EL HOMBRE QUE FUE JUEVES, de G. K. Chesterton

Por Juan Antonio Rosado

En las últimas décadas se ha refinado de modo considerable el arte editorial en México. No aludo a editoras trasnacionales, sino a las nacidas en este suelo. Para no ahondar en el tema, me referiré sólo a la Colección Tinta Viva, de Mirlo, dirigida por Alex Laclau Miró y coordinada por la sensibilidad de Jahel Leal Merediz y Juan Pablo Tovar. Recientemente apareció El hombre que fue Jueves, de Chesterton, en una fresca y novedosa traducción de María Luisa Clark. El diseño, a cargo de Mora Diez, es excepcional no sólo porque por fin se les da crédito al traductor y al prologuista en la portada, a diferencia de otras editoriales, que sólo se lo dan al autor, sino también por el efecto sorpresa: si le quitamos la camisa al libro, surge la textura sui generis del cuerpo de papel, sobre el cual va plasmada una verdadera obra de arte por el manejo del color. Uno de los primeros libros de esta colección es precisamente El hombre que fue jueves. Quien haya leído esta obra estará de acuerdo con que debe releerse, no sólo por ser la obra más representativa de Chesterton, sino por ser divertida y profunda a la vez. Sus atmósferas, personajes y situaciones extravagantes van más allá de las intenciones lúdicas, filosóficas o moralizantes. El autor nos conduce por intrincados caminos y, de manera paulatina y paradojal, exhibe su doctrina, inyecta al lector sus ideas y las hace aparecer como verdaderas a través del discurso argumentativo insertado en una narración fluida y amena. Las discusiones revelan toques humorísticos porque el pensamiento elevado no se divorcia de la risa, aunque se exprese la pugna entre bien y mal.

Gregory, el anarquista, desea suprimir al gobierno para “abolir a Dios” porque de hecho él y los suyos han abolido el bien y el mal: para ellos, la virtud y el vicio son distinción arbitraria. El presidente del Consejo Central Anarquista es llamado, por lo general, Domingo. Su primera descripción se asemeja a Chesterton, pero después aparecerá de otras formas. Al igual que un proteico misterio, cada quien lo percibirá de modo distinto, lo que incrementa el enigma y la tensión. Al principio, en el Comité hay siete miembros. Cada uno lleva el nombre de un día. Como murió Jueves, se convoca a una reunión para elegir al sucesor: el detective Syme. El narrador mantiene la tensión mediante elementos de intriga propios de la novela policiaca. Para Alfonso Reyes es, de hecho, “una novela policiaco-metafísica, verdadera sublimación del género”.

Como poeta que se volvió detective, Syme es la afirmación de la vida contra la negación del anarquismo. Se trata de una alegre pugna de dos sistemas de valores. Obra divertida y de reflexión, El hombre que fue Jueves narra aventuras con detectives, espías, disfraces y gafas oscuras; intrigas, sutilezas y aparentes paradojas; tensión, equívocos y persecuciones; el artilugio de ocultarse mediante no ocultarse, el miedo a la muerte y el terror sobrenatural; las transformaciones físicas y morales, un proyecto de atentado con bomba, en fin… Pero ningún elemento es tratado con superficialidad. El lector inteligente lo comprobará al sumergirse en un mundo en que las cosas no son lo que parecen, y donde no puede saberse con certeza quién es amigo y quién enemigo… hasta llegar al final. ¿Y qué mejor que llegar al final en esta hermosa edición? El efecto sorpresa es doble: la trama de la novela y la edición.

  1. K. Chesterton, El hombre que fue Jueves. Traducción de María Luisa Clark. Prólogo de Juan Antonio Rosado Z. Mirlo (Colección Tinta Viva), México, 2016; 190 pp.