Fiestas e impresionantes obras de infraestructura enmarcan el aniversario

 

Bernardo González Solano

Los ojos de todo el mundo —simpatizantes y críticos— se dirigen a China; la moda en casi todas las principales universidades del planeta es la enseñanza del mandarín, y los empresarios y comerciantes de los lugares más recónditos quieren hacer su agosto en las otrora desconocidas ciudades chinas.

Asimismo, la República Popular China es ya el primer exportador del mundo (artículos de todo tipo, hasta réplicas en plástico de la Virgen de Guadalupe, mucha bisutería y otros de plano de muy mala calidad, de ahí su bajo precio), y es la gran manufacturera por su baratísima mano de obra.

China es ya la segunda potencia económica, la primera tenedora de reservas de divisas y compradora de deuda pública de muchas partes, sobre todo de Estados Unidos; por ende, el banquero del mundo.

Todo esto a 90 años de la fundación del Partido Comunista Chino y de 62 años de ejercer el poder absoluto del país.

De tal suerte, el viernes 1 de julio Pekín celebró, con fasto sin precedente, el nonagésimo aniversario de la organización política más grande del mundo, con poco más de 80 millones de miembros. Las fiestas incluyeron la inauguración de obras mayestáticas y películas de carácter heroico. ¿Cómo serán las fiestas del centenario del Partido Comunista?

En 1921 todo era muy distinto. La fundación de este partido fue durante un encuentro secreto de 13 jóvenes comunistas en Shangai. Estos pioneros eran perseguidos por la policía de la concesión francesa de Shangai. Simbólicamente, el barrio de Xintiandi, que abrigó este nacimiento clandestino, actualmente es una concentración moderna de bares y de restaurantes de alcurnia.

La historia de aquel primer congreso clandestino poco se conoce fuera de China. Nació con apenas 56 afiliados, cuyos 13 representantes, a escondidas, se reunieron en el hogar de uno de ellos, Li Hanjung. En junta desde el 23 al 29 de junio de 1921, el día 30 la policía francesa hizo una redada en la zona para capturarlos. Advertidos, los congresistas, haciéndose pasar por viajeros turistas, huyeron a la vecina ciudad de Jiaxing, donde concluyeron el encuentro embarcados en una nave de recreo en el lago Nanhu.

Dos décadas más tarde, en junio de 1941, durante la guerra contra Japón que invadió China y contra el partido nacionalista del Kuomitang, fue cuando el último superviviente de los 13 fundadores, Mao Tse-tung, que aún seguía de líder del Partido Comunista, decidió adoptar el 1 de julio como día festivo para conmemorar la fundación del partido.

Para millones de obreros y campesinos analfabetos, el 1 de agosto era ya, desde 1927, el aniversario de la creación del Ejército Popular de Liberación Comunista; entonces, después de la decisión de Mao, el 1 de julio lo sería del Partido Comunista, así como, desde 1949, el 1 de octubre lo sería de la República Popular de China y de toda la Xinhua (nueva China).

Los festejos del 90 aniversario ocuparon la atención de los dirigentes chinos. El día 1 de julio, Pekín se embelleció con millones de flores. El presidente del país y secretario general del Partido Comunista, Hu Jintao —sucesor de Chen Duxiu (1921-1927), Mao Tse-tung (1943-1976); Hu Yaobang (1980-1987), Zhao Ziyang (1987-1989) y Jiang Zemin (1989-2000)—, dijo: “Mirando hacia atrás al progreso que ha experimentado China en estos 90 años, podemos llegar a una conclusión fundamental: que la clave para dirigir de forma adecuada los asuntos de China reside en el partido”, en la solemne ceremonia desarrollada en el Gran Palacio del Pueblo.

Asimismo, el propio Hu Jintao, que cumple ya once años en el poder, lanzó una advertencia muy seria a sus compañeros de partido. Hu Jintao aseguró que el resurgir de China depende del crecimiento y la estabilidad y que la supervivencia del partido está gravemente amenazada por la corrupción.

“El desarrollo —agregó— es de suma importancia y la estabilidad es una tarea primordial. Sin estabilidad no se puede conseguir nada y los logros alcanzados se perderán. Sólo con el impulso de un desarrollo económico rápido y sano podemos garantizar la base material necesaria para el renacer de la nación china”.

