Roberto Escudero y Luis González de Alba fueron los representantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM al Consejo Nacional de Huelga, la dirección del Movimiento Estudiantil de 1968. Roberto estudiaba Filosofía y Luis, Psicología, carrera que en ese entonces formaba parte de esa Facultad.

Un paréntesis sobre Luis González de Alba

Luis González de AlbaCon Luis, las cosas empezaron mal, y habrían de ir de mal en peor. Raúl Álvarez Garín, sin conocerme, me mandó un recado desde la cárcel sobre la novela de Luis, Los días y los años. Raúl pensaba que en ese libro, el “Lábaro”, como le decíamos, dejaba mal parado a varios dirigentes, en particular a Salvador Martínez de la Rocca, el famoso “Pino”, a quien ese entonces yo tampoco conocía. Escribí la nota y dije simplemente que el libro de González de Alba no era una crónica, sino una novela y que, por lo tanto, había cargado mucho la tinta en algunos retratos, como ocurre en toda ficción y que el lector debía tener cuidado de no confundir la novela con la realidad. Las escenas, primeras, las de Tlatelolco, me parecieron y me siguen pareciendo memorables. Me impresionó identificar entre los personajes a Selma Beraud, con su nombre, y a Luis Prieto, con uno supuesto. Años después, le reclamé a Carlos Monsiváis que publicara aquí en el Siempre, un texto en que González de Alba postulaba que era preferible amar a los hombres, porque las mujeres, estaba comprobado “científicamente”, éramos inferiores por tener el cerebro más chico. Carlos murmuró algo sobre este disparate y pasó a otro tema. Luego vino la controversia con Margarita Peña en La Jornada en la que Luis defendía a los violadores como expresión de libertad sexual. Y todavía después, creo que fue en la huelga de 1977 en la UNAM, en que me encontré a Luis y me comentó que no era posible que las ratas se estuvieran devorando por los experimentos abandonados en Psicología. Le dije que ese cuento estaba bien para consumo de la derecha, pero que él que estaba en la UNAM sabía perfectamente que era un infundio. Cuando me despedí, le dije a mi hermana, nunca le voy a volver a hablar. De hecho, nunca nos volvimos a encontrar y ahora que leo de su muerte solo siento escribir esto por Selma, que sé que lo quiso mucho. La misma Selma me comentó que no le pareció bien el matrimonio de Paz Cervantes con Luis y que así se los dijo, pero de hecho no sé si, como todos, ella también se había peleado con él. Por supuesto, que uno tiene derecho de querer a sus amigos, a pesar de sus errores políticos.

La muerte de Roberto Escudero

El caso de Roberto es lo contrario, su funeral acabó en un auténtico mitin político en que los muchos asistentes fueron dando su testimonio sobre Roberto. Como de muchos amigos, al final uno se queda con algunas escenas, especie de foto fijas, que reducen la riqueza de una relación a dos o tres escenas. Contaré algunas que se me han quedado grabadas con Roberto.

Revueltas se une al movimiento estudiantil

El funeral de Roberto Escudero se convirtió en un mitin político.

El funeral de Roberto Escudero se convirtió en un mitin político.

Un día mítico en la Facultad de Filosofía y Letras y mítico en el Movimiento del 68 fue la tarde en que José Revueltas llegó al Auditorio Che Guevara. Lo llevó Ignacio Hernández (el director de teatro que también por desgracia murió en estos días) y “yo fui ­me dijo Nacho- quien presentó a Pepe con Roberto Escudero”, quien, a su vez, se convertiría en el más cercano amigo, por no decir el mejor, del escritor.

