Segunda y última parte
La literatura, como las otras artes, tiene un carácter polisémico, es decir, los teóricos sostienen que su “ambigüedad” permite diversas interpretaciones. Así, la más poderosa lectura del Quijote de hace medio siglo, la de Américo Castro, planteaba la influencia de Erasmo y su Elogio de la locura en la obra de Cervantes y da en el blanco cuando pone en el centro de la discusión lo universal poético, lo verosímil, es decir, lo que parece o finge la verdad, frente a lo particular histórico, vale decir lo verdadero. La primera encarnaría en la literatura idealista serie heroico-trágica, mientras la segunda iría por el rumbo de “la literatura con inclinación a la materia (lo cómico, lo picaresco, lo que con mayor o menor precisión se llama realismo y que a veces es simple naturalismo)”.
El ideal caballeresco, aunque en forma paródica, estaría representado por el Quijote y el realismo por su escudero Sancho Panza. Siempre me ha parecido oro molido, la que considero la frase clave del gran libro. Cuando se elogia a la novela de caballerías Tirante el Blanco, el motivo es que “allí comen los caballeros y mueren en sus camas y hacen testamento antes de morir”. Es decir, esta novela, se inclina por la realidad en contra de la fantasía y, por eso, es digna de elogio.
Otro momento clave de la gran novela es el episodio del yelmo de Mambrino, pues opone la visión del Quijote, perdida la razón por la lectura de la literatura de los caballeros andantes, frente al punto de vista de Sancho Panza, quien ve en lo que su amo llama el yelmo de Mambrino, una bacía de barbero, que es lo que resulta ser. No sin que antes, el conciliador escudero una la contradicción y acepte, en afortunada invención cervantina la palabra recién nacida en boca de Sancho, de, partida la diferencia se considere un “baciyelmo”.
La revolución de Mijaíl Bajtín
El gran teórico literario de nuestro tiempo, es, sin duda, el soviético que se conoce, transliterado, como Mijaíl Bajtín o Bakthine con dos obras fundamentales, una dedicada a Dostoievski y la otra a Rabelais. La primera se titula La poética de Dostoievski y la otra La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. La primera se refiere a la novela polifónica, la que narra no unívoca ni monódicamente. sino a muchas voces, dialogando, y la segunda, la que quiero traer a cuento en estas notas, en torno a cómo la cultura popular renacentista destruye a la cultura medieval. Las dos tesis de Bajtín han influido en la crítica cervantina. Una, la que estudia a Dostoievski, es la que impulsa a los que se dedican a averiguar el laberinto de los muchos narradores a los que aludí en la primera parte de este texto, y la segunda, que es la que queda más a la medida del Quijote, es la que quiero exponer ahora.
Marx postula que en la actual etapa, la clase dominante, la capitalista, engendra a la que habrá de destruirla, el proletariado. De modo paralelo, Bajtín supone que en la Edad Media la cultura dominante, la caballeresca, será destruida, en el Renacimiento, por la cultura popular. La primera, la de las élites medievales, se rige por la cabeza, ´por la lógica, por el orden, es estática y rígida, solemne; la popular, por el cuerpo, por el bajo vientre, donde ocurren los dos procesos fundamentales de la vida, la de la comida, con la defecación y la de los genitales, la del parto. La cultura popular trastroca las jerarquías, propaga el desorden.
Ya por nuestra cuenta, apoyados en Bajtín, podemos argumentar que, en efecto, como se ha dicho de modo permanente, el Quijote pone en tela de juicio las novelas de caballerías, pero se adquiere otra dimensión, si se piensa que este género literario se identifica con la cultura del poder, de la élite medieval. Más todavía si pensamos que Sancho Panza, no es sólo de humilde condición, lo que ya es significativo para otras metodologías, como la sociología de la novela, sino que, desde la perspectiva de Bajtín, es la expresión de la cultura popular.
Un aspecto del pensamiento de Bajtín es el que más ha llamado la atención, estudioso de las letras, nunca pierde de vista la referencia literaria, (Dostoievski y Rabelais) pero el centro solar de su interpretación es la plaza pública, y en particular, el carnaval.
La parodia de caballero andante que encarna en el Quijote trastroca, no sin grandeza, las jerarquías, y por su lado, el carnaval, la expresión de la cultura popular, al coronar al bufón, trastroca las jerarquías, establece lo que Bajtín llama el mundo al revés e incluso lo relaciona con la utopía. La burla, la parodia, la irreverencia y en última (por no decir en primera) instancia se vale de la risa, de lo jocoso, de lo cómico. Y hasta este momento, nadie ha podido negar que el Quijote provoca de modo ineludible una respuesta en el lector: la risa.
Una lectura actual coloca a Sancho en el lugar que le corresponde. No acompaña al Quijote en sus aventuras, es su coprotagonista. Foucault advierte que el Quijote cree en la verdad de los libros (de caballerías), pero su batalla está perdida, porque la vida no se conforma a la verdad de los libros.
Como es sabido, el carnaval tiene sus antecedentes en las fiestas dionisíacas, pero también en las parodias de los libros de la Biblia y entre las fiestas de parodia religiosa, Bajtín menciona la fiesta del asno (en referencia al viaje de María y José a Egipto), fiesta que parece hecha a la medida del asno que monta Sancho para acompañar a Rocinante, caballo evidentemente paródico de los que montan los caballeros andantes. Los escarceos eróticos de Rocinante aluden al bajo vientre, vale decir al coito y por añadidura al nacimiento. Los malos olores cuando Sancho se ve obligado a descargar el vientre son, como queda dicho, elementos inherentes al carnaval y, por lo mismo, a la cultura popular de la Edad Media. El mismo Bajtín los detecta no sólo en Rabelais, tema de su estudio, sino en Shakespeare y en Cervantes.
Como Marx, Bajtín propone como método la dialéctica y, por lo mismo, destaca las contradicciones de la cultura popular, (festiva y burlona, niega y afirma, amortaja y resucita) pero sobre todo considera que todo texto forma parte de un proceso, de hecho no gusta de la teoría, (y desde luego, discrepa de los formalistas rusos), porque considera que todo hecho de lengua está inscrito en unas circunstancias y que es parte de un diálogo, siempre abierto. De aquí sus seguidores, como Julia Kristeva o Galvano della Volpe derivarán el concepto de intertextualidad. Se ha explorado menos las referencias de Bajtín a ideología y lucha de clases.
Ludovic Osterc ha tratado de demostrar que Cervantes participa de las ideas más progresistas del Renacimiento, Foucault lo hace con Velázquez y las Meninas, padre de la Modernidad, vale decir, de nuestra era. Los conceptos de Bajtín aplicados al Quijote, muestran cómo Sancho y el Quijote encarnan en dos personajes, el proceso histórico de la cultura popular enterrando la cultura caballeresca para abrirle paso a la Modernidad, proceso que dialécticamente no está exento de retrocesos y luchas. (Carnen Galindo)