En su largo discurso, que duró 90 minutos, el líder chino no hizo especial referencia sobre los momentos peliagudos del reinado comunista, como el fallido movimiento de industrialización del Gran Salto Adelante (1958-1961) y la Revolución Cultural (1966-1976), que provocaron decenas de millones de muertos.

Es claro que el acento puesto en este aniversario por el poder chino es para consolidar su legitimidad. Al respecto se explica Wu Jianmin, ex presidente de la China Foreign Affaires University: “Ningún partido dirigente en el mundo puede perder el poder mientras ofrezca un crecimiento de dos cifras”.

Para demostrar su buena salud, el Partido Comunista acaba de anunciar que sobrepasó los 80 millones de miembros, es decir casi la población completa de Alemania, por ejemplo. La cuarta parte de ese total cuentan con más de 60 años de edad, aunque hay el propósito de rejuvenecer y aumentar el nivel de sus afiliados. Pero hay datos que no se pueden rebatir. Sobre 21 millones de solicitudes en 2010, no se aceptaron solo tres millones. “Como en todos los regímenes de partido único —explica un analista—, la adhesión frecuente es vista como un motor de ascenso social, con el propósito de acceder a lugares privilegiados o puestos importantes”.

Por otra parte, los dirigentes comunistas han puesto en claro que nunca adoptarán un sistema democrático de estilo occidental, y en los últimos meses han incrementado la represión contra activistas y disidentes —como el artista Wei Wei, que acaba de salir de la cárcel acusado de crímenes fiscales— ante el temor de un contagio de las revueltas en los países árabes. Lo cierto es que Pekín nada teme más que a un hundimiento como el que sufrió la URSS hace dos décadas.

El gobierno chino aprovechó las festividades del 90 aniversario del Partido Comunista para desarrollar una gran campaña de propaganda e inaugurar importantísimas obras de infraestructura como el tren de alta velocidad Pekín-Shangai, con una inversión de 23 mil 600 millones de euros que permite recorrer los mil 300 kilómetros que separan las dos ciudades en menos de cinco horas —la mitad del tiempo que hasta ahora— o el puente más largo del mundo sobre el mar con 42 kilómetros .

Al tren de alta velocidad, se agregó la inauguración del puente sobre el mar más largo del planeta: 36.48 km., con un costo de 2 mil 300 millones de dólares y cuya construcción duró cuatro años. El puente conecta ambos lados de la bahía de Jiazhou. Esta obra supera al que hasta ahora se consideraba el más grande del mundo sobre aguas marinas, el de la bahía de Hangzhou, también en China, de 36 km.

Otro puente, sobre tierra, también está en China: de 164.8 km., que es el tramo elevado del tren de alta velocidad Pekín-Shangai.

Además, Pekín inauguró el 30 de junio el mayor gasoducto sobre la Tierra: 8 mil 700 kilómetros.

En fin, para que nada faltara, la máquina de la propaganda cinematográfica rodó una nueva película para ensalzar los logros del Partido Comunista y la figura de Mao Tsé-tung, con motivo del susodicho 90 aniversario de la fundación del partido: La fundación de un partido —para la distribución internacional llamada El inicio del gran renacer—; se estrenó en este mes y se proyecta en las 6 mil pantallas del país, en un intento de fomentar el ardor patriótico a una juventud nacida cuando el fundador de la República Popular ya había dejado este mundo (1976), y más interesada en Lady Gaga y en los videojuegos que en la política.

Con esta película, los chinos esperan recaudar más de mil millones de yuanes (107 millones de euros) y alcanzar una audiencia de 30 millones de personas.

Ante el sorprendente fenómeno económico de China, vale preguntarse con Mario Vargas Llosa en su última Piedra de toque del 2 de julio: “¿Es esto un país marxista-leninista?… la sociedad china es la más desigual del mundo… (y) el Partido Comunista acepta ahora entre su militancia a millonarios y billonarios… (Como dijo Deng Xiaoping: «Da igual que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones»”…

Los hechos son los hechos.