Después de otras intervenciones, anuncio Roberto, “le doy la palabra al compañero José Revueltas”, el célebre escritor, micrófono en mano y de pie ante todos nosotros, exclamó: “Compañeros, vengo en representación del Bloque de Escritores y Artistas en apoyo al Movimiento Estudiantil”. Todos empezamos a aplaudir entusiasta, delirantemente. Roberto preguntó “Compañero, ¿y quiénes forman el bloque?”. A lo que Revueltas contestó: “Por el momento, solamente yo”. Siempre que cuento esto, Eugenia Revueltas se siente apenada, como si fuera un paso en falso del militante,  pero la verdad es que ahí aprendí mi primera lección de política, porque en 15 días, si no es que menos, decenas de artistas y escritores, convocados por Revueltas, formaban el solidario Bloque.

El escritor ya no salió de la Facultad, salvo para ir a casa de Selma Beraud cuando había Consejo Nacional de Huelga, sesiones a las que no podía asistir porque no era estudiante y mucho menos representante. Roberto y Luis regresaban a casa de Selma y contaban lo que había ocurrido en la reunión del CCH. Leíamos, nos contó Selma apenas el otro día, un poema de la antología de Carlos Monsiváis La poesía mexicana del siglo XX.

El famoso encuentro con representantes del gobierno

Durante el Movimiento, el gobierno de Díaz Ordaz trató de hablar con los líderes y se concertó una cita entre Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega Domínguez, como representantes del gobierno, y Roberto Escudero, Rufino Perdomo y José Revueltas, como militantes del movimiento. A la cita, en la casa de Andrés Caso, los llevó Selma. Cuando salieron, Selma trató de desestacionar su coche y al parecer casualmente otro auto chocó con el suyo. Revueltas se bajó a alegar y cuando se aproximó vio una ametralladora en el asiento del copiloto. De inmediato comprendió que los iban a detener y comienza una carrera.

cascadeMe contó hace mucho tiempo Rufino que Selma en tres ocasiones manejó en sentido contrario en la glorieta (ahora le llaman distribuidor) del Riviera. Revueltas decide ir a los Estudios Churubusco (hoy, Centro Nacional de las Artes) donde tiene amigos, lo cual es cierto, pero, siempre según el relato de Rufino, Revueltas propone que ya ahí se disfracen de vaqueros para que no los reconozca la policía. Con el mismo fin, piensa en cortarse la barba, pero Selma sólo tiene en su bolsa unas tijeritas para el manicure. Finalmente, pierden a los agentes policiacos en Río Churubusco y luego, más adelante se topan con ellos y se reanuda la persecución durante tres horas. Al final llegan a salvo a casa de Selma.

Después de Tlatelolco, se esconden en un departamento de soltero de un periodista. Cansados de tantos días de encierro, Rufino y Roberto salen un rato a tomar un café, Revueltas se queda escribiendo y en esa casa lo detienen ante los ojos de Selma que les llevaba comida. (Todo esto lo conté en un aniversario del 2 de octubre con el título de “Las mujeres del 68”, Selma nunca lo leyó y yo no sé dónde esté la copia, si es que existe, ahora reconstruyo este hecho de memoria, sin el auxilio del relato de Rufino, entonces reciente). En algún momento, tiempo después, Rufino Perdomo sale del país rumbo a Chile, seguramente con pasaporte falso, Roberto, no, es el primer mexicano, desde 1945, al que se le concede asilo político, Se refugia en Chile, donde el presidente es Salvador Allende.

