Las aristas de la globalización
La globalización contemporánea en que nos encontramos inmersos ha modificado muchas cosas. Esos cambios nos han permitido atestiguar, en los últimos años, fenómenos muy interesantes relativos entre otras cosas a cómo se ventilan temas que antes estaban reservados al espionaje y en no pocas ocasiones terminaban en enfrentamientos bélicos.
Las muy bellas novelas de espionaje y sus correspondientes filmes seguramente seguirán escribiéndose y filmando y extrañaremos ese rocambolesco estilo de vida que inmortalizaron a Ian Flemig y a James Bond y sin duda El espía que vino del frío seguirá vendiendo ediciones, pero ese mundo no existe más.
En el ámbito académico, la geopolítica, esa “ciencia” incubada por Karl Haushofer, ha quedado rebasada y la búsqueda del “espacio vital” por las naciones resulta un concepto anacrónico. Lo anterior no implica que los países no se sigan espiando o que el moderno espionaje industrial e intelectual haya muerto o que desparezcan el CISEN, la CIA, el Mossad y todas las agencias de espionaje, y por supuesto que ya no vaya a haber guerras. Es sólo que ahora se espía diferente, la información se filtra y manipula distinto y las confrontaciones se plantean, preparan y dilucidan en otros ámbitos y de manera inédita.
Hoy la tecnología cibernética ha cambiado todo, ahora es posible saber todo o casi todo de todos o de casi todos, desde una pantalla es posible conocer los más recónditos secretos, oír todas las conversaciones e incluso observar, en tiempo real, lo que acontece en cualquier lugar del planeta. Y de eso, parece ser, no se salva nadie.
Aún no termina la historia de WikiLeaks protagonizada por Julián Assage, que sigue refugiado en la embajada de Ecuador en Londres después de hacer públicos los mensajes secretos cursados durante décadas por las embajadas del gobierno de Estados Unidos. Esto desnudó la diplomacia norteamericana y sus políticas intervencionistas en todo el mundo. También habrá que recordar que los hackers han penetrado las computadoras del Pentágono y de grandes corporaciones financieras de todo el mundo, en ocasiones para robar dinero pero en muchas ocasiones sólo para sustraer información.
Estas últimas semanas, muchos gobiernos de todas partes del planeta se han cimbrado por las revelaciones respecto del método para migrar capitales financieros mediante la creación de empresas off shore, por el despacho panameño Mossack-Fonseca. Las interrogantes no se han hecho esperar: ¿por qué no figuran los grandes millonarios norteamericanos y sí el círculo cercano del presidente de Rusia Vladimir Putin? El lodo oculto ha comenzado a emerger, el pasado nazi y las ligas con la CIA de Erhard, padre de Jurgen, el socio del despacho panameño, ha sido revelado por los servicios secretos rusos.
Más allá de cualquier interrogante que pudiéramos hacernos aquí, como por ejemplo, ¿por qué unos mexicanos no figuran y otros si?, el caso es que, por lo pronto, hemos visto exhibidas a personas como el nuevo presidente argentino Macri, el premier de Islandia, el inglés Cameron y cualquier cantidad de famosos. Lo cual nos lleva a concluir que Orwell tenía razón, pero se quedó corto.
Y en México, esperaremos que el SAT investigue el origen del dinero de los connacionales inmiscuidos, que constituye, en este caso, la resolución del misterio, tal y como ha prometido.
