(Primera de dos partes)

Raúl Renán: el maestro, el amigo, el editor, el encargado de la palabra, el escritor, el reinventor y explorador del lenguaje poético…, y más, mucho más es la presencia del “Muchacho”, como se le ha llamado en muchas ocasiones, al escritor que viera la luz en la tierra blanca yucateca un día de la Candelaria (2 de febrero) de 1928, y donde percibiera la vida en su esplendor total, la vida, sobre todo ésa, la que fuera de mucho esfuerzo. La que él, Raúl Renán, no sólo sobrevivió, sino que la reinventó, la hizo suya, le dio el gesto, el eterno gesto de juventud. Si bien no le fue fácil, en ningún momento se le hizo imposible. Repito, no le fue fácil, porque tuvo que enfrentar muchas penurias de muchos tipos, mas su esfuerzo, vitalidad y genio, lo traslada hoy a celebrar sus 88 años. Una celebración que, entre otros agasajos que debió recibir, fue La feria de los ochos, lectura colectiva que promovió y llevó a cabo la Casa del Poeta el pasado 10 de marzo; entre los amigos de Renán convocados fueron Armando González Torres, Sinué Huerta, Daniel Irineo, Nicolás José, Rafael Mondragón, Verónica Ortiz, Javier Perucho, Daniel Téllez, Hernán Bravo Varela y quien esto escribe; además, por supuesto, la presencia del escritor celebrado.

Los comentarios hacia Raúl Renán tuvieron un punto de acuerdo: la generosidad del poeta en su amistad, en su labor académica, en todo lo que brinda su ser. Y él lo dejó notar, una vez más, en sus poemas inéditos que preparó para la ocasión y con los que cerró la noche. Un par de esos poemas están dedicados a sus nietos Andrés Márquez Renán y Ana Márquez Renán. Aquí uno de esos poemas y en la siguiente entrega el dedicado a su nieta de 13 años: “Andrés Márquez Renán (9 años)”: “En un patín aéreo/ con las alas en los brazos abiertos,/ vuelas en la escuela sobre dieces/ y en el futbol con un gol oportuno/ que eleva el equipo escolar/ a la altura de Messi.// Aner, Andrós, Andreu, Andrea/ hombre varón varonil/ está el mundo todo listo/ para hacerlo tuyo/ como quieren tus preguntas averiguadoras/ sabrás que la luz nace de los ojos puros de las niñas/ y la sombra sube a buscar la noche/ para reinar unas horas.// Los niños como tú/ crecerán a golpe de calcetín/ y ganarán siempre,/ porque tú no naciste para perder/ díganlo los triunfos de tu coraje.// Ante un plato de pasta con mantequilla/ revelas Andrés tu apetito de vida”. Sin duda, el reinado de este poema radica con mucha fuerza en el carácter firme, visionario y noble de Renán, y lo acentúa como si se tratara de un fondo de agua en los versos aquí dados.

Gran porción del destino de Raúl Renán, ha sido su carácter, el que es de altos logros en nuestras letras. Su carácter, el mismo Renán lo expone con lo que a él mismo lo trasciende: su obra. Por otro lado, todo lo que ha recibido Raúl Renán, es apenas una breve porción de lo que él ha entregado con sobreprecio. Su nombre, su apellido, fue uno de los primeros pagos que él tenía que hacer, y así lo hizo para adjudicarse un nombre, algo en lo que ahondaremos en la siguiente entrega.