¿Será clave para procrear niña o niño?

Todavía hace algunas décadas, los futuros padres permanecían intrigados acerca del sexo de su hijo, incluso se cruzaban apuestas o se recurría al conocimiento tradicional de los abuelos que descifraban ciertas formas del vientre de la embarazada para averiguar el sexo del bebé en gestación. Pero, con el uso y abuso de la ecografía, se terminó la magia y la expectación.

Lo que continúa es la búsqueda de remedios, conjuros, posiciones, costumbres y otros artilugios que proporcionen la clave para procrear una niña o un varón. Sin embargo, de confirmarse un reciente estudio, también se acabará ese encanto de lo inesperado.

Como virus sublimados

La ancestral creencia en que el ser humano era el último y refinado eslabón evolutivo o que fue creado a imagen y semejanza de un ser superior ha sido rebatida por la experiencia y el conocimiento científico en los últimos siglos, aunque algunos empecinados defensores de la creación divina se niegan a reconocerlo.

Lo cierto es que, además de la comprobación de la teoría de la evolución de Darwin, y de la evidencia de nuestro parentesco genético con los primates y hasta con los microorganismos, la investigación científica se continúa encargando de situarnos justamente en el lugar que nos corresponde en el ecosistema terrestre.

La obtención del genoma humano en 2005 significó otro duro golpe para quienes creían en la superioridad de nuestra especie, pues de los 40 000 genes que nos componen, la mayoría tiene su contraparte en el ratón; pero eso no es todo, la mosca de la fruta tiene la mitad de sus genes equivalentes a los nuestros, en el gusano Caenorhabditis elegans 40 por ciento de sus genes son equivalentes a los humanos y la tercera parte de los genes del hongo Saccharomyces cerevisiae, mejor conocido como levadura, es equivalente a los nuestros.

Además, ahora se sabe que el microbioma humano (número total de microorganismos y su material genético presente en nuestro cuerpo) juega un papel importante en la regulación de nuestras funciones, incluso se ha estimado que 90 por ciento de nuestro organismo está conformado por el microbioma, por lo que resulta necesario estudiar nuestras bacterias como a nosotros mismos.

Pero no sólo eso, también se sabe que más de 40 por ciento de nuestro genoma está compuesto de duplicaciones virales, provenientes de virus que hace 1 500 millones de años se integraron al ADN (ácido desoxirribonucleico) de los mamíferos. En otra estimación, se considera que 8 por ciento de nuestra información genética corresponde a fragmentos virales; asimismo, se ha demostrado que en nuestro genoma se encuentran dos virus completos, uno de ellos probablemente proporcione protección al feto en contra de toxinas maternas. Por lo tanto, somos virus sublimados.

Los virus y el sexo

Nuestra deuda con virus y bacterias no se detiene allí, el 30 de marzo se dio a conocer en la revista Nature que un fragmento del otro virus de nuestro ADN puede determinar el sexo de las crías de ratones. Andrew Z. Xiao, del Departamento de Genética y Centro de Células Madre de la Escuela de Medicina de Yale, al frente de un grupo de investigadores informó su descubrimiento.

Xiao y colaboradores encontraron que las células madre embrionarias de ratones (células capaces de convertirse en cualquier tipo de célula especializada) tenían muchos fragmentos virales en el cromosoma X. Cabe mencionar que los ovocitos tienen únicamente cromosomas X y los espermatozoides pueden tener cromosomas X o Y, si se unen dos cromosomas X, se desarrolla una hembra, si la unión es entre un cromosoma X y otro Y, se gesta un macho.

Los investigadores observaron que, si ese fragmento viral estaba activo dentro de los límites normales, el resultado sería una proporción similar de crías de machos y hembras. Pero si se manipulaba ese fragmento para “silenciarlo” o inactivarlo, se bloqueaba el cromosoma X, por lo que era más probable que la combinación XY sucediera durante la fertilización y que naciera un mayor número de machos.

El proceso solamente se ha probado en ratones, faltan más experimentos en otros mamíferos y en el ser humano para comprobar el papel de ese fragmento viral en la determinación del sexo. Por lo pronto, Xiao ha señalado que “estos virus parecen permitir al genoma de mamíferos evolucionar de forma continua y también pueden traer inestabilidad. Aparte del embrión, los únicos lugares en donde se ha encontrado activo es en los tumores y en las neuronas”.

Este descubrimiento le inquieta a Xiao, como ha planteado: “¿Por qué la proporción de sexo en los mamíferos son determinados por un remanente de un antiguo virus? Es una pregunta fascinante”. Y los investigadores están decididos a responderla.

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico