Ahora, a mantener la unidad
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos.
Arthur Schopenhauer
Más allá de las quejas de los malos perdedores, ha quedado acreditada la eficacia electoral del PRI en los triunfos obtenidos en las elecciones de gobernadores del domingo 3 de julio.
Hay desánimo en el PAN. Hay negación en la izquierda. Ambos apabullados por el PRI y por sus propias contradicciones.
Es cierto, equivocaron el discurso, pues no funcionó la premisa de la “regresión democrática si gana el PRI”, pero también lo es que la explicable euforia entre los triunfadores, especialmente entre los priístas del Estado de México, no debe convertirse en lo que un panista, irritado, describió como “borrachera de alegría”.
Ganó el PRI porque, primero, construyó una estructura electoral con esmero y capacidad de organización. Segundo, porque eligió candidatos idóneos, adecuados a las circunstancias de cada entidad.
Pero, sobre todo, fueron eficaces porque los priístas supieron mantenerse unidos.
Sin embargo, en política no hay triunfos ni derrotas definitivas. Mucho menos hay destinos manifiestos.
Ahora el reto es aplicar las lecciones de la eficacia electoral para el proceso de la elección presidencial.
No lo conseguirán si dejan que la “borrachera de alegría” les haga pensar que ya todo está escrito.
Se equivocan los panistas y la izquierda al suponer que se repetirán las circunstancias que permitieron que en 2006 Felipe Calderón remontara la desventaja que tenía frente a López Obrador.
Pero también se equivocan los priístas si, como ocurrió en pleno proceso electoral de 2000, se ocupan más en disputar por las parcelas futuras del poder federal que por diseñar una estrategia inteligente y eficaz que les permita reeditar el triunfo contundente del domingo 3 de julio.
Es cierto, llevan holgada ventaja, pero no pueden darse el lujo de dilapidarla en las mezquinas disputas que los ha llevado a dos derrotas consecutivas en las elecciones presidenciales.
Los triunfadores del pasado domingo deben ser humildes, reconocer que, como dijera el panista Juan Ignacio Zavala, la elección presidencial de 2012 es baraja nueva.
Su holgada ventaja les obliga a ser más prudentes, a no dilapidarla por soberbia.
Desde la perspectiva del hoy y el ahora, el PRI tiene por primera vez en 11 años la posibilidad de regresar a Los Pinos.
Desde la perspectiva de hoy, será muy difícil que la oposición panista y izquierdista les pueda derrotar.
Pero ellos, los priístas, bien pueden empezar a perder desde ahora esta oportunidad de recuperar la Presidencia de la República.
Es posible que la oposición no les pueda ganar, pero también es posible que ellos, los priístas se derroten a sí mismos si son incapaces de mantener la unidad e incapaces de entender que no hay que pelearse por la propiedad del becerro, cuando la vaca aún no pare.
Jfonseca@cafepolítico.com

