Armando Zayas destacó en 1968 por su excelencia profesional puesta al servicio del Movimiento Estudiantil. Cuando el Ejército y las policías invadieron Ciudad Universitaria, trabajaba en la musicalización de El Grito, la película emblemática del Movimiento. Al recibir el aviso de alarma en su despacho de director de Radio Universidad, reunió las grabaciones, trepó en el escritorio, quitó un cuadro del plafón y guardó tan bien los valiosos materiales, que pudo recuperarlos cuando la soldadesca y los agentes de la Federal de Seguridad, desocuparon la plaza, como llaman en jerga militar a los lugares en guerra.
Después, fue director adjunto de la Filarmónica de la UNAM dirigida por Eduardo Mata. Recorrió a manera de ensayo público, los auditorios de la Escuela Nacional Preparatoria con éxito inusitado. Contaba gustoso el griterío en los auditorios que a los primeros compases callaban, gozaban la música, atendían las breves explicaciones y descubrían placeres nunca antes experimentados. Abrir el apetito musical fue cumplido a cabalidad. Ahora, cuando la tarea sustantiva de la difusión cultural ha sido expropiada en la UNAM en beneficio de grupitos de poder artístico, la herencia de Zayas resulta ejemplar.
Dirigió y consolidó después la orquesta del Instituto Politécnico Nacional y de ahí pasó a organizar orquesta y coros de la Delegación Magdalena Contreras. Vivió sus tiempos postreros en una unidad habitacional en la subida al centro de Contreras, compartiendo con Sonia, su esposa bailarina la formación de grupos en el bachillerato de la UNAM y ahí lo sorprendió la muerte el fin de la tercera semana de abril de 2016. Hasta siempre compañero, figura ejemplar en un gremio reaccionario amparado por un clasicismo anacrónico.
Zayas prueba la urgencia de liberar todas las fuerzas productivas incluyendo las de significación, las del pasado y las del presente, las europeas y las americanas, las llamadas clásicas y las populares.
