“A veces los pensamientos son como las infecciones, para algunos son verdaderas epidemias”
Wallace Stevens, filósofo y escritor.
Madrid.- Los problemas políticos inmovilizan las negociaciones para formar gobierno. El jefe del Estado pide a los candidatos que le informen en el momento en que sumen mayoría para encomendarles la tarea.
Mariano Rajoy insiste en reunirse con Pedro y Albert Rivera y da la espalda a Podemos. El intercambio de acusaciones e insultos que se lanzan entre sí PP y PSOE no impide que Sánchez y el presidente en funciones busquen una alianza.
Los socialistas mantienen su pacto con Ciudadanos y acusan a Podemos de votar lo mismo que el PP y de contribuir al vacío de poder que soportamos desde el 20 de diciembre del 2015.
La nueva derecha clama porque el santiagués se haga a un lado y rehúse presentarse como candidato. “Si lo hace, nos replantearemos la posibilidad de reunirnos con los populares”, advierte Rivera.
El líder de C`s repite continuamente que Rajoy no supo combatir la corrupción, rebajó salarios, permitió que las empresas despidiesen a empleados sin mayores compromisos, redujo los contratos indefinidos e impuso el copago farmacéutico.
En una de sus intervenciones, Rivera sostuvo que el actual inquilino de la Moncloa empobreció a la gente, respaldó recortes salvajes y perdió presencia en el conjunto de naciones del continente.
Diríamos que más bien no tiene ninguna. No lo toman en cuenta y es un convidado de piedra que hace bulto y se acerca a las doctrinas de la ultraderecha que se bate en retirada.
Un nuevo protagonista entra en escena: los medios de comunicación toman partido. Manipulan los textos según sus preferencias. PSOE y PP reciben una buena dosis de apoyos, Ciudadanos, un poco y Podemos ninguna. Los tertulianos habituales en radio y televisión se radicalizan ante el peligro de que las fuerzas políticas desestabilizadoras triunfen.
Don Mariano pasó cuatro años recostado en su comodísimo sillón, habló a los españoles desde un plasma, no quiso remediar la grave situación de la mayoría y mandó al fondo del abismo a las clases trabajadores, sin ningún remordimiento.
Ahora, intenta recuperar terreno; sale en los platós informativos y opina, al llegar a Bruselas para abordar el gravísimo problema de los refugiados, que “no quiere andar con dimes y diretes” que son producto de “políticas indeseables”.
No ve más allá de sus narices. Es contrario al debate camaral porque no sabe hacerlo y trata a sus adversarios como si fueran portadores de enfermedades contagiosas. A ellos, por lo visto, ni estrecharles las manos porque sería “catastrófico”; añora el pasado en el que Rodrigo Rato y Miguel Blesa, distinguidos personajes de su partido, robaron un montón y aún no están en la cárcel.
Tampoco distingue entre prevaricadores y gente decente. A Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, le dijo “lo entiendo, sé fuerte Luis”. Y cuando éste entra en la cárcel lo llama delincuente.
Sustenta apoyos que luego descalifica, avala a personajes que lucraron cuando fueron funcionarios populares y niega que haya tenido conocimiento de esas fechorías. Quizás porque él mismo fue señalado por Bárcenas como receptor de sobres de dinero negro y estuvo al tanto de las reformas en b que se hicieron en algunas sedes del PP.
Ese dinero sirvió también para respaldar campañas electorales. Si alguien osó rebelarse, lo quitó de en medio, desconoció y echó toda la caballería en su contra. No tiene aliados porque no sabe cómo. Carece de criterio porque lo vendió a la troika y sus adláteres. Y cierra la puerta a los refugiados del cercano oriente “por si entre ellos se cuela algún terrorista”.
Para él la democracia se limita a un pacto entre el PP y el PSOE, sin rechistar. Lo demás, es humo, ceniza y mal olor. Así, qué fácil es conservar el radicalismo. Porque, también, ni siquiera soporta a sus contrincantes políticos. Cambia de parecer según el día y el termómetro, y condiciona su investidura a que sea él quien la encabece.
Eso sí, con Podemos, ni verlo. Un desbarajuste de individuo que, afortunadamente, se va para no volver. Lo retiran, no es él quien deja la presidencia. Pero en sus patadas de ahogado insiste en postularse como candidato si hay nuevos comicios. Trata a la gente de su partido como si fueran súbditos del gurú de la Dianética.
Mire, señor Rajoy, le dicen, política es el arte de convencer para gobernar, no del mal gobernar para imponerse. Es una regla de tres bien sencilla. No lo entiende porque él no es bueno para las matemáticas avanzadas.
Considera un despropósito recuperar la Memoria Histórica, derogar la Ley Laboral e impedirle que continúen los buenos resultados económicos que proclama, sin argumentos.
Con ese criterio, ni a la esquina, le contestan desde la oposición con dureza y con razones. No escucha es autista y presumió de ello en la pasada legislatura.
Ahora intenta recuperar terreno, sale en televisión y radio para que lo escuchen. Vuelve a equivocarse. “Hay que hacer máquinas porque son muchas máquinas y porque las máquinas no pueden resolver nada”. ¿Entiende usted este lenguaje?
Mientas tanto, hay que reconocer que ninguno de los cuatro partidos más importantes de España propugna la independencia de Cataluña. Sin embargo, Sánchez, Rivera y Rajoy dijeron que “Podemos quiere romperla. No es constitucionalista”.
Lo que Pablo Iglesias expresa es que hay que auscultar a los catalanes para conocer su opinión y, simultáneamente, revisar la Carta Magna para dar la debida importancia y reconocimiento a las regiones que tienen lengua y costumbres propias. Siempre dijo que está en contra del secesionismo catalán pero que es necesario el diálogo con la minoría importantísima que se manifestó a favor de abandonarnos.
En las últimas horas la situación de incertidumbre se mantiene y agrava. Nadie se apea de su cabalgadura. La gente todavía no lo toma muy a pecho. A juzgar por la última encuesta realizada por el CIS sólo el 1.4% de la población se preocupa por ello.
El principal motivo de inquietud ciudadana es el paro, la corrupción, que aumenta diez puntos, y la pobreza.
Hay quienes están convencidos de que en esta nueva etapa de negociaciones se llegará a un acuerdo y tendremos presidente del gobierno. Las opiniones están muy divididas y se extreman a medida que pasan las horas.
Porque, en cualquier momento, la abstención de alguno de los partidos políticos podría darle a Pedro Sánchez la titularidad.
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