[gdlr_text_align class=”right” ][gdlr_heading tag=”h5″ size=”26px” font_weight=”bold” color=”#ffffff” background=”#2f2f2f” icon=” icon-quote-left” ]La resistencia de ciertos mandatarios, los líderes incómodos, ante los intentos de Estados Unidos por inmiscuirse en el escenario actual, puede tomarse por todo menos por fortuita. [/gdlr_heading][/gdlr_text_align]
Parece una coincidencia que algunos gobiernos latinoamericanos, quienes navegaron con la bandera del progreso tanto económico como social, caigan uno a uno como fichas de dominó. Incluso podría hablarse de una alineación forzada y generalizada. El alba de la economía y política moderna en Latinoamérica se nota cada vez más como un ocaso, un producto de algún sueño colectivo.
Las primeras bajas
El orden alfabético obliga a hablar de Argentina. Los 12 años que gobernaron los Kirchner significaron una reversión de las políticas neoliberales de Menem, que favorecían a las transnacionales, la privatización y aumentaban exponencialmente el endeudamiento del país. Entre los logros de la alternancia se encuentran la disminución de la tasa de desempleo, de 17.3% a 6.9%, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Por su parte la tasa de pobreza pasó de 54% a 4.7%.
Néstor Kirchner volvió a nacionalizar servicios como el correo y el agua, además de promover los programas sociales como el Plan de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios (Fines), Argentina Trabaja y Emprendedores de Nuestra Tierra. En cuanto a la política internacional, el kirchnerismo estrechó lazos con Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, mientras existió un distanciamiento de las relaciones con Estados Unidos. Dar vida al Unasur, “un organismo internacional con el objetivo de construir un espacio de integración en lo cultural, económico, social y político, respetando la realidad de cada nación” fue la expresión cúspide de la cooperación existente entre los gobiernos sudamericanos.
La salida de Cristina Fernández, la última de los Kirchner, se vio rodeada de un continuo fuego cruzado con el sector empresarial argentino. De las medidas que menos le agradaron fue permitir que la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) llevara a cabo labores de inteligencia para monitorear bancos, compañías y empresas financieras, con el fin de evitar “golpes de mercado”, consecuencia de corridas cambiarias, bancarias o desestabilizaciones.
El pasado 13 de mayo Fernández enfrentó un juicio político por “administración infiel en perjuicio de la administración pública”, como parte de la investigación de presuntas irregularidades en la venta de dólar futuro a un precio menor del estipulado por el mercado, lo cual traería consecuencias para el erario y su sucesor.
Al ganar la presidencia, el representante de la centro-derecha, Mauricio Macri, aseguró que “esta Argentina no va a ser fruto de un iluminado que tiene todas las soluciones”. En su historial, el exalcalde de Buenos Aires cuenta con demandas por recibir fondos de una red de prostitución, además de que Wikileaks sacó a la luz una petición dirigida a la embajada norteamericana para desacreditar y criticar enérgicamente el mandato de Fernández.
El caso que últimamente ha ocupado las planas de los principales medios a escala internacional es la destitución y procesamiento de la presidenta carioca Dilma Rousseff. Su salida del poder no fue votada como la de Fernández, pero se ha presentado bajo circunstancias similares. Tras dos mandatos consecutivos de la izquierda en el país, los cimientos construidos para el futuro parecen irse por la borda.
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva fue el inicio del verdadero ordem e progresso en la nación brasileña. La política social implementada tuvo como resultado que 28 millones de ciudadanos, pertenecientes a las zonas más afectadas, salieran de la pobreza, además de aumentar el salario mínimo en un 62%. La bancarización fue otra de sus estrategias para mejorar la economía; asignar cuentas bancarias activas en su primer año de gobierno, a 45 millones de brasileños pobres, eliminando intermediarios en la entrega de recursos públicos.
