Sin saldar, la deuda con el campesinado

 

A casi cien años de la desaparición de Emiliano Zapata, este domingo 10 de abril, cuando circule este número de Siempre!, se cumplen 98 años de la artera traición de una facción carrancista que lo emboscó y asesinó en la Hacienda de Chinameca. Zapata creó las primeras comisiones agrarias, estableció el crédito agrícola, además inauguró la caja rural de préstamos en Morelos. En octubre de 1915, el gobierno de la Convención promulgó la ley agraria.

La importancia histórica de la lucha agrarista zapatista es tal que, pese a todo, sus ideales y su recuerdo continúan grabados en el ideario social de los mexicanos.

Es cierto que un siglo después, nuestro país es otro casi totalmente distinto. Era un país, eminentemente rural, con una importante producción agrícola, minera, que comienza con la extracción y producción de petróleo; comunicado por ferrocarril y telégrafo y, sobre todo, con una enorme desigualdad social.

Hoy, México es fundamentalmente urbano, con una gran diversidad productiva industrial, que pese a todo se ha insertado en el mundo globalizado, pero sigue siendo un país con una gran desigualdad social, en el cual sobreviven más de la mitad de la población que sufre algún grado de pobreza.

Es indudable también que el problema central del campo no es ya el reparto agrario. Los grupos victoriosos de la Revolución de 1910 diseñaron un esquema de producción y distribución, aportando y controlando todos los insumos para los productores, en el cual el crédito, la semilla, el agua, el fertilizante, todo era un instrumento, sí, de producción, pero fundamentalmente de control político.

Con la instrumentación del modelo neoliberal, en los tempranos años ochenta, se abandonó ese esquema y el principio del Estado de soberanía alimentaria, y se modificó el modelo de producción por uno de sustitución de importaciones y de suficiencia alimentaria.

El caso es que hoy, ciertamente, cohabitan una agricultura de primer mundo, con innovaciones tecnológicas que le han permitido al sector agroalimentario ser el motor del crecimiento económico y revertir la balanza comercial que, después de décadas, es ahora superavitaria.

Solo que en paralelo, en el campo, están las comunidades más pobres, los pueblos originarios que viven en un atraso tal, que parece que los cien años trascurridos se congelaron; ésa es la población con mayor atraso educativo, con carencias de agua potable, drenaje sanitario, escuelas, hospitales y un largo etcétera.

Y hoy no producen sus alimentos, y los proyectos productivos siguen sin funcionar para ellos. Por eso, la lucha de Zapata continúa viva, porque el gobierno de la republica no ha podido saldar la deuda histórica con todos los campesinos mexicanos. Por ello debemos conmemorar al hombre que luchó por los derechos e ideales de los campesinos.