Misoginia canallesca en medio de la injusticia
El PRI, entre los políticos que impone como gobernadores, obsequia a los mexicanos con verdaderas fichitas: individuos ladrones, tipejos ignorantes, indolentes, violadores de derechos humanos, administradores ineptos y otros especímenes de esa fauna nociva que ha cancelado las esperanzas de una sociedad que legítimamente aspira a vivir con un mínimo de bienestar.
Por supuesto, hay algunos priistas que como gobernadores han actuado con decencia y eficacia, con conocimientos de la ley y de la tierra, con respeto por los ciudadanos y una continua preocupación por tener un buen desempeño. Sí, hay priistas honrados y eficientes, aunque lamentablemente sean meros garbanzos de a libra.
Para desgracia de todos, lo que abunda son los gobernadores criticables por alguna de las causas señaladas al principio de estas líneas, individuos que dejan mal sabor de boca en sus estados. Lo que tampoco es frecuente es que un gobernador reúna todos los defectos, pero los hay. Uno de ellos, para vergüenza de los priistas, es un torvo individuo llamado Javier Duarte de Ochoa, quien malgobierna ese estado maravilloso, orgullo de todos los mexicanos, que es Veracruz.
Su gestión, que afortunadamente se acerca al final, ha sido una cadena de tonterías, mentiras y desatinos que han lesionado el tejido social y han tenido un alto costo para la convivencia y lo tendrá para su partido en las próximas elecciones. Un caso que ilustra sobradamente la vileza del señor Duarte es su relación con la Universidad Veracruzana, a la que ha escamoteado más de dos mil millones de pesos, hecho que hoy tiene a esa institución en un predicamento.
Pero el desgobierno se evidencia en la vida diaria. Veracruz es tierra de nadie, reino sin ley ni justicia. El 2 de agosto de 2013 fueron secuestradas en el pequeño municipio de Actopan, por elementos de la policía estatal, 20 personas entre las cuales había menores, mujeres y ancianos. Hasta ahora nada se sabe de esos “desaparecidos”, y sus familiares son espiados y amenazados para que dejen de buscar a sus parientes.
Para mayor oprobio, Veracruz tiene el récord de periodistas asesinados y la garra de los criminales ha llegado hasta la capital del país. Pero el señor gobernador, lejos de preocuparse por tan siniestro historial, todavía se da el lujo de amenazar a los colegas y les advierte que se porten bien si no quieren tener problemas.
Al comenzar este año, en Tierra Blanca, “desaparecieron” cinco jóvenes a manos de agentes policiacos. Un caso similar ocurrió hace unos días en Papantla, cuando policías que viajaban a bordo de las patrullas municipales 060, 061 y 084 secuestraron a tres muchachos, modestos trabajadores a quienes los genízaros de Duarte consideran víctimas propicias para sus tropelías.
El 3 de enero, una chica de 17 años fue víctima de abuso sexual por parte de cuatro juniors, uno de ellos hijo del director general de Pesca del gabinete de Javier Duarte.
En un video que ha circulado ampliamente, los cuatro rufianes confiesan su culpa, pero las autoridades veracruzanas los han protegido, y tanto, que la Fiscalía estatal emitió un comunicado que es un monumento a la ignorancia jurídica y a la perversidad burocrática, pues según ese documento, “el proceder de los jóvenes cuando son menores de edad es responsabilidad de sus padres o de quien tenga su tutela, en caso de ser mayores, es responsabilidad de cada quien actuar de conformidad con las normas establecidas, y no del gobierno del estado”.
Y mientras el gobierno de Duarte avala barbaridades como las del fiscal, en redes sociales se desata el machismo que condena a la víctima por salir con sus amigas o por usar falda corta. Misoginia canallesca en medio de la injusticia.
