El volumen Con-versatorias II se integra con entrevistas y poemas de autores de la generación de los cincuenta. Ricardo Venegas, coordinador de la saga, nos habla de sus hallazgos y de sus búsquedas en este importante grupo generacional. Venegas es autor de Turba de sonidos (Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008) y La sed del polvo, entre otros libros.

 

—¿Qué criterios determinan la lista de autores que se agrupan en Con-versatorias II?

—Básicamente la obra literaria. Que tuviera un peso específico entre sus contemporáneos. Leerlos y después interrogarlos sobre distintos aspectos de su obra ha sido la constante de esta saga.

—¿Qué rasgos definen a la generación de los cincuenta?

—Probablemente lo más complejo sea definir a toda una generación. A este grupo lo caracteriza el haber estudiado “carreras humanistas cuando la cultura no está de moda” y el hecho de no contar con manifiesto alguno ni declaraciones de principios, por lo que “el credo estético debe ser buscado en los poemas mismos”, como lo afirma Vicente Quirarte. La dispersión es otra característica de este grupo, su diversidad de lecturas —Baudelaire, Rimbaud, los Contemporáneos, los clásicos de la poesía española, Rubén Bonifaz, Jaime Sabines, Pablo Neruda, T. S. Eliot, Roberto Juarroz, Octavio Paz, Cesare Pavese, René Char, los poetas beat— y temas como la desilusión amorosa, la infancia, el humor, la naturaleza, el erotismo… Este grupo de poetas lleva consigo las riendas de gran parte de lo que germina en la poesía mexicana y asume los riesgos de toda generación: su propia heredad. Mucho de lo que ahora se hace en México por la cultura se lo debemos a esta generación.

Los dos volúmenes de Con-versatorias II —ya pensamos en un tercero— queda como material de consulta. Incluimos antes de cada entrevista un poema que presenta la voz del poeta entrevistado, de tal forma que también funciona como una antología de poesía de esa generación. Desde los 80 se han editado diversas antologías con el propósito de acercarnos a los poetas nacidos en la generación de los 50: Poetas de una generación 1950-1959 (1988), de Evodio Escalante, La sirena en el espejo (1990), de José María Espinasa, Víctor Manuel Mendiola y Manuel Ulacia. La propia Colección de los Cincuenta, que apareció en los noventa, subraya el lugar que estos creadores —casi todos hijos de la Asamblea de poetas jóvenes de México (1980), de Gabriel Zaid— ocupan en el mapa de la poesía mexicana. La nómina de estos poetas es amplia, muchos comenzaron a publicar después de los 30 o 40 años; algunas de estas voces sólo aparecieron con su debut y despedida implícita en un solo libro.

Ethel Krauze, Mario Calderón, Verónica Volkow, José Javier Villarreal, Carlos Oliva, Víctor Hugo Piña Williams, Luis Miguel Aguilar, Héctor Carreto, José Angel Leyva, Myriam Moscona, Adolfo Castañón, Maricruz Patiño, Jorge Esquinca, Efraín Bartolomé, Javier Sicilia, Juan Domingo Argüelles, Eduardo Casar, Ricardo Castillo, Alberto Blanco, Francisco Segovia, Fabio Morábito, Luis Cortés Bargalló, Josu Landa, entre muchos otros, aparecen en el primer volumen. En este segundo libro los poetas entrevistados son: Carmen Boullosa, Sandro Cohen, Neftalí Coria, Margarito Cuellar, Jorge Humberto Chávez, José María Espinasa, Agustín García, Laura Elena González, Eduardo Milán, Juan José Ortiz García, Blanca Luz Pulido, Lucía Rivadeneyra, Silvia Tomasa Rivera, Bernardo Ruiz, Marisa Trejo-Sirvent, Alejandro Sandoval Ávila, Marianne Toussaint y Minerva Margarita Villareal. Algunos más conocidos que otros, pero todos ellos ganadores de premios, reconocimientos, becarios en un sin número de oportunidades, y con una obra de calidad que los acredita en el mapa poético de México.

—¿Los poetas de Con-versatorias II comparten un concepto similar de poesía?

—El nombre de “Generación de los 50” se le ha atribuido al poeta y crítico Arturo Trejo, que en su artículo “Nombrar la luz”, publicado en la revista Memoria de papel en 1991, habló de los creadores de esta generación, a la cual se identifica también por comprender, entre quienes la integran, a varios ganadores del Premio Aguascalientes de Poesía, si no el más prestigiado —y cuestionado—, sí el más generoso reconocimiento económico a un poeta en México hasta hace unos años. No me atrevería a pensar en una poesía uniforme, sino en una oferta variopinta que siempre ha caracterizado a la poesía mexicana. A las nuevas generaciones les interesa conversar con los poetas que les anteceden, también los lectores quieren saber de nuevos autores —aunque desde antiguo se diga que la poesía no tiene público—. En el vasto universo de la poesía mexicana ofrecemos un puente para que los interesados en la poesía puedan acercarse a uno de los momentos más vigorosos de su historia en México. El prólogo de Con-versatorias II, escrito por Evodio Escalante, dice en algún momento que “la entrevista se ha convertido en nuestros tiempos en una especie de género literario. No es la literatura en sí, pero la acompaña y la complementa”, asunto con el que estoy de acuerdo, ¿qué haríamos sin las vastas conversaciones de los escritores mexicanos, en donde el detalle nos entrega el microcosmos y las claves más próximas a su escritura?