Relaciones Exteriores no explica los motivos
Fueron muchos los esfuerzos del Gobierno mexicano para lograr que Miguel Basáñez fuera nombrado embajador de México en Estados Unidos. Su perfil académico, su trayectoria profesional y su experiencia en el ámbito internacional fueron ponderados y exaltados en su proceso de designación. En su momento, fue considerado por el actual gobierno como el mejor perfil para representar los intereses de México en Estados Unidos.
¿Qué cambió de un momento a otro? ¿Qué elementos irrumpieron o se consideraron para la destitución —hay que llamar a las cosas por su nombre— del embajador de México en Estados Unidos, a casi ocho meses de su nombramiento?
No se trata de un asunto menor: la representación de México en Estados Unidos resulta de la mayor importancia para las relaciones bilaterales. No tenemos que abundar en la magnitud que este encargo diplomático tiene para ambas naciones.
Fue una decisión sorpresiva del Presidente de la República, cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció, el 5 de abril, que Miguel Basáñez era destituido y en su lugar se nombraba a Carlos Manuel Sada Solana.
Después del anuncio, la canciller Claudia Ruiz Massieu señaló que la destitución del embajador de México en Estados Unidos se debió a que nuestro país requiere de una postura diplomática más firme para hacer frente a las declaraciones del precandidato republicano Donald Trump en contra de México.
Ahora resulta que después de un año, de que un día sí y el otro también Trump se dedica a insulta a nuestro compatriotas, la cancillería y el gobierno se dan cuenta de que debemos tener una posición más firme. ¿Qué acaso Basáñez, con su perfil y su experiencia, no podía hacer esto?
Los tiempos y los modos con los que se realizó esta sustitución contrastan con los protocolos con los que se maneja nuestra política exterior, tan cargada de códigos y formas sutiles. Se sabe que los relevos precipitados, como es el caso, en las representaciones diplomáticas se producen básicamente por dos motivos. El primero, por tratarse de una petición del gobierno en el cual se es embajador; el segundo, cuando el representante diplomático discrepa de la línea o de los parámetros del gobierno al cual representa.
El boletín de Relaciones Exteriores no explica los motivos. Nunca se menciona por qué Basáñez dejó de ser el hombre ideal para representar los intereses de México con su vecino y principal socio comercial. En sus líneas finales se limita a reconocer el trabajo de Basáñez y a desearle éxito en labores futuras.
Si el motivo fue el primero, es decir, una petición sutil, pero al fin y al cabo petición de Estados Unidos a México, el motivo no podría ser otro que las declaraciones de Basáñez sobre Trump, por ejemplo, las realizadas el 28 de agosto de 2015, en las cuales el entonces embajador de México en Estados Unidos mencionó que Trump tendría que ofrecer disculpas por sus dichos contra nuestros compatriotas.
En otra ocasión, el pasado 17 de marzo, en el foro Mexico Week 2016, organizado por la London School of Esconomics el en Reino Unido, también habló del paralelismo entre los años de 1920 a 1930, periodo del ascenso de Hitler en Alemania, cuando en Estados Unidos el presidente Hoover propuso algo similar a lo que Trump plantea en estos momentos.
¿Por qué el gobierno estadounidense podría tener esta actitud? Básicamente por dos motivos: primero, porque al gobierno estadounidense no le gusta que nadie opine sobre sus temas internos; segundo, porque como la han identificado varios estudiosos de la sociedad norteamericana, la precampaña de Trump, sus desplantes y ofensas en contra de los mexicanos despertaron algunos de los rasgos más xenofóbicos y conservadores de la sociedad norteamericana.
Si el motivo de la destitución fue el segundo, es decir, que Basáñez se haya apartado de la línea del actual gobierno mexicano, la verdadera razón estaría en sus declaraciones en torno a Margarita Zavala, exprimera dama y actual precandidata del PAN a la Presidencia de la República. En ese foro de la London School of Economics, Basáñez también se refirió a Margarita en estos términos: “Margarita Zavala es una gran persona, muy bien entrenada y con buenas ideas. Seguramente ella podría ser una gran candidata para el PAN y espero que el PAN la apoye. Ella ha dicho claramente que si el PAN no la apoya, ella se presentará como independiente”.
Probablemente, a la cancillería y a la Presidencia no les haya agradado que el embajador de México en Estados Unidos fuera tan proclive en sus opiniones respecto a las aspiraciones de una precandidata de una fuerza opositora al partido del Presidente.
Falta que la cancillería nos diga en qué consiste la nueva estrategia o política diplomática del gobierno mexicano, ante los ataques de Trump. ¿Qué cambiará y, sobre todo, por qué Basáñez no podía ejecutar esta nueva estrategia?
Una cosa es clara: sea cualquiera de las posibilidades que aquí se han descrito, será necesario que el nuevo embajador despliegue todos sus esfuerzos y habilidades para una defensa efectiva de los derechos de los mexicanos en Estados Unidos.
Coordinador parlamentario
del PRD en el Senado.
@MBarbosaMX
