Aunque algunos teóricos de Derecho Internacional, de Diplomacia y de geopolítica  hablan de un “orden mundial”, lo cierto es que nunca ha existido uno verdadero; la historia demuestra que cada civilización predominante define su propio concepto de “orden mundial”. Antaño fue Europa, después surgió prepotente Estados Unidos de América y, actualmente, en el declive de este, aparece China hasta en la jaula del perico. El caso es que en el “concierto de las naciones”, en la segunda década del siglo XXI, se advierte un vacío de poder que asusta a todos de sur a norte y viceversa porque los tiempos han cambiado, lo que sucedió en el siglo pasado nunca volverá a repetirse, pero ahora podría ser peor. Unos quieren jugar la política del avestruz y otros a la mano del gato simulando que nadie se percata de ello. Y unos cuantos se pasan de listos como en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua y otros países bolivarianos que surgieron a la sombra del riego de petrodólares repartidos por el ya difunto Hugo Chávez. El hecho es que por todos lados el mundo tiene puntos calientes, algunos ya se queman y en los foros internacionales todos opinan y nadie resuelve.

En su libro más reciente, World Order (Orden mundial), el ex secretario de Estado de EUA, Henry Kissinger afirma que “el caos amenaza” al orden mundial junto a una interdependencia sin precedentes entre países. Parece que el anciano consejero y funcionario en varias administraciones estadounidenses tiene toda la razón, sobre todo cuando explica que el evidente “vacío de poder” internacional no se llenará a corto plazo, porque la Unión Americana tiene cada vez menos voluntad y menos poder de influencia, precisamente en los momentos que es más necesario un liderazgo internacional.

Kissinger dice en el libro que su país de adopción –Henry nació en Fürth, Alemania, el 27 de marzo de 1923 con el nombre Heinz Alfred Kissinger en el seno de una familia judía– ya no tiene la excepcional capacidad para organizar la agenda y las instituciones mundiales que tenía, y que no existe ninguna estrategia eficaz para intentar recuperarla. Esa circunstancia refuerza y conecta los conflictos geopolíticos que surgen por todas partes, como hierba mala, en el mar del sur de China, Ucrania, Irak y Siria.

¿Qué ocurrirá en este desorden? El académico y diplomático dice en su obra que el actual es un mundo de regiones, en el que distintos países tienen distintas esferas de influencia, a veces contrapuestas y a veces no. Nos encaminamos en esa dirección. Será un mundo de vencedores y vencidos, en el que unas regiones mantendrán el orden y la estabilidad mejor que otras. Así, es razonable pensar que el orden mundial  va a dividirse en esferas regionales de influencia.

En tanto, en el permanente rejuego de influencias de las potencias,  como señala Kissinger, el presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, y el de Rusia, Vladimir Putin, el sábado 13 de febrero se intercomunicaron vía telefónica para explorar la perspectiva de solución a la guerra de Siria que ya dura más de cinco años con un saldo de 300,000 muertos, civiles la tercera parte. La conferencia telefónica tuvo lugar en el momento de las peores relaciones diplomáticas entre Rusia y Occidente. Especialmente en el curso de la Conferencia de Seguridad de Munich, Alemania, el fin de semana cuando Dmitri Medvédev, primer ministro ruso, alertó del peligro de otra Guerra Fría. El enviado de Moscú a la conferencia en el hotel Bayerischer Hof, dejó en claro, por si fuera necesario, que lo que decía era la reproducción exacta de las órdenes de Putin. “La política de la OTAN hacia Rusia es poco amistosa y terca. Para ser sinceros, nos estamos desplazando rápidamente a un periodo de una nueva guerra fría…a veces me siento confundido porque no sé si vivo en el año 2016 o en 1962″, dijo. Varios países del Este europeo se indignaron por el mensaje del Kremlin, sobre todo porque continúan las acusaciones contra Moscú por su intervención en el conflicto ucraniano y la”anexión” de la península de Crimea,

La reacción de Dalia Grybauskaite,  presidenta de Lituana fue más que clara: “¿Guerra Fría? –se preguntó–, ya tenemos una caliente, en Ucrania”. Y no era para menos, pues Medvédev ya había puesto leña en el fuego antes de la reunión en Munich. En declaraciones al periódico germano Handelsblatt, el enviado de Putin dijo: “Si comienzan las operaciones de varios países sobre el terreno, será una guerra de todos contra todos…Los estadounidenses y sus aliados árabes tienen que decidir si quieren un conflicto permanente en Siria”, solo faltó que dijera “una guerra mundial”. Ya en Múnich, circulaban los recuerdos de la vieja estrategia de la disuasión durante la Guerra Fría del siglo XX.

