“Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro”
John F. Kennedy
Juan Pablo Aguirre Quezada*
Una de las realidades más cruentas de la humanidad es la existencia de menores de edad en malas condiciones de vida.
En todo el orbe existen niños, niñas y adolescentes con problemas tales como desnutrición, situación de calle, exilio forzado, entre otros.
Sin embargo, la situación más triste sin duda es la de niños- soldados, es decir, menores que a su corta edad usan un arma, están entrenados para matar o que saben pueden ser heridos o asesinados en cualquier momento.
De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) actualmente en el mundo existen 300 mil menores soldados en 50 diferentes organizaciones armadas.
En diferentes países sobre todo de África y Asia se han registrado este tipo de reclutamiento, y de acuerdo con Amnistía Internacional se han reportado la existencia de niños soldados en las fuerzas armadas de República Centroafricana, Sudán del Sur, Afganistán, Chad, Colombia, Costa de Marfil, Filipinas, India, Iraq, Líbano, Libia, Mali, Myanmar, Pakistán, República Democrática de Congo, Sierra Leona, Sudán, Siria, Tailandia y Yemen.
Cabe destacar que las funciones que hacen estos niños militares son variadas, e incluyen tratos denigrantes al ser utilizados como cocineros, esclavos sexuales, espías, suicidas, portadores de explosivos, mensajeros, entre otros, tal como lo definen los Principios de París sobre la participación de niños en los conflictos armados de 2007.
Asimismo, la Corte Penal Internacional considera el alistamiento de menores como un crimen de guerra, y en conformidad con la normatividad internacional establece que la edad mínima para participar en estas tareas son 18 años cumplidos.
La necesidad de ser soldado
En diferentes épocas existen recuerdos de menores de edad participando activamente en las guerras, tal como sucedió en Europa en diversas guerras del siglo XX, en países de Centroamérica durante las guerrillas de las décadas de los setentas y ochentas o en Somalia o Myanmar a fines del milenio pasado.
Tanto antes como ahora el común denominador es que la mayoría de estos infantes están en contra de su voluntad, ya que en ocasiones son secuestrados, por lo que es nula la defensa de sus derechos establecidos en la Convención sobre los derechos de los niños.
En otros casos los niños soldados ingresan a las fuerzas armadas por su situación de pobreza, con la esperanza de llevar un sustento que ayude a sus familias; o por la situación de venganza, violencia o poder, por lo que ser sicario es una forma de subsistencia.
Cabe destacar que la muerte o el crecer en un ambiente lleno de terror no son las únicas salidas, ya que también pueden quedar inválidos el resto de sus subsistencias, lo que afecta tanto sus condiciones como la calidad de vida.
Uno de los pretextos de los grupos armados es hacer ver que los menores no se asuman como víctimas, sino hacerles creer que están al servicio de su país, lo que es un chantaje al pretender reconocerlos como voluntarios.
No obstante, muchos de estos infantes son convencidos por la fuerza, por golpes, amenazas o torturas. La reinserción de estos seres a una sana convivencia social es compleja, ya que desarrollan traumas emocionales severos debido a las atrocidades que tienen que ver, tales como actos de violencia sexual o asesinatos.
La sociedad internacional desquebrajada
Los niños soldados no es un problema exclusivo de ejércitos, fuerzas armadas o guerrillas. En diferentes países con problemas de seguridad tales como terrorismo, narcotráfico, trata, secuestros, entre otros crímenes existe la participación de menores armados como parte de los grupos delictivos.
Si se toman en cuenta el estimado de infantes que están en estas circunstancias es probable que los cálculos de UNICEF y otras instituciones en relación al número de niños soldados estén rebasados.
En todos estos casos los tratados internacionales a escala mundial y su puesta en marcha no han podido erradicar un problema que ha destruido el tejido social en diferentes latitudes.
La violencia en diferentes regiones ha robado a la infancia el derecho legítimo de vivir en un ambiente de bienestar óptimo para su desarrollo.
Pese a las buenas intenciones de los organismos internacionales y diferentes gobiernos en países de todos los continentes, los niños soldados son una realidad que están en situación de vulnerabilidad desde la desintegración de sus familias hasta la invalidez o muerte.
En la actualidad están documentando la participación de menores armados en las fuerzas armadas de Sudán del Sur, Somalía, Siria o la República Centroafricana. Diferentes organizaciones de la sociedad civil experta en el tema de Derechos Humanos se han empeñado en reducir el riesgo en el que viven estos niños soldados, pero la realidad de la crueldad humana supera los esfuerzos de buena voluntad que pretenden eliminar este problema.
*Doctor en Humanidades, ULA.
