[gdlr_text_align class=”right” ][gdlr_heading tag=”h5″ size=”26px” font_weight=”bold” color=”#ffffff” background=”#000000″ icon=” icon-quote-left” ] Ante la falta de resultados y una crítica creciente de la opinión pública, ahora comienza el reparto de culpas.
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Entrevista a Víctor Alarcón Olguín
Profesor investigador de la UAM-Iztapalapa | Exclusiva Siempre!

En el libro El estilo personal de gobernar publicado en 1974, el reconocido intelectual mexicano Daniel Cosío Villegas (1898-1976) aseguraba que el estado de ánimo más constante de los mexicanos es “la impaciencia de ver que su país no avanza”. Y en una democracia con pocos resultados y con una clase política enfrascada en una lucha por las fuentes de riqueza, el desánimo social es inevitable.

Si el presidente Luis Echeverría (1970-1976) pidió ayuda a un grupo de intelectuales para “valorar lo mejor de México, en lugar de caer en meros desahogos personales, que suelen producirse con frecuencia”; el presidente Enrique Peña Nieto se reserva en exclusiva el derecho a criticar sus actos y afirma que a pesar de un mal humor social, “hay muchas razones y muchos argumentos para decir que México está avanzando”. El fracaso es crónico y la historia se repite. ¿En verdad, en términos generales, nos está yendo bien?

A raíz del ensayo “Desaliento de México”, publicado en Letras Libres, núm. 209, mayo de 2016, Enrique Krauze asevera que Peña Nieto ha sido una gran decepción, porque “siendo un hombre joven, piensa como viejo, actúa como viejo”, y lanza la pregunta “¿De qué sirve la democracia —se preguntan los mexicanos— si un presidente electo por la mayoría de los votos utiliza su puesto público para fines privados?”

Los comicios son la mejor calificación para un gobierno, y el PRI está seguro de ganar nueve de las doce gubernaturas en juego. Hay que recordar que en las elecciones federales intermedias del año pasado el priismo, y su alianza con el PVEM, mostró una eficacia relativa al obtener la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados. En ese momento el PRI salió como el mejor partido posicionado rumbo a las elecciones de 2018. ¿Habrá voto de castigo contra el partido en el gobierno o mantendrá esta inercia competitiva de los últimos años?

Para Víctor Alarcón Olguín, analista político y profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, la realidad mexicana no es un asunto de humor ni de percepción, es un asunto de hechos concretos y datos duros que nos están demostrando que el gobierno federal no ha sido eficiente.

 

Víctor Alarcón Olguín | Profesor investigador de la UAM-Iztapalapa

Víctor Alarcón Olguín | Profesor investigador de la UAM-Iztapalapa

La imagen en el espejo

“La forma de identificar —dice— la segunda parte de su gobierno, por parte de Peña Nieto, es la negación. Ante la falta de resultados y una crítica creciente de la opinión pública, ahora comienza el reparto de culpas, pero nunca ha comenzando por mirarse en el espejo.”

¿Todo es culpa de las redes sociales? El Ejecutivo federal dice que es la “nueva plaza pública”.

Es evidente que lo mismo pasaría si esas opiniones surgieran de los medios de comunicación que él cree que tiene más o menos domesticados, como pueden ser las grandes televisoras, o algunos de los grandes emporios periodísticos de este país. Ante la presión de esta opinión pública virtual —que sí es un gran espacio de libertad y que por fortuna tenemos—, Peña Nieto debería convivir y debatir en esta nueva plataforma comunicativa. Es un espacio importante para darnos una idea de las razones y puntos de vista que expresa la ciudadanía, y es muy clara con el presidente y su gabinete: las cosas no están saliendo bien. Muchas de las reformas estructurales que se aprobaron, si bien tuvieron el apoyo inicial de las fuerzas políticas agrupadas en el Pacto por México, esto ya no es suficiente. La economía global ha dado malos resultados, también son preocupantes los niveles de endeudamiento que el gobierno ha generado y que ha impactado en la falta de confianza hacia el peso.

 

El desaliento es desde 1982

Peña Nieto asegura que no hay razones para un mal humor social, ¿es correcto el diagnóstico?

Está pasando lo que le ocurre a los presidentes en la segunda parte de su sexenio, ya nos sucedió con Vicente Fox y foxilandia. La forma de identificar la segunda parte de su gobierno, por parte de Peña Nieto, es la negación. Es un gran defecto que siempre han tenido los mandatarios y sus sexenios, no es una patología que podamos atribuirle exclusivamente a Peña Nieto. Es una característica propia de los líderes políticos que no quieren asumir costos políticos y asumir que tendrían que rectificar respecto a los nulos resultados de sus políticas públicas, con vísperas a la entrega del poder presidencial en dos años y medio.

En el ensayo “Desaliento de México”, Krauze asegura que el desánimo comenzó con el gobierno de Vicente Fox. ¿México padece pesimismo como una enfermedad crónica?  

