Si William Shakespeare hubiera vivido en los días que corren sin duda ya habría escrito una más de sus tragedias, basado en lo que sucede en tierras venezolanas desde que Hugo Chávez se hizo del poder en la República Bolivariana. Nada extraño para el bardo inglés, pues su tema preferido siempre es el del poder. Lo trágico de los llanos venezolanos es la lucha del día a día por el maldito poder. El asunto se complica porque una de las partes en disputa se semeja cada vez más a los erizos, con los que es imposible dialogar, pues ellos no buscan responsables, sino culpables, por lo mismo utilizan un lenguaje rimbombante –¿se acuerda como hablaba Hugo Chávez?, igualito vocifera Nicolás Maduro, que se ha posesionado de las formas y maneras del fanático de Fidel Castro–, prosopopéyico, que en lugar de tratar de convencer acusa y señala con el dedo.
A Maduro y los bolivarianos no les interesa entender las causas de los problemas, porque las conocen de antemano: el imperialismo, los Estados Unidos de América, el gobierno de Mariano Rajoy y la oposición que le ganó la Asamblea Nacional por el complot que fraguó con Washington. No argumenta, se enrosca; y si le muestras datos te tira una espina. Al paso que va el conflicto, la venezolana tragedia del poder podría desembocar en un diálogo castrense donde uno de los personajes le dice a otro: “General, coronel, capitán o teniente, entre de una vez ahí y dígale al tal Maduro que tiene que renunciar”. Qué obedezca, sabe Dios. Lo que suceda después nadie lo sabe. Lo único seguro es que el pueblo será el pagano. Shakesperiano el asunto.
Entretanto, un día sí y otro también, la Mesa de Unidad Democrática (MUD), convoca en las principales ciudades de Venezuela manifestaciones en las calles y el gobierno ordena disolverlas con dureza. Ya ha habido muertos y los “culpables”, por mera casualidad, son los de la oposición, cada vez son más en las cárceles. El enfrentamiento entre el populismo chavista –dirigido por el sindicalista, antiguo chofer de autobuses, fiel a los viejos dictadores de La Habana y al difunto santero mayor, Hugo Chávez, Nicolás Maduro–, y la oposición que ahora es la mayoría en la Cámara de Diputados, está en uno de sus peores momentos.
La MUD promueve un referéndum revocatorio para apartar a Maduro del poder. Y el presidente utiliza todas las artimañas del Estado para mantener el bastón de mando y no duda en acortar la jornada laboral de los empleados públicos y de Justicia para retrasar la validación de las firmas que ha logrado la oposición con el propósito de acelerar el proceso de sustitución. La estrategia de Maduro busca que el referéndum se realice hasta el 2017, cuando ya cumpla tres años en el poder –la mitad del mandato– y pueda gobernar los siguientes tres el vicepresidente Aristóbulo Istúriz (así se llama realmente, si no habría que inventarlo para la indudable tragedia televisiva o cinematográfica), ferozmente chavista. Para despejar cualquier duda respecto a su posición, Astúriz dijo en un acto de apoyo a la brasileña Dilma Rousseff: “Aquí Maduro no va a salir por referéndum porque primero aquí no va a haber referéndum…Ellos saben que no va a haber referéndum porque primero lo hicieron tarde, segundo lo hicieron mal y tercero cometieron fraude”. Aristóbulo habló de firmas falsas, aunque la oposición consiguió 1.8 millones de rúbricas cuando se requieren menos de 200,000 para activar el dichoso referéndum. El vicepresidente venezolano sabía de lo que hablaba pues el oficialismo filtró electores incondicionales con el nombre de fallecidos, para sabotear el proceso. Con los erizos no es posible el diálogo. Todo esto serviría para que el gobierno evite la celebración de elecciones generales con una más que probable pérdida del poder. Los partidos de oposición ya aprendieron a enfrentarse al chavismo.
Esta lucha por el poder en Venezuela tiene razones económicas. El 17 de diciembre de 2014, el Banco Central del país tenía unas reservas internacionales de 14,500 millones de dólares, su nivel más bajo desde mayo de 2003, cuando el crudo venezolano se vendía por menos de 22 dólares el barril. Además, de este monto, el 75% de las reservas son monedas y lingotes de oro. Al 31 de octubre de 2015, Venezuela tenía aproximadamente 11,000 millones de sus reservas en oro. Para este año, 2016, los pagos de deuda representados en bonos de la República Bolivariana y PDVSA ascienden entre capital e intereses a 10,493 millones de dólares. Si los precios del petróleo no se recuperan en el resto del año que corre y el gobierno no establece un plan de ajuste económico integral y ordenado, las probabilidades de “default” para el ejercicio en curso se incrementan en un porcentaje muy alto. Aunque, hasta el momento, la voluntad de pago del gobierno chavista existe, lo que está en duda –seriamente–, es su capacidad de pago. “That is The Question”, dijera Hamlet, otro personaje Shakesperiano.