El libro de Escudero sobre Revueltas

Roberto escribió un breve libro titulado Un año en la vida de José Revueltas. En realidad, se refiere a dos años, el de su polémica con Enrique Ramírez y Ramírez sobre Los días terrenales, de 1949, y la polémica con Juan Almagro (Antonio Rodrígues, el crítico de arte) sobre la puesta en escena de El Cuadrante de la Soledad, de 1950. Roberto le da toda la razón a Revueltas y discrepa de Don Enrique y de Rodrigues (se escribe con ese, porque era portugués). Invitado a mi Seminario Público a presentar el libro, discrepo de la opinión de Escudero. Lo de Rodrigues no vale la pena rebatirlo porque son dos o tres insultos, pero lo que preocupa al Partido Comunista y a Ramírez y Ramírez es que Revueltas y Efraín Huerta, se estén alejando del marxismo para adoptar la filosofía existencialista, en esos años identificada con el fascismo por el apoyo de Heidegger a Hitler. Como Revueltas en la publicación de su obra completa, en Empresas Editoriales, reconoce que tiene influencia, y se enorgullece de ello, de Jean-Paul Sartre, padre del existencialismo francés, yo sostuve y sostengo que Don Enrique tenía razón al advertir la influencia existencialista en Revueltas. Todo esto, lo dije del modo más suave y cortés posible, lo que no impidió que otro día, en que estábamos con unos amigos, Roberto dijera delante de mí, y riéndose “cuando fui al seminario de Carmen, me puso como dado”. Sobra decir que ese libro es muy interesante.

Un episodio con Sergio Fernández

En pleno 68, me cuenta el escritor y ahora profesor emérito Sergio Fernández: “Ay, Carmen, estoy tan apenado con Roberto. El otro día estábamos platicando en el estacionamiento de la Facultad, cuando llegan unos muchachos muy alarmados a informarnos que el ejército se dirige a tomar Ciudad Universitaria y va a creer que yo dejo a Roberto con la palabra en la boca, me voy a mi coche y salgo volado de la universidad sin ofrecerle que se vaya conmigo, ni siquiera preguntarle qué va a hacer. (Otra discrepancia con Luis González de Alba que dijo que el 68 fue un movimiento lúdico y que sólo décadas después se habla de que se arriesgaba la vida; de hecho, lo que distinguió al régimen diazordacista fue la represión y muchos fueron a la cárcel y otros fueron asesinados incluso antes de Tlatelolco). Ciertamente, Sergio me contó lo anterior burlándose de su propio susto y Rufino se reía de que la desbordada imaginación de Revueltas propusiera disfrazarse de vaqueros, pero el movimiento fue trágico y nada divertido.

Cuando, en efecto, fue tomada por el ejército Ciudad Universitaria, Roberto Escudero y José Revueltas se fueron a refugiar a casa de Sergio Fernández y luego, a casa de un amigo de Sergio, el periodista Arturo Cantú.

Un Don Juan enamorado

Roberto era muy enamorado, yo le decía que al contrario del Don Juan que va desechando mujeres, él era un Don Juan enamorado. Tuvo varias esposas, bromeaba que como dos de ellas se llamaban Carolina, no corría el riesgo de decirles por el nombre equivocado como le ocurrió en otras ocasiones. Cuando cumplió 70 años los festejó con su compañera de entonces, Argentina. Estaba gente del 68, como  Raúl Álvarez Garín o Cabeza de Vaca; de la Universidad, como Sergio Fernández o Marina Fe. Estaban, claro, Selma Beraud y Laura Oseguera.

Más tarde, y creo que fue de sus últimas actividades, Roberto fue responsable, junto con Carlos Narro, de los homenajes de la UNAM a Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas, por sus centenarios.

En defensa de Escudero y de Revueltas

Revueltas-José-001Hace muchos años, daban una conferencia en Radio Universidad Eduardo Lizalde, Guillermo Rousset Banda y Lucy Bonilla, la verdad debo confesar que fui arrastrada por la curiosidad malsana de ver juntos a la famosa pareja. Se cuenta que Guillermo Rousset Banda encontró a su ex esposa Lucy Bonilla con un galán y que, irascible como era, mató al hombre. Para evadir a la justicia se fue 10 años a Francia, pero al regresar a México, al parecer a causa de otro problema por la misma Lucy Bonilla, fue aprendido en el aeropuerto y encarcelado.

Como de costumbre, en la mesa redonda, Eduardo Lizalde, quien fue espartaquista y ahora es anticomunista, se dedicó a criticar a Revueltas, en particular, si no recuerdo mal, el excelente Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. A su vez, Rousset Banda, quien incluso llegó a decir que él encabezaba a los espartaquistas, insistió en lo débiles que eran las bases  marxistas de Revueltas. Lucy Bonilla, entre otras extravagancias, sostuvo que Revueltas era partidario de la revolución de un hombre solo. (Cualquier cosa que esto signifique).

