[gdlr_text_align class=”right” ][gdlr_heading tag=”h3″ size=”26px” font_weight=”bold” color=”#ffffff” background=”#000000″ icon=” icon-quote-left” ]
La falta de oportunidades de los musulmanes en Europa estimulan estas manifestaciones de rencor en contra de Occidente.
[/gdlr_heading][/gdlr_text_align]
¿Guerra de religiones?
Como dice el refranero, sorpresas te da la vida. Y yo agregaría ¡qué sorpresas! A diario las noticias dan cuenta de eventos que nos sorprenden por su novedad, pero una novedad perversa que confunde emociones, confronta conciencias y exige hacer un alto en el camino para reflexionar sobre la vigencia de valores esenciales, que tienen que ver con la habilidad del ser humano para respetarse a sí mismo y hacer de la modernidad un momento histórico, en el que la tolerancia y el respeto a lo diferente sean conducta cotidiana y conquistas irreversibles. Lamentablemente, las cosas no son así y tal pareciera que hay un retroceso notable, que pone en jaque la convivencia armónica que debe existir entre distintas culturas y confesiones religiosas.
Hace unas cuantas semanas, luego de que en Francia y en otros lugares del viejo continente ocurrieran ataques terroristas que merecieron la condena unánime de la comunidad internacional, la celebración en Niza de la toma de la Bastilla, el 14 de julio, se convirtió en una nueva tragedia. Un militante de Al Qaeda y Daesh (ISIS), cegado por el dogmatismo, arremetió con un autobús en contra de un numeroso grupo de gente, incluidos menores de edad, en un hecho vergonzoso que costó la vida a más de ochenta personas y dejó gravemente heridas a por lo menos cien más. Pocos días después, el 26 de julio, dos miembros del mismo ISIS degollaron al octogenario sacerdote católico, Jacques Hamel, cuando se encontraba dando misa en su iglesia en Rouen, Francia.
Ambos eventos ofrecen un buen ejemplo de la irracionalidad que ha alcanzado el radicalismo islámico y, sobre todo, de las formas que está adoptando su lucha en contra de objetivos que se localizan en el mundo occidental, en especial en países que han participado en acciones de combate en contra de Al Qaeda o del mismo ISIS en Siria. Este tipo de hechos, trágicos y cobardes por donde se les quiera ver, han despertado la idea de que el mundo se encuentra inmerso en una guerra entre religiones. Ahora bien, aunque se trata de una situación límite, que atemoriza sociedades y pone a prueba la voluntad de los gobiernos y organismos multilaterales para reaccionar con prudencia, a fin de evitar procesos de escalada inconvenientes para la paz y la seguridad internacionales, es pertinente matizar conceptos.
Cuando se alude a una guerra entre religiones, en el caso que nos ocupa entre las tres grandes confesiones monoteístas, se da por hecho que sus respectivos dirigentes han declarado las hostilidades de manera abierta. Y por supuesto nada hay más alejado de la realidad. El 27 de julio el mismo Papa, de viaje de Roma a Cracovia, donde participó en la Jornada Mundial de la Juventud, ofreció una conferencia de prensa en la que señaló que la vocación natural de las religiones es la paz, por lo que no existe tal conflicto. Añadió que cuando se le inquiere sobre la “violencia islámica” le viene a la mente la idea de que también hay violencia católica, como a diario ocurre en tantos lugares del mundo donde hay seguidores de esa religión en los que es común el secuestro, la delincuencia internacional organizada y la trata de personas, entre otros delitos. Por ello, insistió, si se habla de violencia islámica, de la misma forma se debe hablar de violencia católica, en especial porque no todos los islámicos y no todos los católicos son violentos. Para corroborar esta afirmación Francisco recordó que, en recientes conversaciones con el Gran Imán de la universidad egipcia Al Azhar, la más prestigiada del mundo musulmán, ha podido comprobar que los seguidores de la fe de Mahoma buscan el encuentro y la paz.

En efecto, para las religiones herederas del mazdeísmo, de Ahura Mazda, la deidad solar todopoderosa, el monoteísmo es el factor aglutinador de pueblos que, primero en el Cuerno de África y después en Levante, construyeron desde la antigüedad una idea de Dios que, por definición, se opuso al politeísmo del mundo clásico. Y esta herencia, compartida por judíos, cristianos y musulmanes, la recogen puntualmente sus respectivos libros sagrados. No obstante, la evolución de cada una de estas religiones a lo largo de la historia y su vinculación con el poder político, las llevó en diferentes periodos a confrontarse por el control de vastos territorios, en una dinámica que otorgó legitimidad a unos grupos sobre otros sobre la base de consideraciones dinásticas, casi siempre asociadas a los linajes de los grandes profetas, como ocurre de manera destacada entre sunitas y chiitas en el mundo islámico.
Y así las cosas, hay quienes hoy en día, en plena época de nanotecnologías y nubes de información, insisten en la actualidad de estos diferendos y en su utilidad para obtener dividendos que poco tienen que ver con la espiritualidad y mucho con el ejercicio del poder y con las mundanas pasiones del hombre. Cierto, la falta de oportunidades de los musulmanes en Europa y la tensión siempre presente en Oriente Medio, estimulan aún más estas manifestaciones de rencor en contra de Occidente. Igualmente cierto es que ello no se traduce en automático en una guerra entre religiones.
El escenario es confuso. En un reciente video difundido por ISIS, su líder Abu Bakr Al Baghdadi, llamó a todos los musulmanes del mundo a luchar, invocando que el Islam nunca fue una religión de paz y sí una de guerra. En un afán por desatar la violencia en todo el orbe islámico, indicó que la del ISIS es la guerra de los musulmanes contra los infieles, una guerra que obliga a todo musulmán y que hace imposible la conciliación con judíos, cristianos u otros infieles. Que triste que así sea para ISIS. No obstante ello da la razón a Francisco, quien en la conferencia de prensa arriba citada afirmó que, en materia de religiones, “hay de todo” y siempre existirán grupos fundamentalistas, incluso en la católica. “Son grupitos fundamentalistas. Yo me pregunto, ¿cuántos jóvenes, que nosotros europeos, hemos dejado vacíos de ideales, que no tienen trabajo y van a la droga o el alcohol se juntan en grupos fundamentalistas?
Internacionalista
