Se le acabó la suerte a Duarte
Se le acabó la suerte al pequeño sátrapa veracruzano. “Javier Duarte —declaró Manlio Fabio Beltrones— deberá de estar presentando, obviamente, cuentas concretas y verdaderas a los veracruzanos.” Por supuesto, no faltará quien diga que es obligación de todo funcionario rendir cuentas claras a sus gobernados, pero en este caso es el presidente del PRI, el partido que llevó a Duarte a la gubernatura, quien le recuerda a éste que tendrá que hacerlo, y eso tiene un significado que a nadie escapa.
Los presidentes del PRI no andan por el territorio nacional llamando a cuentas a los gobernadores. Manlio Fabio sí lo hizo con el ínfimo e infame dictador veracruzano, y esa actitud, más allá de lo que establezca la ley, tiene un significado político de consecuencias inmediatas, pues implica que Duarte perdió la confianza de su partido y que el líder priista, con la elección de gobernador tan cercana, lo considera un lastre.
El todavía Ejecutivo de Veracruz se ha caracterizado por su absoluta incapacidad para ofrecer seguridad a sus gobernados. El estado es el reino del terror delincuencial y del abuso policiaco. En especial, la criminalidad ha causado numerosas víctimas en el gremio periodístico, sobre todo entre los colegas que se atreven a criticar al tiranuelo jarocho.
La Universidad Veracruzana, ya se sabe, está entre nuestras más respetables instituciones de educación superior. Pero lejos de apoyar esa casa de estudios, Duarte decidió declararle la guerra, pues desde hace dos años le mantiene retenidos más de dos mil millones de pesos, pese a las penurias en que ahora está envuelta la institución.
A lo anterior se agrega una disminución de los fondos que destina el estado a la Universidad, pues por iniciativa de Duarte el domesticado Congreso local aprobó ese nuevo golpe a las finanzas de la Veracruzana, con el peregrino argumento de que los subsidios estatales son deuda de la Universidad hacia el gobierno del estado.
Lo que ha desatado una protesta generalizada es la pretensión de desentenderse de las pensiones. Una muy reciente reforma a la Ley de Pensiones de la entidad establece que “De darse el caso de que los recursos del Instituto (de Pensiones del Estado, IPE) no bastaren para cumplir con las obligaciones a su cargo establecidas por esta ley, el déficit será cubierto directamente a los beneficiarios por los patrones”, lo que, de concretarse, implicaría reducir la matrícula e incluso el cierre de algunas escuelas.
No paran ahí los desaguisados duartísticos. La Coalición de Pensionistas lo acusa de haber malversado 700 millones de pesos de la reserva técnica del IPE e incluso afirman que pretende apoderarse de otros mil 300 millones. Por su parte, la Auditoría Superior de la Federación reclama a Duarte la devolución de 721 millones de pesos entregados por el gobierno central para obras de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2014, pero que fueron empleados en la remodelación del World Trade Center y el remozamiento de las “oficinas del gobierno, balcón, oficina del gobernador y sala de juntas” del mismo funcionario, entre otras desviaciones.
Solamente la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas, que entonces tenía al frente al frustrado delfín Gerardo Buganza, se gastó 862 millones de pesos en siete contratos, de los cuales 684.7 millones se destinaron a obras deportivas en Jalapa, Coatepec, Boca del Río y Alvarado, pese a que previamente —dice la Auditoría Superior de la Federación— no se contó con anteproyecto, proyecto ejecutivo ni la indispensable revisión y evaluación del presupuesto a precios unitarios, lo que impidió la supervisión de las obras.
En fin, que todo está dispuesto para echar de la gubernatura a Javier Duarte. Pero sería lamentable que ahí se detuviera el asunto. Veracruz necesita y demanda la desaparición de poderes, pues los diputados locales y los integrantes del Poder Judicial han sido complacientes con Duarte, o más precisamente cómplices por omisión o por comisión. Lo justo es que todos se vayan.
De proceder así, el PRI recuperaría algo del prestigio dilapidado por Duarte. Y políticamente de eso se trata. ¿O qué no?
