Morelos: acero y fuego (publicada por Ediciones Punto fijo en diciembre de 2015) es un homenaje a la memoria de uno de los más grandes hombres del México independentista, un visionario, don José María Morelos y Pavón, a quien sin duda alguna se deben los cimientos de esta nación mexicana y cuya vida es legado absoluto de congruencia humanística, de libertad y espiritualidad, de decoro y fortaleza.
Al tratarse de una pieza teatral Morelos: acero y fuego toma los rasgos más humanos del personaje dramático, su vida, pasiones, flaquezas, dichas y desdichas, para confrontarlos con la Historia. La obra entrelaza elementos ficcionales con sucesos reales: Morelos va a ser fusilado y, como Cristo en el Huerto de los Olivos, suda sangre. Esta metáfora, circunstancial, nos habla de su condición como sacerdote católico, su degradación ante la Iglesia (por una Santa Inquisición criminal en contubernio con el virreinato realista) y su inminente desaparición de este mundo. En un suspiro, el degradado cura Morelos recompondrá su vida, sus gestas heroicas, y recorrerá el camino que lo ha conducido hasta las horas aciagas en que habrá de esperar la muerte.
Pero, ¿quién podrá acompañarlo en esos momentos amargos, sino el espíritu de su madre, Juana María Guadalupe Pérez-Pavón y Estrada (1745-1799), difunta? El recorrido que el condenado a muerte hace sobre su vida es vertiginoso, se acoge a la fe, renueva su espíritu patriótico, se autoflagela, pero también se encuentra a sí mismo en tanto ser humano.
El autor (quien esto redacta) de Morelos: acero y fuego quiere que una vida conocida por la mayoría, vuelva a ser replanteada bajo el vitral de los tiempos actuales, entendiendo su condición humana y su ejemplaridad histórica. “Drama didáctico”, la llama su autor, porque enseña. Enseña qué fue la vida y el suplicio de un hombre, su coraje guerrero y libertario, su pasión independentista y su flaqueza como ministro de Cristo ante el juicio de la Santa Inquisición.
Morelos: acero y fuego rinde un cálido homenaje a la memoria de don José María Teclo Morelos Pavón y Pérez (Valladolid —hoy Morelia—, Michoacán, 30 de septiembre de 1765 – Ecatepec, Estado de México, 22 de diciembre de 1815), y para recordar con emocionado aliento patriótico el Bicentenario del fallecimiento del Siervo de la Nación y los 250 años de su natalicio, esta obra Morelos: acero y fuego se yergue ante los lectores de hoy. Sobre todo se pone énfasis en las nuevas generaciones, en los jóvenes que en la actualidad buscan reforzar sus valores civiles, sus raigambres patrióticas y sus constantes históricas, a través de personajes ilustres que han dejado huella indeleble en la historia de México, tal es el caso de Morelos.
Antecede a la lectura de esta pieza un “Cuaderno autobiográfico”, donde el mismo José María Morelos expone en primera persona su vida, sus orígenes, su gesta, la creación de los Sentimientos de la Nación, su martirologio y muerte. Huelga decir que esta autobiografía, creada por la imaginación del autor, se apega estrictamente a datos y sucesos históricos. Nada se inventa, sólo se imagina cómo lo pudo haber escrito Morelos si hubiera llevado un diario o un cuaderno donde anotar sus días, sus recuerdos, su memoria… Así, tanto el educador como el joven lector podrán identificarse con la palabra, la acción y la reflexión, y crear y recrear en su mente y corazón, la pasional vida de este héroe independentista. La investigación histórica de Rosa María Esquivel Silva —acucioso y notable testimonio de sensibilidad para rastrear el trayecto heroico de Morelos y su caída vertiginosa— ha sido importante en la construcción dramatúrgica de Morelos: acero y fuego que también debe mucho al poeta tabasqueño Carlos Pellicer (1897-1977), quien con su poema “Tempestad y calma en honor de Morelos” (1946) ha dotado a la imagen del Generalísimo —durante casi siete décadas— de un perfil universal dentro de la literatura iberoamericana y, desde luego, le ha colocado en un lugar preponderante en la literatura de México. Morelos: acero y fuego queda pues para la lectura, para el aprendizaje, acaso para el disfrute, pero también para la representación y, sobre todo, para la reflexión en torno a la condición humana y a partir de la ejemplaridad continental que eternamente coronará la vida de Morelos, El Siervo de la Nación.
Vaya un reconocimiento para la excelente actriz, humanista y sensible creadora Sofía Cárdenas, para cuyo talento histriónico, el dramaturgo concibió el personaje de Ella, la madre de Morelos.
El autor no puede dejar de agradecer al licenciado Luis Álvaro Hernández Esquivel, actor, director, productor, promotor, hombre de teatro de infatigable convicción artística, el entusiasmo y apoyo invaluable para la realización de esta obra, así como el que la dirigiese en el Teatro José Martí de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, tanto como el que halla develado una placa con la representación de esta obra el pasado 31 de mayo, con la presencia de la maestra María Eugenia Mondragón, directora general del Centro Cultural José Martí, celebrando el Bicentenario de la muerte y los 250 años del nacimiento de Morelos, el prócer mexicano hecho de acero y fuego.
