Trump en las elecciones de Indiana

 

El pueblo norteamericano está dividido, escindido y polarizado por las condiciones difíciles que la economía global ha producido, particularmente en contra de su clase trabajadora; es la razón del éxito de dos precandidatos de signos opuestos, ambos contrarios al sistema y a Wall Street: uno, representativo de una derecha de corte fascista y racista, y el otro, enarbolando banderas de un socialismo que en otras circunstancias no tendría mayor eco. Estos dos outsiders han entusiasmado a millones de norteamericanos que han apoyado sus precandidaturas, en el Partido Republicano a Donald Trump y en el Partido Demócrata al senador Bernie Sanders.

Respecto a la apasionante contienda que comenzó con 17 precandidatos, prácticamente la pinza se ha cerrado después de las elecciones de Indiana que, ante el triunfo absoluto de Donald Trump, en el Partido Republicano, con más de 50% de votos, obligó a Ted Cruz a retirarse de la contienda; habrá que decir que la falta de carisma y la obsesión religiosa de Cruz fueron obstáculos para que prendiera —de mejor manera— su candidatura que, sin embargo, fue la mejor después de la Trump.

En el lado demócrata, en Indiana perdió la elección Hillary Clinton, pero dados los mil 666 delegados que ya tiene, más los 513 superdelegados del establishment que la apoyan, será sin duda la candidata demócrata.

Los dados están tirados: Hillary con debilidades de falta de confianza y Donald Trump repudiado por más del 69% del voto latino y más del 55% del voto femenino.

Si las elecciones se realizaran en este mes, la ganadora seria indudablemente Hillary Clinton, pero no sabemos cómo reaccionen las masas iracundas, molestas y racistas que apoyan las ocurrencias de la política de Donald Trump, quien en su discurso triunfal del pasado 3 de mayo volvió a insistir en que la relación de Estados Unidos con los demás países del mundo es injusta, y que los apoyos financieros que ese país ha otorgado deberían mejor destinarse a proyectos de infraestructura dentro del territorio norteamericano, señalando que muchos de ellos se encuentran en peores condiciones que en los países del Tercer Mundo. Naturalmente insistió en el muro. También manifestó un triunfalismo absoluto y apoyó sus propuestas insistiendo en que la militarización de Estados Unidos debería ser más intensa, lo que nos augura —si triunfara— un futuro incierto, y por eso afirmamos que en Indiana se abrieron las puertas del caos.

Recordemos que el origen del desempleo de innumerables trabajadores de Estados Unidos se generó por la implementación de la globalización, que cambió el rumbo del viejo imperialismo, que se desarrolló sobre la base de la compra barata de materias primas a países emergentes y por la trasformación de sus grandes instalaciones industriales y su venta en el mercado mundial. Sin embargo, el nuevo modelo implicó la posibilidad de desplazar su industria hacia otras regiones, donde les produjera mayores utilidades —dados los bajos salarios y los bajos impuestos—; eso dio como resultado el aumento de la desigualdad y la pobreza en este gigantesco país.