La desnutrición fue otro de los males que Da Silva atacó de frente; en 6 años la redujo hasta en un 72%, de la mano con la mortalidad infantil, en un 45%. Lleno de júbilo, el mandatario declaró: “Le pagamos la deuda el Fondo Monetario Internacional. Después de dos años de gobierno le devolvimos 16,000 millones de dólares que le debíamos. Hoy el FMI nos debe 14,000 millones de dólares que les prestamos para ayudar a la crisis de los países ricos”.
Durante su mandato el país despuntó como miembro del BRICS, bloque compuesto por las economías emergentes más importantes del mundo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Nuevos yacimientos de petróleo fueron hallados y decenas de millones de brasileños se incorporaron a la clase media; Brasil estaba en la cúspide. A pesar de los logros alcanzados, Da Silva salió muy mal parado de su gestión. Al concluir ésta le fueron imputados cargos de lavado de dinero y corrupción, por la presunta aceptación de fondos de la red de sobornos sobre la cual se sostenía Petrobras.
Su sucesora continuó con la obra social planteada como proyecto de nación. Durante su mandato, elevó el salario mínimo a unos 266.4 dólares; las exportaciones se cuadruplicaron, y con el programa Mi Casa Mi Vida se construyeron un millón de viviendas. Esto favoreció a las familias con ingresos menores a 2 mil 270 dólares, además de contribuir a la creación de 80 mil nuevas empresas y 1.3 millones de empleos. Sin duda alguna, los periodos de ambos mandatarios constituyeron un verdadero Estado de bienestar.
¿Cuál fue uno de los desarrollos más importantes? En 2014, se propuso la creación del banco de desarrollo BRICS, una institución financiera con el objetivo de hacer llegar recursos de infraestructura a sus miembros, quienes no estarían sujetos a los parámetros del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Se trataba de un acto que implicaba la emancipación frente a ambas instituciones, creadas y dirigidas por Estados Unidos. Aunado a esto, el Acuerdo Contingente de Volatilidad blindaría los sistemas financieros de sus miembros contra la volatilidad derivada de la especulación.
Hoy Rouseff enfrenta un juicio político por “utilizar créditos de entidades públicas para encuadrar las cuentas públicas de 2014 y 2015”; ha sido retirada 180 días del poder por el Parlamento, en donde milita una mayoría opositora. El mandatario interino Michel Temer es la derecha personificada, igual que ocurre en Argentina con Macri; tres de los ministros de su gabinete son señalados como presuntos actores de corrupción con Petrobras. Terner no se demoró en definir el nuevo rumbo del país: “Queremos incentivar la asociación público privada para generar empleo. El Estado no puede hacer todo, depende del sector productivo”.
¿Los que siguen en la lista?
Cuba ya tuvo su probadita de la perestroika con la mínima apertura comercial que la importación de autos nuevos, eso sí a precios exorbitantes, representó para extranjeros residentes, empresas nacionales o mixtas. La visita diplomática de Obama el pasado mes de marzo se tradujo en un discurso que aludió a las necesidades del pueblo cubano y la importancia de eliminar el bloqueo comercial que se ha mantenido por más de 6 décadas; olvidarse del pasado y “mirar al futuro juntos”.
El efecto que esto tuvo fue afianzar la postura de Fidel Castro en contra de la presencia de Estados Unidos en su país: “No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura”. El régimen de Fidel se encuentra en la mira.
Ahora Ecuador enfrenta una situación de destrucción y marginación, derivada del terremoto que lo azotó. No obstante, también ha sufrido embates por parte de sectores golpistas; en 2010 intentaron derrocar y asesinar a Rafael Correa, mandatario perteneciente al eje izquierdista en América Latina. ¿Los golpistas? Miembros de la Policía Nacional ecuatoriana quienes se veían “perjudicados” por la Ley de Servicio Público, la cual eliminaba una remuneración que solían recibir. Fue Correa quien aumentó de 160 a 700 dólares el salario más bajo de los miembros de la policía.
