La poesía es una presencia que encarna en la historia y en el futuro, en la pulsación del tiempo; en el lenguaje, polvo infinito que sube como enredaderas entre cada ser; en la vida y en la muerte, sangre vertida en la mirada que atraviesa la luz. Es, como lo menciona Vladimir Rothschuh (Nicaragua, 1962) en el libro que hoy nos ocupa: “La poesía es la sustancialización del tiempo, es un caminar hacia delante o un retorno al Origen. Se va hacia el Origen sólo yendo hacia el futuro: la poesía se realiza en el más. El poeta se alimenta de lo visto y de lo oído; el más suele ser la acumulación fagopoética del entorno. Reconstruir el vacío generado alrededor de más no se podrá lograr si los puentes de la mirada no pueden retener la temporalidad: la creación es la destrucción del entorno. El poema es un fragmento de tiempo en el fluir del tiempo como la paradoja de la sobrevivencia edénica en donde el Génesis se revela como el primer acto poético; siete días como siete versos. Dios se alejó del principio y reconstruyó, del fermento mudo, el Poema”. Maravilloso delineado del escritor nicaragüense sobre la poesía.
Dentro de la colección Periodismo Cultural aparece este libro de importante mención de la poesía que enmarcaba, sobre todo, el trabajo poético de las décadas de los ochenta y noventa, Alegoría del deseo. (conaculta, México, 2015; 187 pp.).
Rothschuh recopila en este libro una selección de su trabajo sobre la poesía que publicó en revistas y diarios como Vuelta, Siempre!, El Heraldo de México, El Sol de México, El Financiero, El Heraldo de Puebla, entre muchos otros, así como en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica o la Gaceta de la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM, y varios medios más.
Alegoría del deseo es un libro que, enfocado en la novedad de su tiempo, hoy es de celebrar su permanencia.
