“Lo bueno del deporte es que siempre hay una meta. Cada día hay algo que mejorar… y es algo que no tiene fin”.

Johan Cruyff.

Siria es un país cuya población ha tenido un detrimento de su calidad de vida por los conflictos civiles internos entre el gobierno y la oposición, además del dominio que el Estado Islámico tiene en sectores de su territorio. Esta nación del Medio Oriente tenía cerca de 18 millones de habitantes al inicio de la revolución siria hace unos cuantos años; pero actualmente organismos internacionales calculan que 4.4 millones de refugiados sirios se han desplazado fuera de sus fronteras por causa de la violencia y la marginación, además de 6.5 millones de desplazados internos en la demarcación.

En síntesis, en Siria viven cerca de 14 millones de seres humanos que requieren asistencia humanitaria, por lo que el mundo está frente a uno de los mayores retos del siglo XXI mientras el pueblo sirio padece una de las tragedias más grandes de su historia.

Es difícil construir progreso en medio de tanta violencia y con diferentes frentes tal como sucede en Siria. Más angustiante es la situación si consideramos que debido a la guerra y la crisis humanitaria su población ha descendido, y los que permanecen en su territorio tienen graves problemas para satisfacer sus necesidades básicas, como es la falta de empleo, que afecta a 36% de los jóvenes de 15 a 24 años, en especial a las mujeres de esta edad, ya que tres de cada cuatro jóvenes (71.1%) estaban desempleadas antes del inicio de la revolución; situación que también afectaba a la población adulta, ya que una de cada dos personas en edad de laborar (49.7%) carecía de un empleo en 2014; porcentaje que aumentó un año más tarde, que registro 57.7% de desocupados de la población económicamente activa, uno de los cinco promedios más alarmantes de todo el mundo. Otros datos preocupantes es la caída de la producción industrial en cerca de 5% en 2015, déficit presupuestario de cerca de 7.3% del Producto Interno Bruto (PIB) en dicho año, además de una tasa inflación de 29.2% en 2014 y 33.6% en 2015 (también entre los cinco indicadores más graves a escala internacional), por lo que el costo de la vida prácticamente se duplicó en un par de años, aunado a las desastrosas consecuencias de la guerra

La guerra en Siria deterioró en poco tiempo su economía, con pérdidas del 30.9% del crecimiento del PIB en 2010, -36.5% en 2011 y -10% en 2012, es decir, antes de la intervención del Estado Islámico; estadísticas que sitúan a este desempeño económico como uno de los peores del mundo.

En medio de esta situación el futbol es un espectáculo con gran atracción en todo el orbe y no es ajeno a Siria o a los países de su alrededor. Ejemplo de este interés popular es que actualmente la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) tiene 209 países afiliados, mientras que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene 193 Estados miembros.

En el caso del seleccionado de futbol varonil de Siria, los últimos resultados han sido buenos y llevado un poco de alegría a esta sufrida nación. Con victorias como Singapur, Afganistán o Camboya. Esta actuación es más destacada si tomamos en cuenta que la localía del equipo sirio ha sido en otros países debido a la guerra que vive esta nación. Si bien fueron goleados ante el experimentado equipo de Japón, los seleccionados sirios –llamados también las águilas de Qasioun están en busca de un lugar en el próximo magno evento internacional de la especialidad, que, en el caso del continente asiático, ofrece cuatro plazas y un repechaje al mundial.

Pese a este ímpetu el equipo de futbol de Siria nunca ha logrado participar en algún mundial de futbol, pese a tener más de 65 años intentándolo. Sin embargo, de cara al certamen de Rusia en 2018 está entre los 12 países finalistas de la región que buscarán en los próximos meses clasificarse al máximo torneo. El desafío no es fácil, ya que otras federaciones como Japón, Corea del Sur, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Australia, Qatar, China, Irán, Tailandia, Irak y Uzbekistán tratarán de lograr ese objetivo.

No es la primera vez que un país en conflicto busca clasificarse a un mundial de este deporte. En 1969 Honduras y El Salvador tuvieron “la guerra del futbol” que realmente fueron otros conflictos sociales lo que la originaron, pero un juego entre ambas selecciones coincidió con la efervescencia de las tensiones, aunque finalmente el equipo del Cuscatlán participó un año en México 1970.

También está el ejemplo de países como Croacia que tuvo una gran actuación en 1998, posterior a la guerra de desintegración de Yugoslavia. O la experiencia del equipo de Serbia y Montenegro, que se separaron justo cuando este equipo disputaba el mundial de Alemania 2006.

Si bien el equipo de Siria aún no puede disfrutar del apoyo de sus connacionales en pleno juego se ha esmerado para dar un mensaje de aliento con su participación en la eliminatoria. El balón seguirá rodando en espera de la paz en este país de oriente medio.

*Doctor en Humanidades, Universidad Latinoamericana.