1) El piano es el instrumento favorito de la música. Para ningún otro instrumento se ha acumulado tal cantidad de literatura. La música compuesta para el piano llenaría bibliotecas.

2) El piano ha sido catapulta de las vanguardias musicales, y ha conservado, como en una especie de caja fuerte, incólumes, las más altas expresiones de la música. Es decir, al mismo tiempo es un instrumento de avanzada y de retaguardia.

3) A través del piano, es posible entender la evolución de la música —evolución no en un sentido de la música como una maquinaria que mejora su expresión a través del tiempo, sino como una modificación de la forma de hacer música. Pues el piano refleja los nuevos puntos de vista de los compositores respecto del modo de componer.

4) El piano pone en tela de juicio el arte de la interpretación. Como en ningún otro instrumento, el intérprete se juega su prestigio cada vez que se presenta en público, o que graba. De alguna manera, quien escucha, sea melómano o no, se identifica a través del piano. Sabe si quien toca está haciendo música o no. Excepto si es un incauto y cree que la música consiste en hacer pirotecnia, esperará de aquella interpretación lo sublime, que es lo más alto, lo que hace que un intérprete sea un artista.

5) El piano ha sido el instrumento favorito de los compositores (cuando menos desde el periodo de la música galante, o clásica, a nuestros días), y no sólo en cuanto a la cantidad de música compuesta para él, sino en el sentido más pragmático, pues todos, o casi todos los compositores se han servido del piano para componer. En fin, ha sido la máquina en la cual se trabaja mejor. Mozart, Beethoven, Brahms, Schumann, Mendelssohn, Schubert, por no decir Chopin, Liszt, Chaikovski, Debussy, Ravel, Gershwin, y cantidad inaudita y mayoritaria de músicos, han hecho música a través del piano.

6) El timbre del piano, su sonoridad, es la amabilidad por antonomasia. Escuchar a un pianista estudiar no aleja a quien lo escucha —como en los casos del violín, la trompeta o las percusiones—, sino lo acerca. El piano ejerce una suerte de fascinación en quien lo oye tocar —insisto, aun en el caso de que el ejecutante esté estudiando. Quizás esto tenga que ver con que el piano ha sido tradicionalmente un instrumento casero. El piano fue inventado por Bartolomeo Cristofori, un constructor de claves en Padua, en 1709, y ya en 1779, cuando Beethoven tenía 9 años de edad, había en Viena más de 300 profesores de piano. En México tampoco se quedaba atrás. No había familia que se dignara de serlo que no tuviera un piano en la sala —léase Luis G. Urbina. Y no sólo uno vertical sino de los llamados de cola. Pues era costumbre que las chicas estudiaran el instrumento como un modo de darse brillo y de esa manera ser aceptadas en ciertos ámbitos sociales. Y, habría que decirlo, conseguir marido.

7) El piano ha sido desafío para los intérpretes. Acaso no porque sea el instrumento más difícil —cada instrumento tiene grados de dificultad inimaginables para los profanos—, sino porque en las parcelas pianísticas han convivido los más genuinos representantes de la composición para el piano, y ellos mismos intérpretes absolutamente fuera de serie. Basta con citar tres: Liszt, Chopin y Rachmaninov. Para acabar, digamos que un pianista/compositor enamorado de su instrumento construye cuando compone. Levanta catedrales en la medida que sube la falda de la montaña. Un violinista requiere de la vanidad. Un pianista. de la nueva armonía.

8) Creo.