Aunque Francia tuvo un destacado lugar entre las poderes militares más grandes del mundo en el siglo XIX, en posesión de la segunda región colonial más grande del mundo, después de Gran Bretaña, en realidad, ha sido un país cuya fuerza bélica ha estado orientada más hacia la protección y seguridad de sus territorios. Ciertamente, París resultó vencedor en la Primera Guerra Mundial, pero a un costo muy alto, ya que poderío económico, militar, político e industrial quedó muy mermado, por el simple hecho de que fue uno de los países que recibió las ofensivas directas de Alemania. Basta y sobra ver las siguientes cifras para tener una idea: 5 millones de muertos y heridos. Uno de cada diez franceses murió en la guerra. Casi 800.000 viviendas fueron destruidas. Más de 20 mil fábricas, así como casas de innumerables franceses fueron destruidas. Cerca de 2 mil puentes de ferrocarril fueron saboteados. Gran parte de las tierras de cultivo productivas del norte y este de Francia quedaron improductivas durante décadas. Más de mil ciudades fueron arrasadas por los combates. De hecho, las huestes teutonas, estuvieron a escasos 70 kilómetros de apoderarse de París, lo que hubiera cambiado radicalmente el destino de los aliados.

Para cuando la Alemania nazi inició una Segunda Guerra Mundial en 1939, Francia todavía no se recuperaba del todo y se vio obligada a entrar nuevamente en la contienda más para buscar su protección frente al renacimiento militar germano que para demostrar algún poderío. Un año después, el expansionismo hitleriano se volvió un dolor de cabeza para el pueblo francés, ya que en esta ocasión, la wehrmacht no sólo se apoderó de París, sino que creó una segunda Francia, a la que denominó Francia de Vichy, por esta ciudad su principal sede política progermánica. París vivió tres años de pesadilla durante la ocupación nazi, hasta su liberación aliada en 1944. Al final de la guerra, nuevamente sus estructuras económicas y políticas quedaron maltrechas y con el renovado temor de una nueva incursión alemana contra sus fronteras.

El gobierno francés inició un proceso de reconstrucción de las zonas devastadas por la guerra, incluyendo compensaciones a las pérdidas de su población. Para ello, creó unidades de bonos para obtener préstamos de sus propios ciudadanos, los cuales serían retribuidos con los pagos que los alemanes tendrían que hacer tras su derrota. Estos préstamos y los gastos hechos durante la guerra dejaron a Francia con una enorme deuda nacional en el período de entreguerras. Para evitar nuevos conflictos entre Francia y Alemania, ambos acordaron firmar en 1950, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero que abrió un panorama de mutua cooperación y desarrollo. Un año después, ambos firmaron el Tratado del Eliseo, que permitió trabajar conjuntamente por una paz, recuperación económica e iniciar el proyecto de integración mundial más avanzado del planeta: la Unión Europea.

China, el gran salto adelante

China no participó en la Segunda Guerra Mundial de manera directa, sino que tuvo que defenderse de la invasión del ejército imperial japonés el cual, basado en su política de expansionismo, deseaba consolidarse como la principal potencia militar de Asia. Desde 1837, el colonialismo occidental, principalmente, británico, francés, alemán y holandés, mantenía a este país sumido en una pobreza constante, en contubernio con las dinastías locales que sólo buscaban ganancias materiales a través de un sistema de corte esclavista autoritario.  En 1931, las tropas imperiales invadieron Manchuria y se la anexaron, pese a las protestas de Beijing. En 1937, Tokio se apoderó del resto del territorio chino, donde se mantuvo hasta 1945. Con la derrota infligida por Estados Unidos a Japón en agosto de ese mismo año, las huestes de Mao Tse Tung y del nacionalista Chiank Kai Shek, libraron una guerra civil, que culminó con la derrota de este último, quien se refugió en Taiwán. En medio de un ambiente de miseria, hambruna y terrible escasez de medicinas y artículos de primera necesidad que afectó a millones de personas, Mao decretó en 1949, la República Popular de China y organizó un gobierno de reconstrucción, que reactivó una economía basada en la agricultura y la producción artesanal. Un año después, puso en marcha la reforma agraria mediante planes quinquenales para crear una nación independiente y moderna, cuyos objetivos inmediatos eran lograr una rápida industrialización y expansión económica.