Es un tema que no se inició en el sexenio de Vicente Fox, se acrecienta el problema en su gobierno. Es un fenómeno que se presenta desde 1982 y la fuerte crisis económica que se expande más de una década. Desde luego hay varias generaciones anteriores que tenemos un proceso de acumulación de mayor escepticismo, aunque también tuvimos una mayor expectativa de lo que la democracia podía o pretendía generar una vez que se dio la alternancia en 2000. Por eso tenemos estos niveles de decepción fuertes, porque a pesar de los gobiernos panistas, la presencia del PRD en varios estados y en la Ciudad de México, estos gobiernos de la oposición tampoco ofrecieron grandes contrastes en su forma de hacer política o cambios significativos con respecto al PRI.

Pensar que el priismo está gobernando de una manera distinta antes de que perdiera Los Pinos en el 2000, realmente sería una ilusión óptica. Observamos un agotamiento de la clase política, ninguna de estas tres opciones ni las demás, como el Partido Verde en Chiapas, o el Bronco en Nuevo León, son una alternativa real. No hay un escenario optimista por los pobres resultados que ofrecen. Se está constatando que los cambios graduales no han sido suficientes y no se ha logrado impactar de manera significativa en un cambio de percepción ciudadana, que es lo que le sorprende al presidente: a pesar de todas las reformas no está teniendo un respaldo social, ni de la clase empresarial, como fue el pronunciamiento de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), con una actitud de impulsar una rendición de cuentas.

Más de partidocracia que democracia

¿El riesgo es un caudillo como Andrés Manuel López Obrador, como advierte Krauze?

No es un recurso novedoso lo que dice Krauze, ya lo dijo en el proceso electoral de 2006 cuando Letras Libres publicó el texto de “El Mesías tropical”. Aquí la situación se ha postergado —a excepción o a desfase de lo que ha pasado en el resto de América Latina que dio un giro a la izquierda, en donde las expectativas hacia un líder carismático fueron enormes—. Nosotros pasamos por una fase de populismo de derecha, que fue el caso de Vicente Fox. En ese sentido, se corrigió con la llegada al poder de dos personajes de la clase política estandarizada como Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Esto nos demuestra que el sistema político mexicano tiene todavía centros de gravedad que siguen animando a la clase política para buscar acuerdos antes de generar una ruptura.

¿Qué deriva si hay un desencanto de la democracia que tanto costó?

Hoy hablamos más de partidocracia que de democracia. Tenemos una democracia de muy baja calidad, con alternancia y competitividad electoral alta, pero que no son suficientes para provocar los cambios reales que requiere el país, y transformar el ánimo de la percepción de la gente implica mejoras en el bolsillo, en el bienestar de las personas. No es sólo la economía, también la clase política está siendo rebasada por el malestar ciudadano. Observamos una incapacidad para controlar el crimen organizado que está infiltrado en muchos ámbitos del quehacer político y eso realmente impide que el ciudadano pueda observar un Estado que lo proteja y que solucione sus problemas. Vemos un agotamiento de una forma de hacer política, por lo que es necesaria una reinvención, o lo que nos espera son personajes de izquierda que gobiernan o gobernaron países latinoamericanos.

 

5 de junio influirá en 2018

La iniciativa de matrimonios igualitarios y la decisión de despedir a más de 3 mil maestros disidentes ¿tienen tintes electorales rumbo al 5 de junio?

Sí y no. Desde luego, el 5 de junio habrá una renovación prácticamente de la mitad del resto de las gubernaturas del país. Lo que sí vamos a ver es el mapa político electoral completo, en qué posición van a arrancar los partidos con las gubernaturas ya definidas y controladas por los partidos, por eso es importante la elección. Veremos si la alianza PAN-PRD le arrebata al PRI algunos estados para nivelar la cancha. Se habla de la posibilidad de que vayan juntos en 2018, es un dato importante y todo dependerá de los resultados del próximo 5 de junio. Hay que tomar en cuenta el resultado del Estado de México en 2017, que es un termómetro muy importante que medirá finalmente las preferencias electorales, y veríamos ya con más claridad el éxito o el fracaso de los independientes en las elecciones locales, además si se concreta una candidatura única como lo trata de promover Jorge G. Castañeda.

¿Qué tan definitorios serán los resultados de esos comicios para el 2018?

El mapa de 2018 será alimentado por la elección del 5 de junio y nos pone las piezas justo en el arrancadero. Nos va a señalar si habrá posibilidades para Rafael Moreno Valle, si retiene la gubernatura de Puebla tendrá una plataforma de continuidad con José Antonio Gali y que le va a poder fondear su proyecto, y así clarificaría el resultado para todos los que aspiran una candidatura en el PAN, como es el caso de Margarita Zavala. En el PRI vamos a ver si van a jugar o no al tapado, a la vieja usanza priista. Peña Nieto, con ese mensaje de que los resultados no tendrán nada que ver con 2018, envía ese viejo mensaje priista de que nadie se mueva, “aún soy el presidente y no voy a soltar las cuerdas del mando hasta que lo decida”. Finalmente, en el caso del PRD, con esa propuesta de aliarse con el PAN de cara a lo que está pasando con Morena, nos está dando la idea de que es el partido con mayor victimización o mayores daños colaterales producto de estas elecciones. Está en un proceso de compactación, de huida de militantes, la sangría sigue con la salida de personajes hacia Morena, y con ese estrechamiento de figuras públicas, sólo le queda Miguel Ángel Mancera.