El Papa
México ocupa el segundo lugar en número de católicos en América Latina, tiene hondas raíces en la materia si evocamos el trance insurgente al que convocara Miguel Hidalgo y Costilla con el estandarte guadalupano en mano, otro sacerdote, José María Morelos y Pavón, sentó las bases fundacionales del Estado mexicano; también de tierras mexicanas fue originario Marcial Maciel, el depredador.
El papa Francisco llegó a México y sus mensajes han sido puntuales sin mayores estridencias, ha sido cuestionador con la alta jerarquía católica que en gran medida es comodina, apegada a los hombres del poder y desvinculada de los pobres, proclive a los privilegios y ciega ante las injusticias, les pidió no sentirse príncipes sino obispos servidores. Al hacer memoria, son muchos los obispos que han sido apegados al dinero, las tentaciones los obnubilan.
El sumo pontífice les llamó a condenar el narcotráfico no de manera genérica sino a ejercer un papel diferente. El papa Francisco es jesuita, argentino, más cercano a nuestra idiosincrasia, diferente a Benedicto XVI que solía ser frío, academicista y con un lenguaje en apariencia lejano.
México ya no es el país que recibió en 1979 a Juan Pablo II por vez primera, en aquellos tiempos el 97 por ciento de la población practicaba el catolicismo, en la actualidad es aproximadamente el 84 por ciento, el crecimiento de iglesias protestantes es elocuente, en Chiapas casi la mitad de la población ya no es católica.
Nuestro país ha sido noticia por los estragos que ha provocado el narcotráfico, la cultura de la muerte, es campeón en materia de la desigualdad, tenemos una clase política mezquina. A todos ellos criticó el papa Francisco.
En Chiapas, particularmente en San Cristóbal de las Casas, dijo que había que aprender a decir perdón a los indígenas despojados por la cultura del descarte. En esa tierra en la que ejerció una labor pastoral Samuel Ruiz, tan cuestionado por el círculo oficialista de su propia Iglesia, la corriente de la teología de la liberación casi fue liquidada en la gestión de Juan Pablo II.
Una gran mayoría de mexicanos celebró la visita del sumo pontífice, ello aunque el Estado laico naufrague con un presidente que ignora el significado del mismo, muchos políticos se fotografiaron con el Papa, no les importó el mensaje pastoral sino registrar la imagen con el influyente líder religioso.
En 1979 el papa Juan Pablo II fue recibido por el presidente José López Portillo como visitante distinguido, aún no se reanudaban las relaciones Iglesia-Estado, aparentó ser laico el mandatario que más tarde llevó al sumo pontífice a celebrar una misa privada para su madre. La hipocresía y el juego de las apariencias.
El papa Francisco es un personaje de nuestro tiempo, su mensaje ha sido concreto, aunque la clase política no lo entienda porque el cinismo la obnubila.
