[gdlr_text_align class=”right” ][gdlr_heading tag=”h5″ size=”26px” font_weight=”bold” color=”#ffffff” background=”#FA5858″ icon=” icon-quote-left” ]Los nuevos lineamientos audiovisuales facilitaron el fortalecimiento de inclinaciones toxicas en niños y jóvenes.[/gdlr_heading][/gdlr_text_align]

Estado padrastro/VI-XV

En noviembre de 2015, la Secretaría de Gobernación autorizó los nuevos “Lineamientos programáticos para la transmisión de los programas grabados en televisión abierta”. Dicha política de comunicación no fue un simple acto administrativo del gobierno, sino que fue una decisión que contribuirá a generar en el terreno de la salud pública las siguientes importantes consecuencias para la sociedad mexicana.

  1. El grave retroceso de la salud física colectiva causado por el impulso de la cultura basura, durante varios años, vía la publicidad de los medios electrónicos, estuvo a punto de ocasionar la quiebra o dislocación de la medicina pública que ofrecía el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Salud de los Trabajadores del Estado y el resto del sistema global de salud gubernamental en México. Esto debido a que la demanda de pacientes que solicitaron atención médica para el tratamiento de solamente dos epidemias sociales (diabetes y obesidad) absorbió un porcentaje altísimo del presupuesto anual de dichas instituciones públicas, sin poder considerar el cuidado de otras enfermedades prioritarias de la población, pues ya no existían recursos económicos del Estado para encarar otras necesidades de salud masiva.

Así, por ejemplo, en el año 2008 la Secretaría de Salud tuvo que invertir más de 43 mil millones de pesos (13% de su presupuesto total), para únicamente encarar tales enfermedades. Para el año 2015 el Estado mexicano erogó conservadoramente más de 180 mil millones de pesos con el fin de resolver solamente la diabetes mellitus tipo 2, sin considerar la carga financiera que representó para las familias el tiempo de cuidado a los pacientes con tal sufrimiento, pues conllevó alguna discapacidad o invalidez. En total, destinó más de 362 mil 800 millones al año para enfrentar dicha alteración metabólica, lo cual abarcó más de 2.25% del producto interno bruto del país.

No obstante la presencia de este panorama muy delicado, el Estado mexicano, en lugar de establecer criterios para fomentar una programación televisiva que mejorara la educación nutricional, instaló nuevos lineamientos programáticos que colaboraran a reforzar el avance de la alimentación chatarra contribuyendo a incrementar, a mediano y largo plazo, fuertes enfermedades de salud como la obesidad y la diabetes.

  1. Por si estas anomalías fueran poco, además de la inyección de toda la anarquía cultural anterior, adicionalmente los lineamientos aceptados por Gobernación incorporaron una versión relajada de la práctica de adicciones, pues a partir de su aprobación, se podrá promover en TV el consumo de alcohol, de tabaco y escenas indirectas sobre drogas desde las 4 p. m., pues se considerará como clasificación para todo público. Esto siempre que se presenten las consecuencias negativas del uso “abusivo” mediante la difusión de una pequeña leyenda de no más de diez segundos que advierta que tal programación no es adecuada para los públicos menores. Anteriormente dicha programación estaba reservada para adolescentes y adultos, y se transmitía después de las 8 p. m.

Por ello, frente al cambio de dicha política comunicativa es necesario tener presente que en relación con el consumo de alcohol la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 (reporte de alcohol) reflejó que de 2002 a 2011, el empleo de alcohol en la población adolescente de 12 a 17 años ascendió significativamente en los tres niveles de prevalencia (“alguna vez”, “último año”, y “último mes”).

Así, la asimilación de alcohol por adolescentes “alguna vez” pasó de 35.6% en 2002 a 42.9% en 2011, en el “último año” de 25.7% a 30.0% y en el “último mes” de 7.1% a 14.5%. En cuanto a los hombres ascendió de 41.6% a 46% “alguna vez”; de 30.6% el “último año” a 31.8%; y de 11.5% el “último mes” a 17.4%. Esta misma tendencia se observó en las mujeres, que avanzó de 29.6% en 2002 a 39.7% en consumo “alguna vez”; de 20% el “último año” a 28.1%; y de 2.7% el “último mes” a 11.6%.

