Primera de dos partes
Qué decir de Cervantes, primero que es considerado el más grande escritor de todos los tiempos y no sólo de la lengua española. De su vitalidad habla que sus personajes se han salido del libro y se dice “es un Quijote”, para encomiar la espiritualidad de alguien, como (de modo injusto) se considera “es un Sancho” al interesado sólo en lo material.
Cervantes como compendio literario
Cada día más, me parece Cervantes un compendio de reflexiones sobre la literatura de su tiempo, de la que es teórico y protagonista. “El curioso impertinente”, clasificada como novela italiana, es la más famosa de las que forman parte del Quijote. “La historia del capitán cautivo”, en la que muchos sospechan aspectos autobiográficos, se considera novela morisca. Incursiona en la novela pastoril, tanto porque la historia de los pastores Marcela y Grisóstomo es una de las novelas incrustadas en El Quijote, como por su primera narración la famosa Galatea, novela pastoril que aunque algunos críticos tratan de probar que Cervantes tiene en poca estima, la verdad es que la elogia siempre. Intenta en Los trabajos de Persiles y Segismunda, la llamada novela bizantina y algunos piensan que crea una especie de subgénero con las Novelas ejemplares, relacionadas, por su afán moralizante, a los exempla medievales. De ellas, destaca esa obra maestra que se titula Rinconete y Cortadillo que se considera, con toda razón, y a pesar de su brevedad, perteneciente a la novela picaresca.
Prueba suerte en la poesía y lo representa en el teatro El cerco de Numancia, pero sobre todo, son un campanazo alegre los entremeses, populares en dos sentidos, por su índole y el público que convocan. (En México, los entremeses cervantinos, representados al aire libre en Guanajuato bajo la dirección del maestro Enrique Ruelas, serían el origen del Festival Cervantino, el más rumboso de los acontecimientos culturales de México. Por cierto, si no recuerdo mal, la puesta en escena incluía Los dos habladores, que no es de los ocho recuperados por el mismo Cervantes como suyos).
La literatura se mira en el espejo
No está solo, Lope de Vega, el rival de Cervantes, intenta la ¿novela mayor? en La Dorotea y las novelas cortas en las Novelas a Marcia Leonarda. El propio Lope escribe El arte nuevo de hacer comedias, pero ninguno está tan pendiente del tema literario como Cervantes, el hecho de que sus personajes repliquen airados a Alonso Fernández de Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo, y sobre todo que Don Quijote y Sancho hayan leído sus propias aventuras en la segunda parte de la novela, es un juego de espejos que deslumbra. Constituyen un atisbo de lo que será el siglo XX, pues este tipo de pasajes cabrían dentro de la metaliteratura, es decir, la literatura que reflexiona sobre sí misma. (Rayuela, de Julio Cortázar, sería el más obvio, pero no el único ejemplo).
En el Renacimiento se cimbran, por decirlo así, los géneros literarios, baste señalar que todo mundo coincide que es el momento en que nace el género ensayo con las páginas de Montaigne. Se discute si La Dorotea o La Celestina son cierto tipo de comedia como lo propone María Rosa Lida de Malquiel para la segunda o de plano. para salirse de la discusión, se deben llamar protonovelas.
En algún lugar de La Mancha
La estructura del Quijote es muy peculiar. Existe la trama de Don Quijote y su grupo, conformado por el ama, la sobrina, el cura, el barbero y el bachiller Sansón Carrasco. Esta historia, que ocurre “en algún lugar de La Mancha”, es una especie de hilo conductor, y luego están, como breves cuentos, las aventuras de Sancho y el Quijote: el episodio de los molinos de viento, el de los galeotes, el del Clavileño, etcétera. Estos episodios son perlas que se engarzan en el hilo conductor, en este mundo del retorno al hogar adonde regresan caballero y escudero siempre apaleados y maltrechos. En el mundo del barbero, el cura, el bachiller, el ama y la sobrina, se ha creído ver un reflejo de la vida del autor ya viejo, olvidadas las batallas del soldado, el cautiverio en Argel y sus fracasos de recaudador, su estancia en la cárcel. (Por cierto, no ha faltado un abogado curioso que ha desentrañado las acusaciones contra Cervantes como recaudador y ha probado su inocencia. Por la vida del Quijote en su hogar, Francisco Navarro Ledesma llama a su investigación El ingenioso hidalgo Don Miguel de Cervantes Saavedra, pero no es el único que piensa que la vida del autor en Valladolid es la fuente de inspiración del Quijote.
Además, claro, las novelas dentro del Quijote, mencionadas arriba. Este procedimiento, conocido como cajas chinas, es muy frecuente en la novela del siglo pasado y el actual. Sin embargo, el escrutinio de la biblioteca del Quijote en el que se enjuicia a las novelas de caballerías (y de paso a La Galatea) es el ejemplo mayor de metaliteratura en las páginas del libro sin par. Finalmente, el Quijote, enloquecido por esas lecturas, es una parodia de ese género medieval, puesto en jaque por el Renacimiento. Por más que las páginas del supuesto prólogo tengan el más famoso juicio literario (a todas luces metalingüistíco) de la literatura española: “libro al parecer divi, si encubriera más lo huma” en referencia a La Celestina.
Los narradores del Quijote
A estas alturas, el tema más socorrido de los cervantistas es el de los múltiples narradores del Quijote con Cide Hamete Benengeli, el narrador ficticio a la cabeza, y eso aunque algún crítico advierte un primer narrador previo a Benengeli y, por supuesto, el traductor aljamiado de Benengeli. Están, además, los anales de La Mancha y el que muchos consideran fundamental, el editor. A estos narradores, por su falta de actuación en la trama, alguien ha tenido el acierto de llamarlos “personajes fantasmas”. A estos narradores propiamente dichos, hay que sumar lo que cuentan los propios personajes sobre el Quijote o sobre otras historias. (El mejor es aquel en que el Quijote anima entusiasmado y curioso a seguir su historia y que, creo, es un cabrero).
Los mejores estudiosos de este tema, no se pierden en el laberinto de los muchos narradores, sino les preocupa su función. Las respuesta más inteligentes y no excluyentes, son: “para hacer reír”, “para escabullirse de la censura” (pues el responsable de la narración es Benengeli, un árabe y como tal, según la conseja de la época, poco confiable), “es inherente al género”, porque las novelas de caballerías suelen presentarse como (falsas) traducciones del griego, del árabe, del portugués o de otros idiomas. A las funciones posibles, hay que añadir lo planteado por el novelista Hernán Lara Zavala, quien, con Anthony Close, sostiene que Cide Hamete y Cervantes, el autor, son indivisibles.
El Quijote como caso clínico
No han faltado los que se han fijado en que a Cervantes le llama la atención el mundo de los locos y más precisamente los casos clínicos expuestos en el libro Examen de ingenios de las ciencias, escrito por el médico Juan Huarte de San Juan, texto editado unas cuatro veces en el siglo XVI, a partir de su aparición en 1575. Fue, se dice, el punto de partida de Cervantes para el caso del Quijote y el caso del Licenciado Vidriera. Se sostiene igualmente que este libro, traducido durante el siglo XVI al francés, italiano e inglés, influyó en el dramaturgo isabelino Ben Jonson.
