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Investigadores estadounidenses realizaron un mapa de la corteza cerebral, que contribuirá a precisar dónde se localizan las actividades superiores del ser humano.
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Los sitios para pensar y percibir

 

 

 

Aunque todavía algunas personas consideran el corazón como asiento del alma y las emociones, la realidad es que la mayoría está consciente de que el cerebro humano es el que dirige pensamientos, sentimientos y sensaciones que nos permiten relacionarnos.

Estrictamente, en el cerebro se encuentra la cuna de la cultura y la civilización, ya que el pensamiento lógico y sistematizado, así como el análisis de acontecimientos y fenómenos físicos que se originan en el cerebro han permitido nuestra evolución sociocultural. Por lo tanto, los científicos desean desentrañar los lugares donde se realizan esas funciones superiores, el cerebro.

 

El primer atlas cerebral

Hace más de un siglo, en 1909, el neurólogo alemán Korbinian Brodmann publicó su trabajo “Vergleichende Lokalisationslehre der Großhirnrinde in ihren Prinzipien dargestellt auf Grund des Zellenbaues” (Estudios comparados de localización en la corteza cerebral, sus fundamentos representados en la base de su arquitectura celular), que tenía como finalidad establecer la relación entre las funciones del ser humano y la estructura de la corteza cerebral; es decir, averiguar qué áreas o regiones se activan en determinadas situaciones.

Brodmann distinguió 52 áreas (de la 1 a la 52) del cerebro que relacionó con diversas funciones, como el movimiento, la visión, el olfato, el lenguaje y la audición. Desde entonces, los neurofisiólogos han estudiado y delimitado mejor esos sitios, gracias a las modernas tecnologías de investigación cerebral que se crearon en las últimas décadas.

Sin embargo, todavía quedan varias dudas sobre el funcionamiento cerebral, por lo que un grupo de investigadores estadounidenses trabajan en el Proyecto Conectoma Humano, creado en 2009 con el patrocinio de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, que tiene como objetivo crear un mapa que muestre la conexión anatómica y funcional del cerebro humano sano, así como generar conocimientos que faciliten la investigación de trastornos cerebrales como dislexia, autismo, enfermedad de Alzheimer y esquizofrenia.

Una de las tareas del Proyecto Conectoma Humano es reunir estudios de monitoreo cerebral (escáner cerebral) de adultos jóvenes, tanto en reposo como realizando diferentes actividades, como escuchar una historia, realizar juegos de memoria o contemplar ciertos paisajes. De esta forma, se trata de sistematizar la información para definir con mayor precisión las áreas ya descritas por Brodmann o, en su caso, realizar otro mapa cerebral más completo.

 

Una tarea muy cerebral

Como parte de esa actividad, investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, encabezados por el neurocientífico David van Essen, publicaron el trabajo “A Multi-modal Parcellation of Human Cerebral Cortex” (Una parcelación multimodal de la corteza cerebral humana), el 20 de julio pasado en la edición en línea de la revista Nature.

En el artículo informan que la parcelación (o mapa) y la clasificación que obtuvieron “permitirán mejorar sustancialmente la precisión neuroanatómica de la organización estructural y funcional de la corteza cerebral humana, así como su variación en el desarrollo, envejecimiento y enfermedad”.

Van Essen y colaboradores analizaron los escáneres de 210 personas, en reposo y en actividad, reunidos por el Proyecto Conectoma Humano. Asimismo, tomaron en cuenta la cantidad de mielina (sustancia que envuelve algunos nervios, que tiene como función principal aumentar la velocidad de conducción del impulso nervioso) y las variaciones de los pliegues y espesor de la corteza.

Como corroboración de los datos, se comparó este análisis con otro grupo de 210 adultos sanos. Encontraron 180 áreas en cada hemisferio (en lugar de las 52 de Brodmann), pero creen que en otros estudios el número aumente. “En algunos casos identificamos áreas de la corteza que probablemente tienen subdivisiones, pero no nos atrevimos a trazar una línea con los datos y técnicas que ahora tenemos”, refirió Matthew Glasser, otro colaborador del estudio.

Este estudio, refiere el neurocientífico computacional Tim Behrens, de la Universidad de Oxford, Gran Bretaña, citado por la BBC, “conceptualmente cambia las cosas. Las áreas del cerebro no están divididas con, vamos a decir, 50 piezas que debemos descifrar lo que hacen. En la medida en que obtengamos más y mejores datos, podremos subdividir más y más; por lo que debemos pensar en el cerebro de una forma más granular”.

Por su parte, otros investigadores, como Simon Eickhoff, de la Universidad de Düsseldorf, Alemania, consideran que no debe, tratarse esas regiones como estrictamente “nuevas”, ya que en los mapas cerebrales antiguos se observan nombres y funciones para cada parte del cerebro. “Este trabajo define algo claro donde el conocimiento había sido impreciso y quizás contradictorio. Pero «nuevo» es un término delicado”, afirma el especialista.

Lo cierto es que este nuevo conocimiento de los lugares del pensamiento, la percepción, el movimiento y las emociones permitirá comprender mejor cómo funciona nuestro cerebro.

 

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico