“No es cristiano el que construye muros”, dijo el Papa
Las relaciones diplomáticas, comerciales y políticas con Estados Unidos de Norteamérica han estado plagadas de luces y sombras; los últimos veinte años han sido determinados por el TLCAN y la globalización, generando dependencia económica, cada vez mayor, pues el 80% de nuestra economía internacional se sitúa en ese mercado bilateral, aun cuando se ha desarrollado en un marco de respeto y de relaciones que podríamos calificar de “aceptables”, no obstante, los procesos políticos que se avecinan en ese país, presagian posibilidades verdaderamente dramáticas para nuestro destino inmediato.
El proceso político electoral en Estados Unidos ha generado resultados sorprendentes que sólo pueden explicarse frente al hartazgo de la partidocracia, pues ambos partidos, republicano y demócrata, se encuentran en crisis de credibilidad; por eso, los precandidatos antisistémicos están cobrando enorme importancia, frente a una dramática polarización ideológica de líneas absolutamente dicotómicas. Los llamados outsiders cobran cada día mayor fuerza; en los demócratas una línea radical para los norteamericanos la representa el autoproclamado socialista senador Bernie Sanders, y en los republicanos, los tres finalistas Donald Trump, Ted Cruz y Marco Rubio pertenecientes a la derecha recalcitrante y xenofóbica.
Siempre se ha comentado que a México le va mejor con los republicanos, a pesar de que se identifique mejor con los demócratas, pero esta vez las declaraciones antimexicanas de Trump, por todos conocidas, y las recientes de Ted Cruz, quien aseguró que si llega a la Casa Blanca buscará a los mas de 11 millones de inmigrantes indocumentados y los deportará a todos; además el pasado 23, en una entrevista emitida por la cadena Fox afirmó: “Si debemos aplicar la ley, debemos deportarlos, construir un muro, triplicar la patrulla fronteriza”. El republicano Ted Cruz, de origen cubano y con raíces cristianas, al parecer no escuchó las contundentes palabras del papa Francisco cuando señaló que “no es cristiano el que construye muros”, afirmación que indudablemente tendrá efectos electorales en contra de esta ala norteamericana que abreva su radicalismo xenofóbico en el Tea Party, quienes tienen la misma convicción de quienes incendian las cruces siniestras del Ku Klux Klan. Marco Rubio, también de origen cubano, mantiene una posición un poco menos radical, por lo que es probable que en las subsecuentes elecciones primarias avance hacia la candidatura presidencial republicana.
No hay duda, los republicanos con reales posibilidades políticas están contra México y, al igual que Francisco, no nos podemos quedar con los brazos cruzados.
Por otra parte, Hillary Clinton, con amplia experiencia y capacidad, está siendo gravemente asediada por el Poder Judicial, pues hace unos días el juez de distrito de Columbia Emmet G. Sullivan determinó que colaboradores y funcionarios del Departamento de Estado deben ser interrogados, pues se dice que Hillary violó la ley federal cuando utilizó su cuenta privada de correo electrónico para asuntos de interés nacional cuando fungía como secretaria de Estado (2009-2013).
Por otra parte, el presidente Barak Obama intenta cumplir su promesa de campaña de cancelar la absurda cárcel de Guantánamo, sin embargo, al parecer los congresistas republicanos no se lo permitirán. También quiere concretar la política internacional de contención y de búsqueda de la paz, que ha tenido dos aspectos fundamentales: la supresión de las medidas de castigo a Irán y la normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba.
Este viaje se realizará en un momento en que la llamada primavera socialdemócrata ha venido decayendo sensiblemente: Bachelet en Chile y Dilma Rousseff en Brasil con serios problemas; Cristina Kirchner desplazada por el político “de chisguete” Mauricio Macri; Evo Morales rechazado por un referéndum que lo imposibilita para un nuevo mandato; y Nicolás Maduro con un Congreso venezolano en su contra. Seguramente en el trasfondo de la entrevista Raúl Castro-Barak Obama se tratará el destino de Venezuela y la fórmula para que Nicolas Maduro pueda dejar el poder, sin lastimar a los venezolanos con una guerra civil.
Es verdad, las elecciones internas de Estados Unidos sólo corresponden a su soberanía, pero sus resultados pueden ser funestos para nuestros intereses nacionales, por lo que debemos estar alerta.
