Chejoviana
El silencio es buen sitio para mirar al mar.
Desde allí contemplo bruma y galope.
Soy estrecho escarpado
donde los huesos se derrumban
ante el implacable dolor del agua.
Soy todo aquello que un día se acercó a la arena
donde una gaviota se sembró destino de vidrios
que reflejan al sol.
Ignoran
Soy alfombra extendida entre abismos.
Los que quiero, a veces, pobres,
no saben que bailan sobre mí
que encajan sus tacones en mi vientre
que vacían mis cuencas.
Sin queja observo mis pies en silencio
lágrimas que son surcos donde a veces
ellos nadan, sin saber, pobres, que es mi cuerpo
que es mi carne la que muerden con alegría.
Revés
Dulce decadencia mirar cómo cae un cuerpo tras otro
una esperanza tras otra
Alicia tras el conejo donde la oscuridad habita
un sombrerero juega con la piel de los demás en un juego de té.
La reina de corazones es ama y estira la mano
las cabezas ruedan por las guillotinas sociales.
El estilete se rebela y recorre su pecho.
Ahora la reina es verdaderamente roja.
Maíz quebrantado
La garganta emite el quejido patria
los labios de la tierra se abren hasta el desgarro.
La condena es para quienes se atrevieron a decir que los dientes les dolían
porque el excremento de los baños públicos les cubría las narices.
El hedor cubre pueblos y el maíz se pudre en la tierra que le vio nacer.
En la rayuela que sola se dibuja los paisanos saltan
para encontrar el lugar inexistente.
Se balancean como funámbulos
y el dibujo del país es una grotesca caricatura
que nadie se atreve a mirar sin que se le revuelva el estómago.
Cicatriz
para Carlos Edmundo de Ory y Laura Lachéroy de Ory
Corro dentro de mí
como judía en el holocausto
como mujer embarazada de Acteal
como niña quemada de Hiroshima
como poeta en el GULAG
corro dentro de mí
me encuentro con otros
que también van corriendo
sin saber a dónde vamos
a dónde acudir
en dónde guarecer nuestras manos
nuestra boca desdentada
nuestros cuerpos hechos hilo
corremos dentro de nosotros
somos nosotros mismos quienes nos perseguimos
no nos alcanzamos
cuando nos alcanzamos
ya estamos a un paso de ser nuevamente polvo
cicatriz del alba
cicatriz del tiempo
cicatriz de siglos.
Cicatriz encerrada
clausurada
cicatriz en la mejilla
golpeada
de Dios.
Ola de los deseos
Las muecas de los desaparecidos
son el cuello de la botella
que un mago borracho lanzó al mar
creyendo adivinar los deseos
de los que siempre pierden.
Tanya Cosío Tanya Cosío. Jalisco, México. Escritora y actriz. Estudió en la Escuela Rusa de Actuación en México. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Jocabed y la ranura abierta, pequeño panfleto en gran formato y otras cuartillas, De lo roto, Indagación de lo correcto, Ronda de muertos, A ba ni cos, Mi locura es una cuerda rota, Canto de cerdos, Poemas para poetas, De raíz y tierra y Coatlicue. Publicó la obra de teatro: A salto de frontera (Bululú de la inmigrante). Algunos de sus poemas han sido antologados en Perú, Estados Unidos, España, Portugal y México. Pertenece a la Compañía de teatro La Escena Muda.
