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Un descarrilamiento hacia el fascismo sabemos cómo empieza, pero nunca cómo termina.
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Diferencias entre Clinton y Trump

La sombra siniestra del terrorismo se esparce sobre todo el planeta, a través de manifestaciones de organizaciones como el llamado Estado Islámico, y también como producto de una patología social de los llamados lobos solitarios, que han causado pánico, particularmente en Alemania y en Francia.

El tema nos debe hacer reflexionar sobre el panorama que registra la sociedad de nuestro tiempo; indudablemente hay un fenómeno, más allá de las diferencias religiosas y del fanatismo, que tiene que ver con la enorme desigualdad, con la pobreza y con el desempleo que ha generado el sistema económico. Donde se refleja representativamente este enojo social es, precisamente, en Estados Unidos de Norteamérica a partir de las campañas políticas.

Por primera vez son claras las diferencias ideológicas entre demócratas y republicanos; la figura de Donald Trump se presenta como una desviación grave del sistema capitalista pues, frente a la crisis, plantea una sociedad xenofóbica y militarista; la mejor prueba de esto fue el discurso de aceptación de la candidatura presidencial, donde apareció, una vez más, como una figura siniestra y caricaturesca; tal vez por eso, en el discurso del expresidente Cliton, en la convención demócrata, se presentó la diferencia entre lo real —representado por el trabajo en el servicio público de Hillary Clinton, con altas y bajas— y el mundo imaginario de Donald Trump, pero con intenciones apocalípticas. En esta convención demócrata quien mantuvo una actitud inteligente y caballerosa fue el senador Bernie Sanders que, a cambio de no ser electo, ha modificado la agenda de los demócratas hacia una posición de mayor contenido social.

trumpo

El tema requiere una reflexión serena, porque un descarrilamiento hacia el fascismo sabemos cómo empieza, pero nunca cómo termina; un anticipo lo tenemos en el brexit y en los grupos de ultraderecha, que operan en Austria, en Francia y en diversos países europeos; una posición autoritaria que aprovecha la ignorancia, provocando un fanatismo nacionalista, que mucho nos recuerda a los líderes de España, Francia e Italia en la Segunda Guerra Mundial.

En México tenemos que estar preparados para lo peor, aunque tenemos mucho con qué defendernos; el trabajo de los mexicanos en el vecino país del norte, la exportación de bienes y servicios y la intensa actividad comercial con Estados Unidos representa más de mil millones de dólares al día. Suponemos que esto explica la última reunión del presidente Enrique Peña Nieto con su homólogo Barack Obama.

No sabemos hacia dónde girará la rueda de la fortuna mundial; frente a eso, debemos tener una unidad nacional que urgentemente requerimos; mas allá de las diferencias de los partidos políticos y de la sucesión presidencial de 2018, deben convocarse reuniones de análisis, para que todas las fuerzas sociales del país estén preparadas frente a la terrible amenaza que nos agobia.

No podemos dejar pasar estos meses sin haber afinado una planeación de nuestro destino y de nuestros valores. La clase política mexicana está obligada a conducirse con serenidad y patriotismo, pues atravesamos momentos difíciles.