Tras su partida

La semana pasada, los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) entregaron su último informe sobre la investigación de los 43 estudiantes desaparecidos. Después de ello se anunció que abandonarían el país.

¿Qué nos dejaron? ¿Qué aportaron a la investigación? ¿Sus aportaciones ayudaron a conocer el paradero de los normalistas?

En primer lugar, La Razón de México, un diario de circulación nacional, señalaba que “los expertos cobraron 2.5 millones de dólares”, con un resultado de 605 páginas sin una hipótesis concluyente sobre el paradero de los 43 normalistas.

La publicación da mayores de detalles de cómo fue que se gastaron ese dinero, habla de la contratación de abogados, transcriptores, peritos, informáticos y enlaces de prensa, así como los sueldos de Ángela Buitrago, Francisco Cox, Claudia Paz y Paz, Carlos Beristain y Alejandro Valencia.

Creo que aunque el gasto es excesivo, bien lo valía. Es decir, para los padres de los normalistas, para la sociedad mexicana y para el gobierno de la república, conocer qué fue lo que sucedió aquella noche en Iguala es un asunto fundamental. Evidentemente porque estamos hablando de la vida de 43 personas desaparecidas, más las seis que lamentablemente perdieron la vida el día de los hechos.

También porque el caso de Iguala significó el detonante de la más grave crisis de seguridad y confianza para la actual administración federal; para el presidente Enrique Peña Nieto era indispensable que esta investigación fuera concluyente, por ende fue el propio gobierno el que invitó al GIEI a investigar los hechos.

No obstante, el GIEI tuvo algunas actitudes que dejaron mucho que desear, sobre todo cuando aseguró ser víctima de una campaña de desprestigio. Acusación que sorprende si recorremos tan sólo un poco el pasado de los expertos, algunos provienen de países en donde enfrentaron verdaderos regímenes dictatoriales.

En segundo lugar porque se empeñaron en exigir algunas cosas que ciertamente el Estado mexicano no puede brindarles porque vulnera la soberanía nacional; a partir de ahí tejieron un red de acusaciones de censura y bloqueos, de lo cual no hay prueba de que hubiera ocurrido.

Lo más lamentable de su partida es que aún no sabemos qué pasó con los 43 estudiantes desaparecidos; sabemos que desecharon la “verdad histórica” y detectaron algunas de sus fallas, no obstante, lo más importante aún sigue en el limbo: ¿qué pasó con los 43 estudiantes desaparecidos?

Lo peor es que la verdad y la investigación está tan desprestigiada que, en este punto, pareciera que jamás sabremos qué fue lo que sucedió con los 43 normalistas, la manipulación política del caso por parte de algunos grupos políticos ha sido tan dañina que acrecentó la desconfianza sin motivo.

Si el día de mañana llega otro grupo de expertos y da una nueva versión de los hechos, ¿le vamos a creer? Es decir, ha sido tanta la propaganda que han utilizado ciertas esferas —con todos los fines, menos sin duda saber la verdad—, que los más perjudicados son los familiares de los estudiantes y los mexicanos que una vez más nos quedamos sin conocer la verdad de esa inolvidable noche.