En los salones del hotel muniqués la clave de la reunión fue impedir mayores males: la posible intervención de la infantería turca y saudí en apoyo de los insurgentes que luchan desesperadamente contra el régimen represor de Bachar El Asad, que tiene el apoyo de Rusia que bombardea indiscriminadamente los pocos reductos que le quedan a la rebelión. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, al respecto, informó que más de mil civiles (que incluyen un gran número de niños y mujeres) han muerto víctimas de los ataques aéreos rusos. Por lo mismo, Estados Unidos y Francia  denunciaron en la conferencia de Seguridad que Rusia mata inocentes con sus bombardeos contra los enemigos del régimen.

De tal forma, en la madrugada del viernes 12 de febrero, se vislumbró un débil alto el fuego para los siguientes días, por lo que las advertencias de Medvédev de que se corría el riesgo de que esta guerra se convirtiera en “permanente” o incluso “mundial”, cayeron tan mal. Así, la decisión adoptada en la ciudad germana implica el reconocimiento de la supremacía de Washington y de Moscú sobre el grupo (más o menos una veintena) de países implicados, de una u otra forma, en el conflicto, a los que se les vuelve a marcar el paso sin muchas contemplaciones, como en los tiempos de la Guerra Fría. Los polvos del aquellos lodos. Por eso, un diplomático presente en la junta dijo que, pese a todo, Medvédev no estaba tan equivocado.

A final de cuentas, el objetivo de la conferencia no es otro que el de tratar de evitar una “guerra global” que inevitablemente acabaría enfrentando a las dos grandes potencias. Muchas cancillerías europeas son de la idea de que no es posible un enfrentamiento armado de este tipo, pero el hecho es que el ambiente internacional –sobre todo el que se respira en el Oriente Medio y en el Este de Europeo– no es muy halagüeño. El pasto está seco, cualquier chispa puede incendiarlo.

El posible “cese de las hostilidades” acordado en la capital de Baviera duró menos que una pavesa. Las intervenciones de distintos oradores en la reunión hicieron evidente la fragilidad del acuerdo propuesto por Washington y Moscú. Así  como la gran distancia que aleja al Kremlin de las naciones occidentales.

Sin embargo, los esfuerzos de los dos principales interesados en resolver el conflicto no cesan, como se señala líneas atrás. Obama llamó por teléfono a Putin el sábado 13 para insistir en una solución a la guerra de Siria. Las diferencias diplomáticas entre ambas potencias son más que claras. La guerra civil siria ya emponzoñó toda la zona. La forzada inmigración de los desesperados sirios tiene de cabeza a la Unión Europea. La ayuda humanitaria para los refugiados es insuficiente y su exilio tiene en vilo la supervivencia del sistema Schengen base de la propia unidad europea. El viejo continente olvida que hace 71 años los refugiados eran sus supervivientes de la II Guerra Mundial.

En tanto, las versiones difundidas el domingo 13 por Moscú y Washington sobre la plática telefónica entre Putin y Obama hicieron hincapié en aspectos diferentes. El primero insistió en la necesidad de establecer contactos entre los representantes de los ministerios de Defensa de Rusia y EUA, con el fin de conducir una lucha planificada y exitosa contra el Estado Islámico (DAESH) y otras organizaciones terroristas. No aclara sin embargo si esto significa una coordinación real de las acciones militares de ambos países en Siria.

A su vez, Washington señaló que ambos mandatarios acordaron que seguirán en comunicación acerca del “importante trabajo” del llamado Grupo Internacional de Apoyo a Siria. La Casa Blanca informó que durante la llamada telefónica, Obama resaltó a su contraparte ruso la “importancia” de llegar al cese de las hostilidades al que se comprometieron el viernes 12 en Munich, abrir acceso a la asistencia humanitaria en las zonas más afectadas del país, pero sobre todo la necesidad “de que ahora Rusia desempeñe un papel constructivo cesando su campaña aérea contras fuerzas opositoras moderadas en Siria”.

La irrupción de Putin en el tablero sirio lo coloca en el centro de los intentos de hallar una solución diplomática –como le place al inquilino de la Casa Blanca– que ha cobrado más de 300,000 muertes en cinco años de sanguinaria lucha. Tras un año y medio tratando de aislar internacionalmente a Rusia por su injerencia en Ucrania, ahora Obama urge a Putin a respetar el alto al fuego en el Este de Siria. Ojalá este diálogo desemboque en medias efectivas para que baje la tensión bélica en el Oriente Medio.. Por bien de todos. VALE.