Desde la primera edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna, Atenas 1896, hasta Río de Janeiro 2016, el deporte se ha ido consolidando como un elemento socializador y democratizador que impacta de manera directa en muchos ámbitos de las actividades humanas, y hoy en día, genera economías de escala que aportan sumas considerables al Producto Interno Bruto de muchos países. Desde el ámbito gubernamental el deporte forma parte preponderante de los planes y programas nacionales, principalmente en los países de élite, pero también en algunos que están en vías de desarrollo como Cuba, Jamaica y otros del África subsahariana.
La realidad del deporte moderno tiene muchas aristas y es materia de estudio desde enfoques multidisciplinarios. Las definiciones clásicas de los modelos de deporte en las sociedades occidentales, europeo y americano han experimentado importantes cambios en sus acepciones que contemplan elementos de salud, interacción social, competición, psíquica, educativa, innovación tecnológica y científica, cultural, lúdica, entre otros.
Esta evolución ha llevado a inimaginables transformaciones en las distintas disciplinas en aspectos de nuevas técnicas de entrenamiento, alimentación, equipamiento, espacios más funcionales para una práctica deportiva óptima, y a su vez, ha creado súperhumanos que han impuesto marcas para la historia – en las olimpiadas pasadas se establecieron 27 nuevos récords mundiales. En las olimpiadas de Atenas 1986 se practicaban 8 disciplinas y en Río de Janeiro 2016 se disputaron 42 deportes Olímpicos, con una participación de 208 países, 11,544 atletas en 308 pruebas.
Sin embargo, muchos de los países están lejos de apropiarse de estas innovaciones y sumarse a esta sinergia de cambios, y se mantiene una constancia en los que siempre han estado en el top 5, con excepción de China, que ha crecido de manera impresionante. Del total sólo 87 ganaron medallas, de los cuales 21 sólo ganaron 1. De los países latinoamericanos sólo Brasil, Jamaica, Cuba, Colombia, Argentina, Bahamas, Puerto Rico, México, Venezuela, República Dominicana y Trinidad y Tobago, 12 de los 40 que conforman la región latinoamericana y el Caribe.
Esto se puede explicar de alguna manera por la proporción de sus poblaciones y tamaño de economía, lo cual se traduce en el gasto que invierten en este sector. De acuerdo con Índice de Poder Político Deportivo 2013-2015, realizado por el Comité Olímpico Danés, México es el mejor posicionado (lugar número 20 con cerca de 233 millones de dólares en el deporte), seguido de Brasil (21) y Argentina, en el 32. Nuevamente, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Canadá, Rusia, España, China y Australia, los punteros en el medallero, invierten mucho más en el deporte.
De lo anterior podemos deducir la correlación que existe entre el monto de inversión, el grado de desarrollo de un país y las estrategias nacionales que influyen directamente en los resultados olímpicos. Dada la heterogeneidad y complejidad de los países de nuestra región, es fundamental aprovechar la experiencia cubana y jamaiquina que han desarrollado importantes programas de deporte, con inversiones limitadas y que generan una cultura deportiva.
Si queremos tener mejores resultados en Tokio 2020, estamos en tiempo para que en los tantos foros regionales en los que participamos la mayoría de estos países, pongamos en la agenda el tema del deporte, que más allá del ámbito deportivo, es un elemento democratizador que aumenta las capacidades humanas y tiene efectos positivos en la sociedad.
*SECRETARIA DE LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, DEL SENADO DE LA REPÚBLICA.
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