Mil 300 millones de años después

 

 

René Anaya

Hace mil 300 millones de años, la fusión de dos agujeros negros generó una energía de ondas gravitacionales equivalente a tres soles, sus frecuencias de onda se escucharon en la Tierra el 14 de septiembre y abrieron otra ventana al Universo.

Después de cien años de que Albert Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales, como parte de su Teoría General de la Relatividad, científicos del Observatorio Avanzado de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO, por sus siglas en inglés) informaron de su hallazgo, que marca el inicio de una nueva era en la astronomía, según la opinión generalizada de la comunidad científica.

 

Las potentes ondas gravitacionales débiles

El 20 de marzo de 1916 Albert Einstein publicó la Teoría General de la Relatividad, en la que señala que la gravedad es similar a los campos eléctricos y magnéticos. Hasta antes de su detección en el LIGO, solamente había pruebas indirectas de su existencia; la primera fue en 1974, cuando Russel Hulse y Joseph Taylor descubrieron un púlsar y una estrella de neutrones que giraban una en torno a la otra a gran velocidad y que cambiaban ligeramente su órbita por la liberación de energía, probablemente en forma de ondas gravitacionales, en la cantidad que predecía la teoría de Einstein. En 2003, se encontró algo semejante en dos púlsares.

Pero no fue sino hasta este siglo, cuando se lograron construir observatorios capaces de detectar ondas gravitatorias, que se empezaron a realizar esfuerzos más sistemáticos en su búsqueda. Estas ondas son las más débiles de las cuatro fuerzas fundamentales (electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte son las otras tres), las cuales se pueden detectar en colisiones de estrellas de neutrones o de agujeros negros enormes, que ocurrieron hace millones de años y a gran distancia de la Tierra, que aún emiten esas ondas muy débilmente.

Por esa razón, hasta el año pasado, cuando se puso en funcionamiento el LIGO, después de una década de perfeccionamiento, se detectó la colisión de un agujero negro de una masa de 36 soles con otro de una masa de 29 soles, con dirección a la Gran Nube de Magallanes.

La fusión de esos agujeros negros, semejante a dos bolas de mercurio en contacto, produjo un agujero negro de 62 masas solares. La diferencia de tres soles fue la energía de las ondas gravitatorias, esa energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado (E=mc2).

“La sinfonía del Universo”

Los datos de esta fusión concuerdan con las ecuaciones de Einstein, por lo que David Reitze, director ejecutivo del LIGO, anunció el 11 de febrero: “Señoras y señores, hemos detectado las ondas gravitacionales. Lo hemos logrado […] Pero lo que es verdaderamente emocionante es lo que viene después, abrimos una nueva ventana al Universo”.

Esa nueva ventana consiste en la posibilidad de estudiar los objetos del espacio por medio de las ondas gravitacionales que emiten, ya que como señaló Tuck Stebbins, jefe del laboratorio de astrofísica gravitacional del Centro Goddard de la NASA: “la humanidad posee ahora otra herramienta para explorar el Universo”.

David Shoemaker, responsable del LIGO en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, compartió ese entusiasmo: “las ondas gravitacionales pueden ser aún más revolucionarias de lo que ha sido el telescopio, porque son diferentes las fuentes luminosas […] Este descubrimiento genera entusiasmo para la física y es muy prometedor para la astrofísica y la astronomía”.

Ese optimismo de los científicos, generalmente cautos ante los descubrimientos, se basa entre otros hechos en que hasta ahora se miraban los cuerpos cósmicos más alejados por medio de las ondas electromagnéticas (radiación) que emiten, pero ahora se les podrá escuchar por las emisiones de las ondas gravitacionales, que complementarán su estudio.

“Vamos a escuchar más sobre los objetos que ya conocemos y vamos a escuchar cosas que nunca nos hemos imaginado”, afirmó David Reitze; en coincidencia, la doctora Alicia Sintes, también integrante del proyecto, refirió metafóricamente que vamos a escuchar “la sinfonía del Universo”. Stephen Hawking adelantó: “Las ondas gravitacionales ofrecen una forma completamente nueva de mirar el Universo. La capacidad para detectarlas tiene el potencial de revolucionar la astronomía”.

Por su parte, Sheila Rowan, también participante del proyecto LIGO, resumió la importancia del descubrimiento: “Estamos sentados aquí en la Tierra observando cómo las costuras del Universo se estiran y se comprimen debido a una fusión de agujeros negros que ocurrió hace más de mil millones de años… Cuando encendimos nuestros detectores, el Universo estaba listo, esperando decir «hola»”.

 

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico