Para quienes creen en las conspiraciones
Pareciera que vivimos en un mundo poblado de conspiradores que se dedican a crear terror, recelo, angustia y todo tipo de males, con el propósito de obtener poder económico y político para lograr el control de países e instituciones.
Si así fuera, los fenómenos político, económico, social, cultural y hasta físico, como los desastres naturales, podrían considerarse causados por grupos de personas u organizaciones con la intención de someternos a sus caprichos e intereses, pues su poder sería tan grande que podrían mover a todo el mundo en una u otra dirección.
La caja de pandora
Para quienes creen en esas teorías, somos veletas que van según el favor del viento de los conspiradores, quienes en los últimos años, al parecer, se han multiplicado y prácticamente ya dominan a todos los países, si se juzga por los desastres que se dice han ocasionado.
Los conspiradores, según quienes creen en la teoría de la conspiración, han abierto la caja de Pandora, pues han sido capaces de hacernos creer que en 2009 surgió una pandemia de influenza para que las industrias farmacéuticas se enriquecieran con la venta de antivirales; recientemente, se planteó que la actual epidemia de zika es obra de la Orden de los Illuminati (secta creada en el siglo XVIII que pretende dominar el mundo), que desea diezmar la población de pobres de nuestro continente.
Ésas y otras creencias conspirativas se pueden definir como “la tendencia de los individuos a creer que eventos y relaciones de poder son manipulados secretamente por ciertas organizaciones y grupos clandestinos”, según refiere el doctor David Grimes, de la Universidad de Oxford, en su artículo “On the Viability of Conspiratorial Beliefs” (Sobre la viabilidad de las creencias conspirativas), publicado el 26 de enero pasado en la revista PLOS ONE. Estas creencias o teorías son resistentes a la falsación (posibilidad de ser desmentidas), ya que a cada objeción se opone una nueva historia conspirativa, como refieren Michael Shermer y Pat Linse en la revista Skeptic, de noviembre de 2014.
Todo argumento lógico, racional y científico que pretenda demostrar la falacia, puede ser usado para justificar esas teorías, ya que siempre se puede aducir que los argumentos en su contra son falsos o son construcciones creadas con el objetivo de desprestigiar la teoría; por lo tanto, resulta difícil rebatirlas.
Además, surgen y se fortalecen esas teorías conspirativas donde hay desconfianza, ansiedad y pérdida de control, causadas por crisis económicas (desempleo, aumento de precios) y políticas (fraudes electorales, impunidad de funcionarios). En esas condiciones, no había manera de demostrar su falsedad, hasta que el doctor Grimes creó un método matemático para refutarlas.
Cómo rebatir las teorías conspirativas
El doctor Grimes, físico e investigador del cáncer, utilizó un método matemático que permite poner al descubierto las conspiraciones falsas, como que el hombre nunca llegó a la Luna, que el cambio climático no es cierto, que las vacunas producen autismo y que las compañías farmacéuticas impiden la cura del cáncer.
Su método es similar “a las matemáticas que utilicé antes para mi investigación académica sobre la física de la radiación”, ha informado el investigador. A partir de la distribución de Poisson, que mide la probabilidad de que un evento ocurra en un tiempo determinado, Grimes desarrolló un modelo para determinar la falsedad o certeza de las teorías conspirativas, tomando en cuenta el número de personas involucradas y los años que tardaría en descubrirse la conspiración, entre otros factores.
De esa manera, demostró que si hubiera sido cierto que el hombre nunca alunizó, los conspiradores habrían sido 411 mil trabajadores de la NASA y el engaño se habría descubierto a los 3.7 años. Como han pasado más de 40 años y no se ha descubierto, entonces los conspiradores deberían haber sido 251 personas, por lo que no es cierta esa creencia.
Asimismo, confirmó teorías, como la del programa de vigilancia de la Agencia de Seguridad Estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés) que espió a civiles estadounidenses y políticos extranjeros. El programa involucró a 36 mil personas y seis años después lo reveló Edward Snowden, como efectivamente lo calculó Grimes.
Por supuesto que el investigador sabe que su método —probado satisfactoriamente— no basta para convencer a quienes creen en teorías conspirativas, pero espera “que este trabajo sea útil para aquéllos que están más en el medio y que preguntan si los científicos pueden perpetuar o no un fraude”.
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f/René Anaya Periodista Científico