En agosto del año pasado se gestó un nuevo intento para quitar a Correa; de nueva cuenta el motivo fue una ley, que ahora afectaba a quienes contaban con una posición acomodada dentro de la sociedad ecuatoriana. Se trataba de la Ley de Herencia y Plusvalía, la cual proponía un impuesto de 2.5% para las herencias que se ubicaran entre los 35 mil y los 70 mil 800 dólares.
Se presume que el autor intelectual de estos acontecimientos fue Washington. Tanto en Ecuador como en Venezuela, los miembros de la derecha utilizaron las redes para convocar a actos violentos en oposición a las determinaciones tomadas por sus mandatarios. El Congreso ecuatoriano realizó una serie de enmiendas, entre las que se aprobó la reelección indefinida. Ello implica la posible victoria de Correa en 2017 y, sin duda, nuevos intentos golpistas para deshacerse de él.
Venezuela, cuyos últimos dos mandatarios se declararon acérrimos enemigos del imperio yankee, es ahora víctima de una crisis política. La oposición, en su mayoría declarada abiertamente antichavista, busca quitar a Maduro del poder a través de un referendo. Lo importante en el caso venezolano, es el timing que deberán tener las acciones en su contra, ya que los resultados pueden variar de manera importante de acuerdo con la legislación del país.
Si logran cesarlo de sus funciones ahora, a la mitad de su mandato, se llevarían a cabo votaciones para determinar quién ocuparía el nuevo cargo como representante del Ejecutivo. Por otra parte, si esto se presenta dos años antes de su fecha de salida, su lugar sería ocupado por el vicepresidente Aristóbulo Istúriz. Dependiendo de lo que suceda, la oposición tendrá o no una mayor oportunidad de colocarse al frente del país.
Istúriz continuaría con la línea del socialismo bolivariano, con los atenuantes y agravantes que ello implica, a la que se ha ceñido el gobierno de Venezuela. Un hombre que, en las palabras del propio Maduro, tuvo un “papel estelar contra el puntofijismo decadente, dispuesto a hacer todo por la revolución”. De lo contrario el país podría ser gobernado por la oposición, expresamente antichavista, y quedar en manos de la derecha como sucede ahora con Argentina y Brasil.
Lo que es un hecho es que Maduro ha hecho expreso un acompañamiento de carácter militar, para demostrar el poder de las fuerzas armadas frente a un intento de elementos extranjeros por tener mayor injerencia en el país. En otras palabras: se trata de una advertencia para cualquier extranjero, sobre todo para Estados Unidos, que piense entrometerse en la dinámica venezolana.
¿Será posible?
¿Qué saca Estados Unidos de todo esto? La llegada de gobiernos de derecha a los países latinoamericanos se traduce en la potencial apertura a las políticas económicas de Estados Unidos. Sobre todo en el contexto actual en el que, de llegar Trump a la presidencia, el país podría maximizar su estatus de potencia económica en manos del magnate empresario. Cabe mencionar que el tener como prioridad una perspectiva económica no debe mirarse como algo negativo; todo se reduce a en manos de quién está su aplicación y la ética al momento de hacerlo. Muestra de ello son los resultados obtenidos del neoliberalismo en México y en Brasil.
Uno de los problemas más graves que pueden suscitarse, es que en un santiamén se pueden echar a la basura los esfuerzos realizados por conformar un verdadero Estado de bienestar, a cambio de negociaciones y negocios multimillonarios que beneficiarían a una minoría ya beneficiada. El bien individual pasaría a ser la bandera de gestión frente al bien colectivo y el verdadero desarrollo social.
Aunado a este efecto, estaría el riesgo de la autonomía económica que tiene el bloque sur en relación con Estados Unidos. Es decir, el contrapeso económico que representa el Mercosur, considerada la quinta mayor economía del mundo, podría verse reducido de manera importante, e incluso ser contaminado con políticas que no representen, como hasta el momento lo han hecho, los intereses del bloque.
