En el Foro Así que pasen cinco años, concluye este fin de semana la exitosa temporada de El entierro de la libélula, original de Juan Carlos Delgado, con dirección de Gerardo del Razo y Elena Gore, multimedia de Sara Ramos, y las actuaciones de Víctor de León, Emmanuel Lapin y Gonzalo Blanco. La puesta en escena merece ser vista y admirada por todo el público. Es un trabajo que en equilibrio perfecto llega a emocionar y tocar las fibras sensibles de los espectadores, apoyado en las espléndias actuaciones de De León, Lapin y el muy experimentado maestro Blanco, quien da cátedra de contención, expresión corporal y congruencia escénica en esta puesta a todas luces reveladora del joven talento que ha surgido en fechas recientes en el teatro independiente y que cocina propuestas arriesgadas, con textos como el de Delgado que abogan por contar una historia sin vacuidades ni pretenciones, para introducirse en la poética de los personajes, creando atmósferas de resignificación humana y espiritual yendo más allá de la anécdota y apelando a la reflexión de la condición humana: “Dos hermanos se lanzan a la búsqueda de su padre en el infierno; detrás, un Silencioso los sigue expectante. El entierro quizá no es tanto una respuesta, más que un retrato de lo que ocurre cuando de repente alguien amado se va; un retrato de las ausencias, tan presentes en nuestras vidas”, han señalado los mismos creadores.

El entierro de la libélula —título de poética hermosura— muestra una escenificación de primer orden; es magnífico el trazo, la composición plástica, coreográfica y lumínica, y son incisivas y subyugantes las interpretaciones. Encontramos en el dueto de jóvenes actores, Víctor de León y Emmanuel Lapín a dos histriones en potencia que, pese a su juventud, escalan mágicamente alturas extraordinarias de teatralidad y belleza expresiva. No podía esperarse otra cosa entonces, sino hallar en el desempeño de Gonzalo Blanco el equilibrio perfecto, la bohonomía interpretativa en un Caronte que queda ya, como los protagonistas mismos de este montaje, entre los personajes más desgarradores y sabiamente forjados de los últimos años en el teatro mexicano.

Vale la pena ver este bien estructurado y construido texto dramático de Juan Carlos Delgado, sin duda alguna, uno de los jóvenes dramaturgos ya desde ahora más prometedores, ganador con esta pieza del “Premio de dramaturgia joven”. Y su puesta en escena, mágica, escalofriante, inteligente, cálidamente teatral.

Felicitaciones al trío de creativos, Del Razo y Gore en la escena, y Ramos en el multimedia. Y congratulaciones a Juan Cristóbal Castillo Peña por ejercer de artífice de este nuevo teatro a todas luces dignificante de nuestra escena mexicana en su Sala de teatro “Así que pasen cinco años” (Cacahuamilpa 24, Colonia Condesa). Llegar hora y media antes, pues se agotan las localidades. Entrada Libre.