Mientras yo preparaba la edición crítica y anotada de las dos novelas más leídas de Ignacio Manuel Altamirano (Clemencia y El Zarco), edición que se publicaría en 2015 por la UNED y varias universidades españolas, otro libro de y sobre el autor tlixteco se cocinaba en México. Coordinado por Julio Moguel, esta obra contiene textos de Juan Rulfo, Altamirano, Mario Casasús, Víctor Jiménez, Jorge Zepeda, Alberto Vital, Adrián Rodríguez y Julio Moguel. Lo anterior indica el interés permanente que despierta esta trascendente figura de nuestra cultura. La obra coordinada por Moguel se divide en cinco partes, pero tal vez el texto que mayor curiosidad suscita es uno hasta ahora inédito de Juan Rulfo sobre Altamirano. No me sorprendió que la opinión del autor de Pedro Páramo sobre Altamirano no contradijera a la de otros autores.
La obra se inicia con un apunto biográfico de Mario Casasús, que esclarece sus nexos con el escritor. A continuación, Víctor Jiménez revela la existencia de una buena cantidad de textos que Rulfo escribió sobre literatura, todos inéditos. Se pretende dar algunos a la luz pública. En la obra que comento se publicó uno de ellos: “Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893)”. Para Rulfo, Altamirano es literatura de valores nacionales, con una preocupación estética aunada al anticolonialismo cultural, “base para que México creara una identidad propia”.
Víctor Jiménez, con una clara preocupación histórica enfocada al problema de la identidad y de la dialéctica nacionalismo-cosmopolitismo, entre otros temas, contrasta la visión del autor de Clemencia con la de un escritor posterior: José Vasconcelos, “criollista” y conservador. El contraste no podía ser más abismal y merecería un estudio más amplio. En otro orden de ideas, la comparación que hace Jiménez de Manuela (de El Zarco) con Madame Bovary, aunque interesante, no es del todo exacta. Como ya ha sido demostrado (lo cito en la edición crítica), Altamirano se basó más bien en una historia real, aunque muy modificada por su obsesión en torno a la falsedad de lo aparente, lo que nos lleva a la idealización quijotesca, de la que padecen por igual Bovary y Manuela. Esta última, desconectada de lo real, considera “verosímiles” a personajes criticados por Altamirano, como Atala o Virginie.
Jorge Zepeda dialoga con algunos altamiranistas para profundizar en los recursos alegóricos e intenciones de El Zarco. Es certera su crítica contra la concepción de Doris Sommer sobre la novela “fundacional”. Alberto Vital indaga en la onomástica en la narrativa del tlixteco: antroponimia y toponimia. Se basa en la hermenéutica analógica para ejemplificar los casos y extraer intenciones. Adrián Gerardo Rodríguez se centra en la Revista histórica y política para indagar en la imaginación histórica de Altamirano, pero también en la consistencia de sus textos históricos. También ausculta la interpretación que sobre el “liberalismo social” de Altamirano hace el historiador Ochoa Campos. El siguiente ensayo, de Julio Moguel, valora y analiza en particular los escritos de Altamirano sobre Morelos, con los que concluye la obra.
Ignacio Manuel Altamirano, Vida-tiempo-obra. Coordinador: Julio Moguel. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, Cámara de Diputados, LXII Legislatura/ Juan Pablos Editor, México, 2014; 267 pp.