Al término de la mesa redonda, invitaron al público a participar, yo precavidamente y estando presente la mortal pareja, me quedé callada. Pero Emilio Reza, luego de insistirme, optó por pedir la palabra ¡para mí! Me puse a alegar con ellos, y como prueba de los conocimientos de Revueltas argumenté que Escudero era profesor de Filosofía y que de haber un error, no sólo lo hubiera objetado, sino corregido de antemano por su cercanía con el autor. No lo hubiera yo dicho, los dos se lanzaron contra Roberto juzgándolo indigno de compararse con Revueltas. Días después, ya en la prensa, Lizalde aconsejó que se me ninguneara (o sea, escribió “yo le dije a Rousset no vale la pena contestarle”), Rousset desoyó el consejo y me llamó “dogmática” y “religiosa del marxismo”. Yo, desde mi columna, les contesté que Revueltas estaba muy orgulloso de Roberto Escudero y cité sólo dos párrafos, creo que de sus memorias, en que dice tales elogios de Roberto que preferí cortar el texto porque parecía una declaración amorosa. Recuerdo que dice algo así como: llega Roberto y hundimos (el plural es porque están varios amigos en casa de Selma) la mirada en sus profundos ojos negros. Sus ojos tristes y etcétera.

(En el homenaje de Bellas Artes a Revueltas, en 2016, lo defendí de esos ataques, basándome en la muy temprana lectura de Revueltas de los Manuscritos económico filosófico de 1844 y Jaime Labastida, que es Doctor en Filosofía, se encargó de defenderlo en controversia de viva voz con Lizalde).

El esquema de Roberto Escudero

Después del 68, Raúl Álvarez Garín nos convocó a varios para formar la revista Punto Crítico, un proyecto que, al modo leninista, era una revista como núcleo organizador de un partido político. Apenas empezamos a escribir la revista apareció el problema de que los compañeros eran muy buenos reporteros, analistas y agitadores políticos, pero no sabían escribir.

Un buen día, nos estaban esperando a Magdalena, mi hermana, y a mí, Fito (Adolfo Sánchez Rebolledo), entonces director de la revista, y Roberto para que, entre los cuatro, diéramos un curso de redacción. Escudero era el autor del esquema y se impartiría durante “un fin de semana rojo”, es decir, a morir, o lo que es lo mismo, tres jornadas de ocho horas o más. A las cuatro horas, del segundo día, Fito y Roberto se fueron a tomar una cerveza y no los vimos más, pero del esquema de Roberto salió (¡diez años después!) nuestro curso de redacción que escribimos nosotras y Armando Torres-Michúa, por eso lo presentaron El Pino y Alejandro Álvarez, quien con sobrada razón, dijo “este libro es muy 68”.

El grupo José Carlos Mariátegui

Un episodio que no tengo bien documentado, es la historia del legendario grupo José Carlos Mariátegui, el primero, creo, en que militó Escudero. Recuerdo que el oponente de este grupo estudiantil, todo previo al 68, era el de German Dehesa y Cristina Barros Valero. Aunque Roberto una vez nos contó esta historia en una conferencia, nunca me entregó por escrito su testimonio. Tal vez, Armando Bartra, quien también militó ahí, se anime a escribirlo.

Juego de palabras marxista

Una vez le pregunté a Roberto de qué hablaba Revueltas cuando estaba borracho. Esta es palabras más, palabras menos, su respuesta. “Bueno, una vez íbamos los dos borrachos por la calle, de repente me caí, como regla, al piso, y Pepe me dijo “compañero, has tomado el suelo por asalto”. El subtexto es claramente marxista, porque de la Comuna de París, el primer gobierno obrero de la historia, Marx escribió que “había tomado al cielo por asalto”.

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