Cuando hablamos de transgresión necesitamos un referente. ¿Transgresión en relación con qué? ¿Transgresión de qué? El erotismo nunca fue transgresor en ciertos ámbitos de las llamadas religiones paganas ni en las orientales. Pensemos, por ejemplo, en el culto a Afrodita, aunque sí haya sido transgresor respecto de la cotidianidad y del mundo laboral, que siempre fue eminentemente profano y no sagrado. En el judaísmo, el rabino Akiba sobreinterpretó el Cantar de los cantares como una alegoría y por ello este poema se mantiene como parte de la Biblia, libro esencialmente patriarcal, con un Dios masculino. Cuando hablamos de cristianismo ya cambia la cosa. Aunque haya cristianos progresistas e inteligentes en la actualidad, como la monja Ivone Gebara, esta religión en verdad desacralizó la sexualidad humana, restringiéndola a un mero fin reproductivo dentro del matrimonio; desacralizó a la naturaleza: dejó de haber árboles sagrados y piedras sagradas. Un supuesto diablo, con el que explican el “mal”, se convierte en el Príncipe del Mundo, y cuanto más cerca estemos del mundo, de la materia, más lo estamos del diablo. Esta concepción ha sido muy perjudicial para el planeta entero. Y aunque esta religión haya cristianizado los elementos paganos que le convino, como el culto al Sol en el solsticio de invierno, que se transformó en la Navidad, o las Lupercalias, que se convirtieron en las Candelarias, al desacralizar la sexualidad considerándola como impura, el cristianismo la condena cuando no tiene un fin reproductivo.
Los testimonios de anti-erotismo, misoginia, machismo exacerbado, pudor ridículo ante cuestiones sexuales, represión, odio al cuerpo (a tal grado de que en la Edad Media prácticamente nadie se bañaba) son tan numerosos, que podrían abarcar una enciclopedia entera. El erotismo es absolutamente transgresor desde un punto de vista judeocristiano, porque esta postura declara que el hombre es Rey de la Creación; que la mujer nació del varón (de una de sus costillas) y por lo tanto debe someterse a él; que el varón debe estar siempre sobre la mujer en la posición sexual; que la sexualidad humana sólo sirve para reproducirnos (“Creced y multiplicaos”… Incluso Jesucristo seca una higuera porque no daba frutos, aun cuando no era época de higos…). Esta concepción del mundo ha llegado a lo más anti-erótico y grotesco: la sábana con el agujero para que los cuerpos no puedan ni siquiera tocarse. Por ello ha surgido la pornografía como válvula de escape y abaratamiento de la relación erótica.
