El voto duro será el definitorio

 

Aun cuando todavía nos encontramos relativamente lejos del proceso electoral de 2018, las compuertas de la sucesión se están abriendo anticipadamente.

El presidente Peña Nieto declaró que vivimos un tiempo distinto donde ya no existe la regla no escrita de que “el que se mueve no sale en la foto”, hoy por hoy, el desempeño y popularidad de los aspirantes será el que determine las candidaturas para 2018. Al mismo tiempo que aparecieron estas declaraciones, se publicó una encuesta que analiza a los candidatos de todos los partidos, sus posibilidades, e incluso, plantea escenarios entre los distintos aspirantes.

El antiguo sistema que nació con Plutarco Elías Calles decidía la sucesión adentro del partido oficial, llámese PNR, PRM o PRI; al principio, las fuerzas integradoras posrevolucionarias en un solo partido, permitió que la figura del jefe máximo influyera en la designación de Pascual Ortíz Rubio, Emilio Portes Gil, Abelardo L. Rodriguez y el propio Lázaro Cárdenas, quien rompió las cadenas del “maximato” e inició el régimen del presidencialismo fuerte. Miguel Alemán, al construir el PRI, desapareció el poderoso sector militar dando inicio al gobierno de los presidentes civiles, cuya sucesión se desarrolló fluidamente, bajo el factor fundamental de la decisión del presidente en turno; así transitaron Adolfo Ruíz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, este último por instancias externas decretó la sana distancia con el PRI y abrió la puerta para que durante dos periodos consecutivos gobernara el PAN.

Habrá que subrayar que Vicente Fox no pudo imponer candidatura de su sucesión en su propio partido, que él había arrebatado en su propia postulación, pagándole con la misma moneda Felipe Calderón, quien tampoco pudo imponer su sucesión y volvió a entregar el poder al PRI con la actual presidencia de Enrique Peña Nieto.

Todos estos fenómenos sociales vinculados a la política externa dan como resultado que la alineación de los partidos sea compleja, plural y dispersa, de tal suerte que es muy probable que, en estas nuevas circunstancias, ese sufragio fraccionado permita que el ganador sea aquél que conserve su mejor voto duro.

En el PRI las últimas encuestas favorecen al secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, aunque también compiten el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso; el de Desarrollo Social, José Antonio Meade, e incipientemente el de Educación, Aurelio Nuño, quien se encuentra en una frenética campaña mediática, pero su rapidez puede convertirse en un bumerang que canse a la sociedad, y, desde luego, contiende Manlio Fabio Beltrones, probablemente el favorito de la militancia. En el análisis final jugará un papel, lo quiera o no, el presidente Peña Nieto.

El PRI junto con el Verde conservará al menos 32% de la votación, que podrá ser suficiente para obtener el triunfo.

En el PAN se vislumbran tres candidatos: aparentemente puntea la esposa del expresidente Calderón, Margarita Zavala, con dos posibilidades, la de su propio partido o una candidatura independiente; por otro lado, aparece el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien está apostando su capital político a que el PAN gane Puebla con Gali Fayad, Veracruz con Miguel Ángel Yunes y Oaxaca con Estefan Garfias, los dos últimos fueron cercanos colaboradores de su operador Diódoro Carrasco; finalmente se promueve el actual presidente del PAN, el joven Ricardo Anaya, que ha quemado su capital político en diversas confrontaciones internas.

En el PRD sólo se ve un candidato posible que pueda hacer despuntar ese partido, el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera.

En Morena, no hay duda, una vez más está en campaña el carismático Lopez Obrador, que tiene una enorme cantidad de seguidores, pero que también acumula fuertes negativos por su largo desgaste.

Los demás partidos jugarán papeles de alianza, de acuerdo con sus intereses.

Sin embargo, hay nuevos elementos en la contienda: a partir de la reforma constitucional al artículo 35, se permiten las candidaturas independientes, como una realidad ya comprobada, que en su conjunto podrán captar más de 10% de los votantes totales en 2018, es decir, poco más de 8 millones de votos.

Todo este panorama, que será clarificado después de las elecciones de los 12 gobernadores en junio, parece que permitirá que el partido con mayor voto duro sea el triunfador de 2018, y ése, sin la menor duda, es el partido en el poder.