El futuro de Nicolás Maduro es, por decir lo menos, incierto. Además, Estados Unidos ha subido, en los últimos días, el tono contra el gobierno chavista. El miércoles 11 de mayo, el vicepresidente Joe Biden, hizo las acusaciones más duras que la administración de Obama ha realizado hasta la fecha contra el régimen venezolano. Pocas horas después de las declaraciones de Biden, analistas de inteligencia del Tío Sam suministraron información a la AP (Associated Press).
Dada la crítica situación de abasto en el país, fuentes cercanas a la Casa Blanca aseguran que Washington teme que en Venezuela estalle una crisis humanitaria, lo que obligaría al “imperio” –al que tanto vitupera Maduro– a montar un dispositivo para el envío de alimentos y medicinas prácticamente inexistentes en la República Bolivariana, algo que sólo la Unión Americana podría poner en funcionamiento. En este hipotético suministro de ayuda a Caracas, los estadounidenses preferirían una “marcha prematura, pero ordenada de Maduro, antes de que la situación pudiera derivar en caos social e incluso hasta en una guerra civil”. Estas no son meras suposiciones, el ambiente en Venezuela está caldeado. Hay temor en uno y otro bando.
De acuerdo a la información difundida por la AP, la inteligencia estadounidense cada vez está más convencida de que Nicolás Maduro probablemente sería “apartado por miembros del propio chavismo antes de que termine su periodo en el cargo”. El mandato sexenal del antiguo conductor de autobuses empezó en abril de 2013. También se asegura que en los últimos meses, al tiempo que se deteriora la economía nacional, la posición de Nicolás “se va debilitando en el seno del chavismo”, lo que puede llevar a un periodo de mayor agitación política potencialmente violenta que dañaría más la ya complicada situación económica, pues tendría consecuencias en los mercados petroleros y de deuda.
La principal preocupación de la Casa Blanca es que las enconadas divisiones políticas y crecientes problemas económicos puedan detonar violencia tal y como se registró en Caracas en 1989 –el famoso “caracazo”– cuando al menos 300 personas murieron durante los disturbios, los saqueos y los enfrentamientos con la policía y el ejército. La gente más pobre tomó las calles lo que provocó que el gobierno de Carlos Andrés Pérez ordenara la represión por las protestas que originaron el aumento del precio de los principales servicios públicos. Varias ciudades sufrieron lo mismo que la capital y la verdad es que nunca se supo el número exacto de las víctimas. El “caracazo” fue un parteaguas en la historia de Venezuela. Datos oficiales dicen que el ejército y la policía dispararon cuatro millones de balas en esos disturbios. Para continuar con el Hamlet de Shakespeare, “algo huele a podrido en Dinamarca”. Cómo olerá en Venezuela donde no hay ni rollos de papel higiénico.
Como respuesta a la creciente tensión entre el gobierno y la oposición que busca revocar su mandato, el fin de semana último Nicolás Maduro supervisó los ejercicios militares que ordenó una semana antes, en el que tomaron parte más de medio millón de soldados con su armamento, “con el fin de que las fuerzas del chavismo estén listas ante una posible invasión extranjera, y para mostrar que aún cuenta con el apoyo de las fuerzas armadas del país”.
Con tanques, fusiles, cazabombarderos y fragatas, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana mostró su poder bélico, ante “una eventual agresión externa” planeada, según afirma Maduro, por la oposición con apoyo del imperio estadounidense. Estos ejercicios militares no podían desperdiciarse y la televisión oficial –así como la prensa estatal que es mayoría en el país pues casi no hay medios independientes– difundieron imágenes de aviones de fabricación rusa Sukhoi 30Mk2, y otras aeronaves realizando vuelos de reconocimiento en varias zonas del país, y las fronteras, así como el despliegue de tanques de guerra y de tropas. Asimismo, en estas prácticas se incluyó a la Milicia Bolivariana, cuerpo de civiles con instrucción militar creado por Hugo Chávez como complemento de las fuerzas armadas.
El general Vladimir Padrino, ministro de Defensa, arengó a los venezolanos desde la base aérea de Barcelona, en el estado de Anzoátegui: “Llamo al pueblo a que se sume para hacer de Venezuela un territorio inexpugnable. Nunca antes habíamos hecho un ejercicio de esta naturaleza y de este alcance”.
Todo esto ocurre en el momento que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró constitucional el decreto –rechazado por la Asamblea Nacional, dominada por la oposición–, por medio del cual Nicolás Maduro implantó el Estado de Excepción y la Emergencia Económica por 60 días más. Esta es la segunda ocasión que Maduro ordena ejercicios militares de este tipo. En 2015 lo hizo cuando el presidente Barack Obama declaró que Venezuela era una amenaza para la seguridad de EUA.
Como colofón de esta crónica, hay que citar al expresidente socialista de Uruguay, José Mujica, que declaró a la televisión uruguaya en Montevideo “que le tiene gran respeto a Maduro”, pero que eso no evita que le diga que “está loco como una cabra”. VALE.