De igual manera, la ingesta de alcohol por adultos de 18 a 65 años aumentó relevantemente en los niveles de prevalencia (“alguna vez”, “último año” y “último mes”) entre 2002 y 2011. Así, en relación con la inclinación “alguna vez” pasó de 72% en 2002 a 77.1% en 2011; en tanto que la prevalencia de los “últimos doce meses” se incrementó de 51.3% a 55.7%; y la del “último mes” pasó de 22.2% a 35%.

Por sexo, en los hombres únicamente de 2008 a 2011, la prevalencia “alguna vez” avanzó de 80.8% a 88.1%; del “último año” creció importantemente de 62.6% a 69.3%; mientras que el consumo en los “últimos 30 días” aumentó significativamente entre las 3 encuestas de 39.7% a 50.0%.

En las mujeres adultas el aumento de alcohol fue destacado en las tres preferencias de consumo de 2002 a 2011 de la siguiente manera: Evolucionó de 58.8% a 67% “alguna vez”; 37.1% a 43.2% “últimos 12 meses”; y 8.5% a 21.2% “últimos 30 días”.

En relación con el consumo de tabaco la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 (reporte tabaco), reflejó que en la población adolescente de 12 a 17 años existió una prevalencia importante de fumadores activos de 12.3%, lo que corresponde a 1.7 millones fumadores.

De este universo adolescente el 16.4% (1.1 millones) fueron hombres y el 8.1% (539 mil) correspondieron a mujeres. Los adolescentes fumadores son principalmente ocasionales (10.4%), y el 2% (263 mil adolescentes) son los que fuman diariamente. La inclinación de exfumadores fue de 9.9% (1.3 millones de adolescentes) siendo ésta principalmente de aquéllos que fumaban ocasionalmente. El 77.8% (10.5 millones) de los adolescentes mexicanos nunca han fumado tabaco..

Por otra parte, entre el año 2002 y el 2011 en la población adolescente de 13 a 15 años se constató un incremento muy importante por la preferencia del consumo de tabaco que ascendió de 14.3% a 16.4%, es decir el 2.1%. De esta muestra, el sector masculino avanzó del 14.30% en 2002 al 16.4% en 2011; y el sector femenino pasó de 3.8% en 2002 a 8.1% en 2011.

Finalmente, la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes 2014 (reporte de drogas) reflejó preocupantemente que la prevalencia sobre el consumo de cualquier droga “alguna vez” en los estudiantes de secundaria y bachillerato en 2014 y 2015 fue de 18.6% para los hombres y de 15.9% para las mujeres, de manera que el total de consumo fue de 17.2%.

En tanto, el consumo en el “último mes” fue de 7.6% para los hombres y de 5.8% para las mujeres. En particular, para el segmento masculino la tendencia total cambió de 12.8% en secundaria a 28.4% en el bachillerato. Para las mujeres, el cambio fue de 12.1% en secundaria a 21.9% en preparatoria.

Por otra parte, el mayor consumo de drogas en los estudiantes de secundaria y bachillerato correspondió a la marihuana con 12.9% en los hombres y 8.4% en las mujeres. Esto fue seguido por las sustancias inhalables en 5.9% en hombres y 5.8% en mujeres; y los tranquilizantes con 3.2% en hombres y 4.3% en las mujeres.

En el sector masculino el consumo de cocaína fue mayor que el de los tranquilizantes con 4.2%. Es importante destacar que el consumo de marihuana casi se triplicó de secundaria a bachillerato en los hombres pasando de 7.2% a 22.5%; y en las otras drogas también se observó un patrón similar, en particular con la cocaína, donde el consumo crece más de 2.5 veces (2.7% en secundaria y 6.7% en bachillerato). La adicción a otras drogas como el crack y la heroína mantienen consumos bajos que avanzaron del 1.3% hasta 2.2% para el crack y del 0.8% al 0.9% para la heroína.

Sin embargo, ante este preocupante panorama adictivo inercial que arrastra con fuerza a la sociedad mexicana desde hace años en materia de consumo de alcohol, tabaco y drogas, paradójicamente el Estado mexicano incoherentemente en 2015 colaboró a que dichas realidades se amplifiquen a gran escala, en lugar de buscar que estas tendencias adictivas disminuyeran con la difusión de otros flujos de información colectiva de carácter educativo o formativo.

Así, los nuevos lineamientos audiovisuales permisivos autorizados reorganizaron de tal forma la programación televisiva para la infancia, que crearon más condiciones subjetivas colectivas que facilitan, a mediano y largo plazo, el fortalecimiento de tales inclinaciones toxicas en niños y jóvenes.

 

jesteinou@gmail.com