidad en los estados donde se ha aliado con el PAN, como en Veracruz y Durango con candidatos expriistas, hoy neopanistas, como Miguel Ángel Yunes y José Rosas Aispuro. Por sí mismo, tampoco puede ganar una gubernatura, aun cuando en Tlaxcala tenía posibilidades, pero sin las alianzas propuestas se debilita, y las tres senadoras: Lorena Cuellar, del PRD; Adriana Dávila, del PAN, y Martha Palafox del PT, jugarán por su lado; y para dispersar más el voto tlaxcalteca, la familia Ortiz, que ya gobernó y que controla la Universidad, participará a través de un partido local. Por tanto, el priista Marco Mena ganará la elección.

El PAN tienen cuadros que pueden competir solamente en Durango, Veracruz, Puebla y con alguna ligera posibilidad en Aguascalientes y Tamaulipas.

Las candidaturas independientes juegan por sí mismas, como en el caso de Barraza en Chihuahua, o de Gabriel Arellano en Aguascalientes; o bien, como comparsas del gobierno local en turno, como Juan Bueno Torio y Gerardo Buganza en Veracruz, o Ana Teresa Aranda en Puebla, quien dividirá, aún mas, las fuerzas panistas.

La estrategia del PRI fue recuperar la fuerza del presidente en las decisiones locales, donde el Ejecutivo ha manejado dos estrategias: una, apoyar a los gobernadores a quienes les tiene confianza política, como en Chihuahua, Zacatecas, Durango y Tlaxcala; y dos, impulsar a figuras prominentes, aun cuando estén alejadas del gobernador priista en turno, como el caso de Lorena Martinez en Aguascalientes, de Héctor Yunes en Veracruz; y, finalmente promoverá a aquéllos que considera que pueden ganar la elección como Baltazar Hinojosa en Tamaulipas, Alejandro Murat en Oaxaca, y probablemente ocurra lo mismo en Quintana Roo. En Puebla postulará a la senadora Blanca Alcalá y en Hidalgo al senador Omar Fayad, quien seguramente ganará la elección. En Sinaloa el actual gobernador surgió de una alianza partidista, pero en realidad nunca ha dejado de ser cercano al PRI, ahí se optó por una solución local con Quirino Ordaz. En Oaxaca no operó la alianza con la iniciativa privada representada por Gutiérrez Candiani, dándose la oportunidad a uno de los integrantes de las familias que han manejado la entidad.

La conclusión de este análisis previo es que, de los nueve partidos nacionales, sólo uno o dos obtendrán alguna gubernatura y las demás serán para el PRI, lo que abre la puerta para que este instituto político llegue fortalecido al 2018. Por eso, podemos afirmar que el pluralismo político mexicano ha fracasado rotundamente.