Las armas del oficio

Va un fragmento de “El oficio y la libertad”, que forma parte del libro Crónicas súbitas de Marco Aurelio Carballo (Tapachula, Chiapas, 20 de septiembre de 1942 -Ciudad de México, 1 de agosto de 2015), de próxima aparición con el sello editorial de la UNAM.

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…Mi primer oficio fue el de buscavivencias en avionazos, incendios, inundaciones, terremotos y lo mejor, valga la expresión, una guerra, la de Nicaragua. Hubiera querido ser grumete o polizón de barco, ir y venir por el Pacífico, de norte a sur y de sur a norte, cruzar el Triángulo de las Bermudas. Pero fui aventurero de trenes, desaparecidos, y de aviones. Ni bombero ni astronauta…Vete a las orillas, ordenó el Ogro, mi padre y patrón. No te pasees como los demás por los portales haciéndote pato. Busqué en las goteras de la ciudad de unos cincuenta mil habitantes. De súbito, oh, mis diosas, descubrí el paraíso en la tierra, una reserva de mujeres, la zona roja. Pronto hice una clientela nutrida y policroma de señoritas putas. Papá estaba satisfecho porque vendía tanto como cualquier otro papelero y en menos tiempo. Intuí que debía mantener en secreto mi circuito de ventas…

Si quería ser escritor, decidí empezar de reportero como Hemingway. Con El Bachiller, periódico mensual editado en la prepa, quise como casi todos ser un bizarro articulista exterminador de abusivos servipoderosos empezando por el director de la escuela. Sin embargo, el análisis o la opinión es lo más alejado de los cuentos y de las novelas. Primero debía ser reportero. Al retomar el oficio en el df fui ayudante en un diario que cerró por una huelga. Después entré de reportero a una agencia de noticias y a otro diario al que renuncié en octubre de 1968 porque hasta el portero atacaba el movimiento estudiantil. Quería emular, loco, al Che y a Fidel. El dueño de otro diario nos corrió a ocho porque temió, paranoico, un sindicato… En el tercer y cuarto diarios dominé el oficio casi por completo. El remate fue ser corresponsal de guerra. Faltaba la jefatura de redacción. De hecho la desempeñé en Siempre! Además el director José Pagés Llergo (jpll) dijo que olvidara la tiesura de la redacción del reportero de diario y escribiera crónicas y me soltara… Pero me solté demasiado escribiendo de viajes y de trago, harto trago. Ahí aprendí que periodista es quien conoce el oficio de principio a fin, como lo dominó jpll. No el articulista con otra chamba muelle y que funge como esquirol porque ni cobra su artículo o paga para publicar…

Cuando los articulistas geniales examinan los problemas de la libertad de expresión toman acuerdos inútiles para el reportero porque desconocen la realidad de las infanterías… La mejor arma para impedir supuestos atentados contra la libertad de prensa es el dominio del oficio. Con mayor razón si los tiempos son de violencia y de raudos avances tecnológicos. Con el oficio se aprende a evitar desmentidos y plagios, incluso a teclear “refritos” sin riesgos… También se aprende a escribir de lo que uno sabe.

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