Lo que sucede en la capital del país en materia ambiental no es privativo de ese punto de la geografía mexicana. A menor escala, quizá, sin el impacto mediático que vive la Ciudad de México, pero el resto del país va que vuela, aunque sea en primera o segunda, al mismo escenario de crisis y preocupación.
Los mexicanos no tienen una cultura ambiental o de respeto al medio ambiente. No se ocupó nunca, hasta hoy, de prevenir el grave problema. Tampoco hay en operación verdaderos programas ambientales que tracen metas en resultados a corto, mediano y largo plazo.
En el tema ambiental, como en muchos otros órdenes de su vida social (que no de socialité), como es la económica, política, en salud y educación, escasean los proyectos y se abusa en cambio de la atención a las contingencias, es decir, cuando ya se tiene el problema sobre la cabeza y a punto de explotar.
La prueba más fehaciente de ello es el programa Hoy No Circula, convertido en programa emergente de contingencia ambiental rebasado por la realidad capitalina, dejando de lado su vena preventiva.
Entre preocupado y no, el resto del país observa cómo la Ciudad de México y sus autoridades han iniciado una lucha, evidentemente en desventaja, para alcanzar el de estabilidad perdido.
En un intento por abonar al tema, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, anunció su plan de modificar rutas de transporte e invertir 500 millones de pesos para comprar nuevas unidades, porque las actuales ya no deben seguir circulando ante el riesgo ambiental que representan.
El proyecto de Mancera se fortalece con la declaración de los especialistas del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, quienes han recalcado a la necesidad de fortalecer el transporte público de calidad y renovar las flotas vehiculares e impulsar la corresponsabilidad del ciudadano para mantener sus vehículos en las mejores condiciones.
A la Ciudad de México le urge, de verdad, el desarrollo de un programa de movilidad que entienda como se mueven los habitantes de la megalópolis.
Eso es algo que se ha marcado desde hace tiempo y pareciera que hasta hoy se toma en serio. No por nada hoy está catalogada como la segunda ciudad más congestionada a nivel internacional.
La propuesta de Mancera de renovar las rutas de transporte e invertir cientos de millones de pesos en la renovación del parque vehicular, es importante, pero es una estrategia que debe ir acompañada por una profunda campaña de reflexión y participación social, sin ello, cualquier intento quedará en otro mero programa de atención a la contingencia ambiental y ya no se está para eso.
Los capitalinos están conscientes de su realidad ambiental, pero necesitan el empuje para ser parte de la solución y no simples testigos a distancia de lo que está ocurriendo, marcando un precedente que pudiera repetirse en el resto del país para evitar la descomposición del entorno que la CDMX ha alcanzado.
