Informan investigadores japoneses
Hace 40 años aparecieron en el mercado los primeros productos envasados con un plástico ligero, resistente y reciclable, el tereftalato de polietileno (PET, por sus siglas en inglés), que en pocos años invadieron la tierra y los océanos de nuestro planeta, pues su enorme producción supera la velocidad de reciclado.
Podría decirse que actualmente no hay ningún poblado, por más aislado o pequeño que sea, en el que no se encuentre algún producto o derivado del PET, pues se emplea tanto en prendas de vestir como en envases de bebidas embotelladas (refrescos, jugos, agua potable); por lo que su reciclado es un grave problema, que aparentemente tendrá solución.
El plástico maravilla
En 1941, los investigadores británicos R. Whinfield y J. T. Dickson patentaron el PET como un polímero para fibra, que se obtiene de la condensación del etilenglicol y el ácido tereftálico. Este plástico tiene tres tipos o grados fundamentales: grado textil, grado botella y grado filme.
El textil fue el que primero se popularizó, hacia 1955 se empezaron a confeccionar prendas de vestir con esa fibra, mejor conocida como poliéster. El grado filme, ya casi está en desuso, pues se emplea para la fabricación de películas fotográficas, de rayos X y de audio.
Por último, el grado botella, que se introdujo a mediados de la década de 1970, es ahora el más popular y de gran crecimiento, ya que se usa para el envase de bebidas, productos alimentarios, lubricantes, detergentes, productos de limpieza, productos para tratamientos agrícolas, así como en embalajes especiales, marcos y en la industria de la construcción.
El problema es que si bien es cierto que se puede reciclar totalmente, resulta difícil recuperar los envases ya usados para hacer el reciclaje. Se estima que cada año se producen 56 millones de toneladas en el mundo, de los cuales tan sólo se recicla 14 por ciento. De acuerdo con datos de 2009, Japón reciclaba 77.9 por ciento de las botellas de PET; los europeos 48.3 por ciento; Estados Unidos enviaba a reciclado 28 por ciento; Brasil, líder latinoamericano en reciclado de PET, tenía una tasa de 55.6 por ciento de reciclaje.
Esos datos explican la acumulación de envases de PET en tiraderos terrestres y marinos, que están “enmicando” el planeta. Pero es posible que la bacteria Ideonella sakaiensis 201-F6, recientemente descubierta, contribuya a solucionar este problema de acumulación de envases de PET.
Rápida evolución
Investigadores japoneses encabezados por Kenji Miyamoto, Shosuke Yoshida y Kohei Oda, del Instituto de Tecnología de Kyoto y la Universidad de Keio, entre otros centros de investigación, informaron del hallazgo de esa bacteria que se alimenta de PET.
En su artículo “A Bacterium that Degrades and Assimilates Poly(ethylene terephtalate)” (Una bacteria que degrada y asimila el tereftalato de polietileno), publicado en la revista Science del 11 de marzo, Miyamoto y colaboradores refieren que analizaron 250 muestras de los desechos de una planta de reciclado de botellas de PET, las cuales incluyeron suelos, sedimentos, aguas residuales y lodos activos.
En la muestra número 46 encontraron una mezcla de bacterias, levaduras y protozoarios, de la cual aislaron una bacteria capaz de degradar y asimilar el PET. Esta bacteria la identificaron como una nueva especie del género Ideonella (descubierto en Suecia en 1994) a la cual llamaron Ideonella sakaiensis.
La bacteria codifica (produce) dos enzimas, que también eran desconocidas, la PETasa y la MHET hidrolasa. La primera transforma el PET en el ácido tereftálico mono(2hidroxietilo); cuando la bacteria ingiere este compuesto, la MEHT hidrolasa convierte el compuesto en dos: el ácido tereftálico y el etilenglicol; es decir que revierte la reacción química de condensación que dio origen al PET.
Los investigadores han referido que se conocen otras enzimas semejantes en 51% a su estructura, por lo que la aparición de éstas en la bacteria Ideonella sakaiensis en un tiempo muy corto (75 años si se toma en cuenta que en 1941 se logró la síntesis del PET), representa un reto para la biología evolutiva.
Por lo pronto, es conveniente realizar otros estudios que demuestren la presencia de la bacteria en plantas de reciclaje de PET; posteriormente se podría pensar en el empleo industrial de esta bacteria aliada, la cual realiza en unas seis semanas el proceso de degradación y asimilación de PET. Y, por supuesto, los biólogos evolucionistas podrán estudiar en paralelo el proceso de evolución de esta bacteria aliada.
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f/René Anaya Periodista Científico
