La infancia sería una de sus mejores materias (observaciones) para echar a funcionar la maquinaria de sus relatos. Roald Dahl, a sus trece años de edad ingresa a la escuela Repton, en el sur de Derbyshire, Inglaterra; escuela que, de por sí, su arquitectura parece inspirada —o inspira— un cuento, con su iglesia de Saint Wynstan, con un reloj en su pared principal. En Repton, Dahl y sus compañeros de escuela eran los que le daban el visto bueno a los chocolates de Cadbury, la fábrica vecina al colegio que utilizaba a los niños antes de mandar su producto al mercado. De ahí nacería Charlie y la fábrica de chocolate, novela infantil que retrata a un niño que vive con su familia, compuesta por sus padres y sus abuelos; la trama inicia con el límite de la pobreza en la que viven y que, además, el padre del protagonista Charlie Bucket, es despedido, sin embargo, este niño y su abuelo Joe tienen un sueño en común: visitar la fábrica de chocolate Willy Wonka, sueño que se cumplirá para ambos a pesar de que la fábrica ha cerrado ya por años; consiguen la visita gracias a que el dueño mete cinco billetes dorados en los chocolates para que, quienes sean los afortunados en encontrarlos, lleguen a un sitio repleto de golosinas pero sólo uno de ellos recibirá la más grande e inesperada sorpresa: ser dueño de la fábrica de chocolate. Por supuesto, los otros cuatro fueron eliminados y Charlie es el que le dan el premio máximo pero renuncia a él porque sabía que ser dueño de la fábrica significaba renunciar a la familia.
El escritor lleva el nombre de un orgullo de Noruega, del explorador Roald Amundsen. Roald Dahl quedó huérfano de padre a sus 5 años y su madre decide que deben continuar en Inglaterra. Dahl, sumamente marcado por su infancia, deja un importante registro de ella en su narrativa, como se ha hecho la mención de Charlie…, pero, también, en Matilda, obra en la que aparecen diversos castigos que viviría Dahl en el colegio para varones en el tiempo que le tocara.
Roald Dahl es autor de Los gremlins, James y el melocotón gigante, El dedo mágico, El Súperzorro, El gran gigante de bonachón y El vicario que hablaba al revés, entre otras obras infantiles, además de sus poemarios para niños y novelas para adultos como Jamás digas nunca. Por supuesto, sin dejar de lado su quehacer como dramaturgo o guionista de cine y televisión. Gran parte de sus libros han sido llevados al cine, en los que también Dahl ha participado.
Este 13 de septiembre de 2016 se cumple el centenario del nacimiento del escritor de ascendencia noruega. Su obra es una atractiva red de lectores y su vida estuvo muy comprometida a la alfabetización, una labor que continúa la Roald Dahl Foundation.