Esto sin dejar a un lado que pondría en peligro la riqueza y disposición de los recursos con los que cuenta, como el Acuífero Guaraní, una de las reservas de agua dulce más importantes del planeta. Con las carencias que enfrenta el mundo en la actualidad, el agua se muestra como uno de los recursos más preciados en el mediano plazo. Contar con un bien escaso, es sinónimo de contar con poder.
De manera individual, la llegada de la derecha podría significar un freno al verdadero desarrollo económico que caracterizó a países como Argentina y Brasil en los últimos años. En cuanto al segundo, hay que reflexionar si las acciones políticas y económicas, con una posible cooperación desde el interior, se ensañarían aún más al ser una de las economías emergentes más importantes del mundo, y que en específico, representa una amenaza a la hegemonía estadounidense.
El estrechamiento de relaciones económicas conlleva invariablemente, al estrechamiento de las relaciones políticas. Los términos de cualquier tratado están sujetos a la negociación, en otras palabras, qué se entrega y qué se recibe. No sería descabellado que en estas negociaciones, como ya lo ha hecho anteriormente, Estados Unidos ofreciera apoyo en materia de seguridad, aprovechándose de la violencia e inseguridad que se vive en algunos de los países, aunado a una característica efervescencia frente aquello con lo que no se está de acuerdo.
Paralelo al estrechamiento de relaciones con sus aliados, podrían minarse las relaciones existentes entre sus opositores. Exagerar problemas existentes, cual producto de infomercial, que muestren al vecino del norte como esa gran solución para erradicarlos, justificando y legitimando su presencia y posible intervención, que termine por facilitarle aún más el manejo del terreno a su antojo. Parecería innecesario hablar de la política migratoria, dado el perfil del candidato republicano. No obstante, de llegar al poder, podría ser un excelente comodín para futuras negociaciones con las que podría tener mayor leverage.
¿En qué se traduce todo ello? De tener aliados comerciales y políticos en el cono sur, una vez eliminados aquéllos que se oponen al imperialismo y a su presencia, Estados Unidos tendría verdaderos pivotes geopolíticos, como el descrito por Arthur Mc Kinder, para tener control de lo que sucede en todo el continente. Pequeños puestos de mando, sucursales de la Casa Blanca, con la capacidad de vigilar y sonar la alarma cuando lo consideren necesario.
No existe un statement que asegure que se encuentra detrás de lo que ocurre, aunque el acomodo del tablero le resultaría bastante favorable. Sin embargo, es de quien se sospecha y, de ser responsable, podría pensarse en dos cosas: no quiere que las naciones latinoamericanas construyan su propio sueño, o está decidido a que el american way of life sea el único al que aspiren, con los tropiezos que ello involucra. De ser verdad, de estar Estados Unidos detrás, varios concordarían con las palabras de Fidel. ¿Quiénes recibirán gozosos esos regalos del imperio y a qué costo?
Todo recordaría a lo descrito por Mario Vargas Llosa en La fiesta del chivo. La remoción de líderes incómodos y la colocación de aquéllos alineados, con apoyo del exterior, para gobernar los países a su antojo. Una vez que no sirvieran más, Estados Unidos simplemente los quitaría del poder y tendría así una forma de infiltrarse aún más, para aumentar su injerencia política y económica. La versión moderna y salvaje de la Doctrina Monroe. América para los americanos.
El papel de los gobiernos que ahora se desmoronan, como proveedores de lo necesario para un verdadero desarrollo social, es innegable. La resistencia de ciertos mandatarios, los líderes incómodos, ante los intentos de Estados Unidos por inmiscuirse en el escenario actual, puede tomarse por todo menos por fortuita.
A pesar de los esfuerzos que se hacen, la llama del sueño latinoamericano parece languidecer. ¿Tomará una verdadera tormenta o un simple soplido para extinguirla?
